«Les queremos en la cárcel», el mensaje de Pablo Iglesias a quienes no piensan como él

No se le puede llamar etarra a Pablo Iglesias. Estrictamente no lo es. Es decir, Pablo Iglesias no ha formado parte de ETA como Otegui, aunque Iglesias se lleve fenomenal con Otegui y aunque Iglesias entre como un amigo a las herriko tabernas. Todos los que vivimos en Navarra o en la CAV sabemos lo que significa poder entrar como un amigo a una herrika taberna: que eres identificado como un aliado. Cualquiera que en cualquier momento pueda haber sido considerado un obstáculo para la violencia de ETA no puede entrar tranquilamente en una herriko taberna, donde lo normal de hecho es encontrar fotos de asesinos decorando las paredes del local. ¿De dónde nace la complicidad política entre Podemos y Bildu? De que ETA nunca atentó contra gente del entorno de la extrema izquierda podemita y de que la gente contra la que sí atentaba ETA era tan odiada por el entorno podemita como por la propia ETA.

Pablo Iglesias es un violento que quiere eliminar a todos lo que discuten sus ideas, metiéndolos en la cárcel en el mejor de los casos. No es que sea una excentricidad de Iglesias. La violencia de Podemos es un hecho contrastado en todos los líderes de la formación. No es casualidad que los líderes podemitas tomen como referentes a las dictaduras de Venezuela y Cuba, o la China de Xi Jinping. En realidad envidian esos régimenes en los que la gente que no piensa como ellos es encarcelada, torturada y eliminada.

En los casos de Cuba o Venezuela, o en la nostalgia de la antigua URSS y la RDA, observamos que la extrema izquierda podemita desea esos regímenes aunque la gente no tenga pan. Que la gente no tenga pan es un precio pequeño a cambio de poder encarcelar a sus rivales. En realidad, hablar de salvar a la gente sólo es una excusa para practicar la violencia contra los que les llevan la contraria. Cuando llegan al poder y pueden meter en la cárcel a quien les molesta, dar de comer a la gente pasa a ser un asunto totalmente secundario. Es más, cuando esta gente llega al poder empieza a haber hambre allí donde lo no lo había.

Ver a Pablo Iglesias hablando con naturalidad de encarcelar a las derechas es una mera prolongación de ver a Belarra aplaudiendo a la manada abertzale de Pamplona o llamando a las hordas más violentas de la extrema izquierda a “reventar” a la gente de derechas en la calle. La excusa es la lucha contra el fascismo, pero a estas alturas todo el mundo puede ver que llaman fascista a todo el que no piensa como ellos y llaman fascista a todo el que no piensa como ellos precisamente para poder reventarlo. Por eso en los regímenes que admiran sólo hay gente que piensa como ellos y gente perseguida o encarcelada.

Si no les importa que la gente pase hambre sino tener el poder para perseguir a quienes les discuten, mucho menos a este tipo de rojipardos les importa la corrupción de sus aliados. No sólo es que los podemitas van a sostener al sanchismo robe lo que robe, sino que si se tercia van a ayudar al sanchismo a dar un golpe blando para que el sanchismo pueda blindarse frente a la justicia. En este caso no es que sea tolerar un mal, como podría considerarse la corrupción, para conseguir un bien que sería el poder. En este caso acabar con la democracia y el estado de derecho e instaurar una dictadura izquierdista lo considerarían un bien. A la vista está la simpatía que les generan los dictadores comunistas de todos los lugares y épocas, u organizaciones terroristas de extrema izquierda como la ETA y el FRAP. Lo dramático podría pensarse que es que el PSOE haya llegado a meter a esta gente en el gobierno y que Iglesias haya sido vicepresidente, pero eso era lo dramático hace algún tiempo. Lo dramático es que ahora es el propio Sánchez el que constituye un peligro para la democracia, porque sus incentivos son salir de esta como imputado o como tirano, y que en esa deriva Sánchez puede contar con todos sus socios no ya para seguir en el poder hasta el verano que viene, sino para la demolición de la democracia.

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