La autodeterminación de género es progre, la de especie es facha

Hace unos días casi nadie en España sabía lo que era los “therians”. Ahora la mayoría sigue probablemente sin saberlo, pero el fenómeno ha alcanzado de repente una apreciable notoriedad, tanto por las movilizaciones organizadas y sincronizadas últimamente por los propios “therians” como por la repercusión que les han regalados las redes sociales y los medios. ¿Pero qué son los therians?

Los therians, o teriantropos, son personas que dicen identificarse a nivel psicológico, espiritual o emocional, parcial o totalmente, con uno o más animales. Este animal específico sería su «teriotipo». El término «therian» proviene del griego “therion” (animal, bestia) y anthropos (humano). Los terianos se maquillan, se ponen caretas o imitan la forma de andar o los gestos de su animal de referencia. El fenómeno parece limitarse a una determinada capa de adolescentes y haberse convertido en una especie de moda o tendencia que está molestando mucho a la izquierda. ¿Pero por qué le molesta a la izquierda?

La izquierda nos lleva bombardeando durante años con la idea de que la biología no existe, que todo lo que somos es resultado de la educación y la cultura, que todo es autopercepción. Aplicada esta teoría al ser humano, niega la existencia real de los géneros y exige el reconocimiento de la autodeterminación sexual. Toda la teoría sobre los trans deriva de estas ideas. La izquierda por tanto se ha puesto muy nerviosa al ver emerger el fenómeno de los terianos, porque es un movimiento que se basa exactamente en las mismas ideas sólo que aplicadas a la especie. Igual que puedes tener un cuerpo de hombre, pero ser una mujer, puedes tener un cuerpo de humano pero ser un gato, o sentirte un gato encerrado en un cuerpo de hombre, y hasta exigir que se te reconozca como gato y el derecho a que tu cuerpo sea reasignado en el de un gato.

En realidad la izquierda se ha anticipado a que la derecha diga nada para atacar a los terianos, porque ha comprendido perfectamente que los terianos son algo así como la reductio ad absurdum de la ideología de género. Si las mismas premisas que sostienen la ideología de género conducen al absurdo teriano, es que las premisas de la ideología de género también son absurdas. No tiene sentido que las mismas premisas que son buenas para los trans sean malas para los “therians”. A la izquierda se la ha descompuesto la cara al ver aparecer a los terianos porque ha visto, antes que nadie dijera nada, que se le caía el castillo de naipes argumental.

No es un asunto menor que una cantidad desde luego pequeña pero no despreciable de menores de repente se hayan lanzado en brazos de esta moda ridícula. Una vez más se impone la comparativa con el fenómeno trans, sin necesidad de que la derecha abra la boca. En los últimos años, espoleado por los medios y los políticos, se ha disparado en Occidente, sólo en Occidente, el fenómeno trans entre los menores. No obstante, las cifras indican que el fenómeno trans se ha reducido notablemente después del primer impulso. Es decir, que no era un fenómeno natural sino en buena medida inducido y en el que había una situación de contagio e histeria colectiva. Lamentablemente a muchos niños se les puede haber desgraciado la vida por culpa de este fenómeno. Ahora con los terianos sucede algo parecido. El fenómeno surge donde no lo había, tiene el empuje que se le quiera dar o no dar desde el discurso dominante, igual que la ideología de género, y seguramente dentro de poco tiempo el fenómeno desparecerá tan rápida y sorprendentemente como ha surgido, aunque también es de temer que dejando por el camino algunos niños traumatizados.

A todo esto no es seguramente ajeno el hecho de que vivamos en una sociedad en buena parte vacía, sin valores, sin creencias, reblandecida, decadente, desorientada y débil. La destrucción de la sociedad tradicional no nos está llevando al paraíso prometido sino al caos. En todo esto también tiene algo que ver otra idea fuertemente defendida por el discurso dominante woke como el animalismo. Llevamos décadas humanizando a los animales y animalizando a los humanos, ¿nos sorprende que el resultado sean niños maullando y ladrando? ¿Vamos a sorprendernos tampoco del pendulazo si las alternativas son pendulazo o creerse pez y ahogarse en el río?

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