No le quedan muchas más oportunidades a Francia, como a España, para elegir su destino

Este domingo tendrá lugar en Francia la segunda vuelta de las elecciones legislativas y lo único que parece garantizado en este momento es que el resultado, sea cual sea, será divertido. O sea, Francia no va a entrar pase lo que pase en una etapa aburrida de su historia, previsiblemente. De hecho la extrema izquierda y el islamismo ya han empezado a quemar las calles de forma preventiva, por si pierden las elecciones. Todas esas turbas violentas que sólo aceptarán pacíficamente un resultado son sin embargo los que se autocalifican como defensores de la democracia y luchadores contra el fascismo. Los fascistas imaginarios están enfrente y los fascistas de verdad son los que aparecen reflejados cuando los “antifascistas” se miran en el espejo. Poco más o menos lo mismo que sucede en España, por otro lado.

Desde luego se hace preciso subrayar que la alternativa al partido de Marine Le Pen no es la Academia de Platón, sino la ultraizquierda de Melenchón. Conviene recordarlo porque ultraderecha y ultraizquierda son términos que los medios y los partidos utilizan de manera muy desigual. Por cada vez que se pronuncia la palabra “ultraizquierda” se pronuncia diez mil veces la palabra “ultraderecha”, lo cual resulta llamativo porque el único líder político francés que apoya abiertamente regímenes dictatoriales es Melenchón. Sin embargo este devoto de Fidel Castro es el que supuestamente va a defender la democracia francesa con su nuevo Frente Popular.

Bajo el eslogan de frenar a la ultraderecha, que ya vemos que es un comodín internacional para intentar hacer que la gente perpetúe en el poder a la izquierda haga lo que haga la izquierda, de cara a esta segunda vuelta de las elecciones los distintos partidos han calculado sus posibilidades al punto de renunciar a un gran número de candidaturas para no dividir el voto frente a Le Pen. Es decir, puesto que en muchos lugares el escaño se lo lleva el más votado de 3, para no dividir el voto frente al candidato de Le Pen el resto de partidos han retirado las candidaturas del no lepenista menos votado, de modo que la elección sea 1 contra 1 y todos los votos antilepenistas vayan a una sóla candidatura.

Aunque en teoría la estrategia podría funcionar y de hecho las encuestas alejan la posibilidad de una mayoría absoluta de Agrupación Nacional, el problema con esto es que se les pone a muchos electores ante una disyuntiva difícil de abordar. Siempre con las distancias que implican este tipo de comparativas, el partido de Macrón es una especie de Ciudadanos a cuyo votante se le pone ahora en el brete de tener que votar a una especie de Podemos. La situación todavía resulta más peliaguda si hablamos de los votantes de Los Republicanos, el equivalente aproximado del PP en Francia, colocados en la tesitura de tener que votar a una ultraizquierda similar a Podemos para frenar a una supuesta “ultraderecha” con un parecido a VOX.

Por lo que se refiere solamente a los votantes genuinos del Nuevo Frente Popular, el problema para la izquierda es que en la primera vuelta sólo obtuvo el 28% de los votos frente al 33% de Agrupación Nacional. O sea, si todos los demás que no son ni ultraizquierdistas ni votantes de Agrupación Nacional se abstuvieran, estaría clara la victoria de la formación de Le Pen. La pregunta es cuánto voto prestado puede conseguir la ultraizquierda. Sin duda la ventaja de los frentepopulistas, como en España, es su manejo del relato. Electoralmente son ahora minoría, pero su mayoría mediática es en cambio abrumadora.

No se puede descartar que en Francia suceda este domingo lo mismo que pasó el año pasado en fechas parecidas en España. Se están exagerando las posibilidades de victoria de Agrupación Nacional para estimular el miedo a la “ultraderecha” y movilizar el voto de toda la izquierda, o de todo votante no izquierdista dispuesto sin embargo a votar lo que sea antes que dejar que esos supuestos comeniños lleguen por fin al poder, aunque la alternativa sea una coalición de ultraizquierda.

Al igual que en España, el miedo a la “ultraderecha” viene alimentado no sólo por la ultraizquierda sino por políticos y medios conservadores y de derecha que después lamentarán, si sucede lo mismo que en España, haber contribuido a la victoria de la izquierda fomentando su movilización. Exagerar la fuerza de Agrupación Nacional, por otro lado, sirve tanto para movilizar a la izquierda como para desmovilizar a la derecha. La función de algunos medios y encuestas es que el día de las elecciones el votante de izquierdas esté dispuesto a llegar al colegio electoral buceando si es preciso, para frenar a la ultraderecha, pero provocar que el votante de derechas se quede sentado en la butaca de su casa dando la victoria por segura. La victoria de la derecha, aunque posible, es muy difícil e implica que el electorado de la derecha se movilice tanto como el de la izquierda. Implica también que el votante de derechas no lepenista vote con tan pocos complejos como el votante de izquierdas dispuesto a abrazar a Melenchón.

Entretanto uno de los sucesos significativos de las últimas horas ha sido la agresión sufrida por la portavoz del gobierno de Macrón, Prisca Thevenot, mientras hacía campaña, con la particularidad de que el perfil de los agresores parece mucho menos ultraderechista que norteafricano. Son varias las agresiones puntuales que se han vivido durante la campaña pero esta resulta peculiar, porque sucede que Prisca Thevenot es agredida por el colectivo al que apoya y pide el voto contra el partido que precisamente la intenta defender de ese tipo de agresión.

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