Hodio tu libertad

¿Qué es el hodio y en qué se diferencia del odio? Desde luego en la ortografía. Introducir adrede una falta ortográfica tan flagrante, provocada para llamar la atención, delata que nos encontramos sobre todo ante una campaña publicitaria. Este gobierno está contra el odio. ¿Con quién estás tú? ¿Con el gobierno o con el odio? Dicho así con el gobierno, ¿cómo vas a estas con el odio? Claro que ya el propio gobierno reconoce que no está contra el odio, sino contra el hodio, ¿es lo mismo con una falta de ortografía o el odio y el hodio son cosas distintas?

En realidad, a lo mejor el odio y el hodio son cosas distintas. La izquierda tiene un problema al cargar contra los bulos, el fango, las fake news y el discurso del odio, y es que nadie practica el discurso del odio, el fango, los bulos y las fake news como lo hace la izquierda. Combatiendo el discurso del odio, por tanto, la izquierda se combate a sí misma. Si el gobierno empieza a perseguir los bulos y las fake news, tendría que empezar por perseguirse a sí mismo. No parece sin embargo que esto sea precisamnte lo que tiene en la cabeza el sanchismo.

¿Cómo puede, por ejemplo, ser Sarah Santaolalla la cabeza visible de esta cruzada gubernamental contra el odio? ¿Hay alguien más odiador y agresivo que Sarah Santaolalla? Para criminalizar a Ayuso y provocar el odio contra ella, Santaolalla viste la camiseta con el 7.291, olvidando todos los demás muertos de la pandemia. A todo el que le lleva la contraria al gobierno, Santaolalla lo llama fascista, al mismo tiempo que apoya que se reviente en las calles a los señalados como fascistas. A los votantes de PP y VOX Santaolalla los llama idiotas. Santaolalla, al margen de lo que te pueda gustar Vito Quiles, se inventa una agresión donde examinando el vídeo de los hechos cualquiera puede ver que no existe en absoluto. Y sin embargo, Santaolalla es el mascarón de proa del gobierno en la lucha contra el hodio. Porque no nos equivoquemos, igual es que hodio no es odio.

Si decimos que el odio está mal, entonces está mal que tú me odies a mí, pero también está mal que yo te odie a ti. El hodio en cambio es otro concepto distinto que permite la asimetría. Hodio es que yo te puedo odiar a ti y eso está bien, pero si me odias tú a mi eso en cambio está mal. El sanchismo por tanto al hablar de hodio está introduciendo un concepto nuevo. Si alguien de derechas odia a alguien de izquierdas eso es odio y hay que combatirlo, pero si alguien de izquierdas odia a la derecha eso en cambio es hodio y hay que aceptarlo y hasta premiarlo. Santaolalla es el ejemplo de esta doble vara de medir, ancha por el lado del hodio y estrecha por el del odio.

Analizar este asunto, por lo que sabemos de las medidas que está implementando Sánchez para luchar contra el odio, exige por lo demás que afinemos un poco. De este modo, todos podríamos consensuar que decir que los negros son inferiores o que hay que meter a los judíos en cámaras de gas es xenofobia, racismo y delito de odio. Pero lo que la izquierda pretende perseguir no es esto, sino el mero hecho de preguntarse si el número de inmigrantes que podemos acoger es infinito, o el mero hecho de pensar si habrá alguna relación entra la cantidad y el tipo de inmigración que podemos asimilar y el aumento de la inseguridad. También es delito de odio preguntarse si la izquierda española en 1936 era pacifista y defendía la democracia, o si existió el terror rojo en el bando republicano. Es odio asimismo cuestionar la ideología de género o dudar de que los asesinatos de mujeres sean terrorismo machista organizado, en vez de crímenes pasionales. En general, es delito de odio pensar cualquier otra cosa que no sea lo que dice la izquierda que hay pensar.

Más allá de las maniobras de Sánchez para recortar la libertad de expresión, es cierto sin embargo que con las redes sociales nos enfrentamos a una nueva era con nuevos desafíos. La información y la desinformación corre a partes iguales a toda velocidad. Ahora todo es mas rápido, la difusión de un bulo pero también su desmentido. Por supuesto también circula mas rápido que nunca la información real. Tenemos mas información real que nunca y más capacidad para desmentir las informaciones falsas que nunca. Pensar que lo único que se difunde rápido son los bulos es ver sólo la mitad de lo que sucede. En realidad el problema no es tanto la información o la desinformación que se publica, sino la actitud pasiva del receptor. Lo que vemos es que mucha gente se aferra a una falsedad incluso aunque ya se haya verificado como tal. Pero entonces el problema no es periodístico o informativo sino psicológico. No somos objetivos. No tenemos problemas para detectar la desinformación del de enfrente, tememos problemas para detectar la desinformación de los nuestros. Quizá no seamos capaces de resolver este problema con facilidad sencillamente porque no somos robots.

En realidad el problema con la desinformación siempre ha sido el mismo, sólo que ahora a más velocidad. La gran cuestión es si consideramos a los receptores de los mensajes como elementos pasivos o activos. Si consideras a las personas como meros receptores pasivos, entonces le tienes que dar la verdad masticada, porque recibe igual la mentira que la verdad, sin criterio alguno, sin capacidad de distinguir. El problema entonces es que no puede haber uno, mucho menos el gobierno, que decida lo que es verdad, porque si miente el que tiene que verificar quedaría cancelada la verdad. No hay ni un ejemplo en la historia en que el poder exclusivo para determinar la verdad lo tenga el gobierno y eso no sea una dictadura. Lo mejor por tanto es un sistema abierto de multivigilancia recíproca como las redes sociales. Eso sí, por un lado quizá tenemos que aprender a vivir con esta novedad y tenemos que acostumbrarnos, cuando recibimos un mensaje, a consultar por nosotros mismos otras fuentes para verificarlo. Si somos meros receptores pasivos de información estamos pidiendo un amo que decida por nosotros lo que es verdad. El que nos trata como meros receptores pasivos de información sin capacidad de distinguir la mentira de la verdad, que por tanto tiene que ser él quien decida lo que podemos saber y lo que no, quiere ser nuestro amo. Nuestro hamo que nos defiende del hodio, para que seamos hesclavos.

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