El anuncio de Junts de que iba a romper definitivamente la relación con el PSOE y que Pedro Sánchez se iba a enterar, volvió a abrir de nuevo por unos días la posibilidad de una moción de censura. Sacar del poder a Pedro Sánchez se ha convertido en una necesidad democrática porque su continuidad en Moncloa pone en peligro el mismo estado de derecho. Sánchez se está dedicando a demoler la separación de poderes, la independencia judicial, la libertad de prensa y todos los contrapesos democráticos para mantenerse en el gobierno. El riesgo no es ya sólo tener en el poder a un corrupto, sino tener en el poder a un tirano.

Cercado por la corrupción de su entorno, a Sánchez no le está temblando el pulso para usar el poder como herramienta de su defensa particular. Si Sánchez fuera culpable de todo lo que se puede sospechar de él, y además no tuviera escrúpulos para conseguir su impunidad como fuera, estaría haciendo justo lo que observamos en estos momentos: colonizar el Tribunal Constitucional, colonizar la Fiscalía, colonizar los medios públicos, colonizar el Banco de España, colonizar el INE, colonizar el CIS, colonizar la Justicia (Ley Bolaños), colonizar el IBEX, colonizar la Policía y la Guardia Civil, colonizar el Ejército, encargar a una fontanera de las cloacas destruir a los periodistas, jueces y fiscales desafectos, y además reformar las leyes para blindar a su mujer (Ley Begoña), a su hermano, a sus subordinados, a sus socios, y en último término también a sí mismo. Es por esto que en los países serios los presidentes dimiten ante la sospecha de casos de corrupción semejantes. Se trata por un lado de evitar que toda la acción de gobierno se encuentre bajo sospecha, pero sobre todo de evitar que alguien que fuera culpable pudiera usar todo su poder para bunkerizarse en el gobierno o incluso para derivar en busca de la impunidad hacia algún tipo de régimen autoritario. Es muy perverso tener en el gobierno a una persona cuyos incentivos pueden ser ir a la cárcel o mentener el poder como sea. A causa de ello sacar a Sánchez de Moncloa es una absoluta urgencia democrática para España, no sólo una urgencia política.

Sacar a Sánchez del poder ni siquiera implica convocar elecciones o dejar que gobierne la derecha, como repite la izquierda para justificar el atrincheramiento de Sánchez en la Moncloa. Como acabamos de ver con Mazón, el presidente puede dimitir y ser nombrado otro presidente por el Parlamento. Impedir que la derecha llegue al poder es por tanto sólo una excusa, porque Sánchez podría dejar el poder y el bloque sanchista elegir otro presidente. Otra cosa es que el PSOE ya no fuera capaz de mantener alrededor de otro candidato la mayoría que le llevó a la investidura. Pero si ya no tiene esa mayoría, mayor motivo en términos democráticos para convocar elecciones, porque habría perdido su legitimidad electoral. Convocar elecciones, por otro lado, no es entregar el poder a la derecha sino al pueblo español, para que determine si quiere un cambio político o no.

Más allá de los planteamientos éticos y políticos alrededor de este escenario, tenemos una cuestión de orden práctico que merece ser analizada con preocupación. ¿Queremos que el PSOE organice las próximas elecciones? Es decir, estamos hablando de sacar a Sánchez de la Moncloa porque este personaje es una amenaza para la democracia, ¿queremos ir a unas elecciones organizadas por un personaje que es una amenaza para la democracia?

No se trata de caer en la paranoia. El sistema electoral español garantiza tanto como es posible la limpieza del recuento, pero ningún sistema es perfecto. ¿Acaso creemos que Pedro Sánchez convocó unas elecciones en plenas vacaciones de verano, sabiendo que así dispararía el voto por correo, por pura casualidad? ¿Alguien piensa, incluso asumiendo la limpieza y legalidad de todo, que no había en ello alguna intención? Convocar elecciones en esa fecha pudo tener muchas causas y buscar muchos efectos. Por otro lado, ¿tiene la misma seguridad, garantía de custodia y trazabilidad hasta llegar a la urna el voto por correo que el voto presencial? ¿Tiene el mismo perfil electoral que el resto la persona que se va de vacaciones en verano lejos de su domicilio y a la que se obliga a votar por correo, o hay un sesgo del que pudo aprovecharse el gobierno? ¿Todo el papeleo para votar por correo, las personas que se quedaron sin votar, las zonas y barrios en que las papeletas para poder votar llegaron con más o menos antelación y eficacia, es casual? ¿Pudo tener todo esto algo que ver en el resultado final? ¿Por qué tenemos que vivir en la sospecha de cara a las próximas elecciones?

La clase de personaje que podría tramar algo para conseguir como fuera un resultado electoral, ¿no sería precisamente la clase de personaje que sospechamos que es Sánchez? ¿Cuántos cientos de asesores tiene Sánchez, con todo el poder del estado detrás, pensando en este momento cómo asegurarse como sea la reelección? Si no para otra cosa, Pedro Sánchez está sirviendo para que tomemos conciencia de lo importante que son los contrapoderes en un estado y lo delicada que es la democracia y la libertad.

Presentar una moción de censura sería la única forma no ya de sacar a Sánchez del poder, sino de garantizar que no es Sánchez el que organiza las próximas elecciones. ¿Por qué el CIS publica unas encuestas que, frente a todo el resto de encuestas, permitirían a Sánchez volver a soñar con la victoria? ¿Acaso se trata de, ante un resultado totalmente inesperado que de nuevo le diera la victoria a Sánchez, tener al menos la encuesta del CIS para poder darle alguna credibilidad? Evidentemente el problema para poder presentar una moción de censura es la necesidad de contar con los votos de Junts. Ya hemos visto con la votación contra las nucleares y el espaldarazo a la amnistía del abogado general de la UE que Junts es al mismo tiempo, da igual lo que diga (lo que hablan son los hechos), beneficiario y prisionero del muro sanchista. Los partidos de la oposición, sin embargo, no debieran dejar de considerar lo importante que sería, si de algún modo se abriera esa posibilidad en algún momento, una moción de censura no ya simplemente para sacar del poder a Sánchez, sino para evitar toda sospecha o ventaja, no dejando que sea el PSOE el que organice las próximas elecciones.