Lo que está sucediendo en Venezuela es complicado, no hay que ser un genio para verlo. Desmantelar la dictadura chavista, en el mejor de los casos, será un proceso delicado y costoso. La dictadura chavista se sostiene sobre el control del ejército. Los militones son los auténticos señores del sistema. No puede ser de otro modo porque lo único que sostiene al chavismo en el poder es la fuerza, no el apoyo del pueblo. ¿Cómo puede desmantelarse el control del ejército chavista? Chavista por llamarlo de algún modo, porque la jerarquía del ejército venezolano funciona más bien como un cártel de la droga. Sea como sea, el chavismo no iba a caer ni por su propio peso ni recitando poesía. Era precisa una acción de fuerza. Una fuerza que necesariamente tenía que ser externa, porque dentro de Venezuela la fuerza de las armas la tiene el chavismo. En este sentido, sin embargo, lo cierto es que Trump ha aplicado una fuerza quirúrgica y mínima. Digamos que ha llevado a cabo el mínimo acto necesario para desequilibrar y hacer caer al chavismo. En el otro extremo de la escala la intervención habría consistido en una ocupación masiva con tropas sobre el terreno. Una actuación de este tipo efectivamente hubiera hecho caer al régimen y hubiera podido colocar de inmediato a María Corina Machado en el poder, pero por un lado hubiera exigido la presencia de decenas de miles de soldados estadounidenses sobre el terreno, bajas y la posibilidad de enfrentamientos y formación de guerrillas en un país con una jungla comparable a la de Vietnam. En vez de eso Trump ha optado por la mínima intervención.
La transición teledirigida de Trump: 18 meses, triunvirato estadounidense y elecciones en Venezuela al final de la ruta https://t.co/Tc5vAVaRLC
— EL MUNDO (@elmundoes) January 6, 2026
Es fácil criticar a Trump sin tener en cuenta cuáles eran las alternativas reales, incluida la de dejar al sanguinario chavismo instalado en el poder para siempre, para satisfacción de algunos, negocio de otros y concordancia al parecer a su peculiar interpretación del derecho internacional. La caída de Maduro no es el final ni el inicio de un proceso, pero es un punto en un proceso. No es el punto final porque habrá que ver cómo evoluciona la situación y si la extracción de Maduro es suficiente para ir consiguiendo una transición a la democracia y un cambio real. No es seguramente tampoco el punto de inicio de ese proceso porque, con bastante probabilidad, los estadounidenses ya habrían tanteado a quienes están sucediendo a Maduro respecto a los pasos que después se podrían tomar. Es más, cabe sospechar que quienes están sucediendo a Maduro han podido colaborar con los estadounidenses en su propia destitución.
Si el Derecho internacional no puede evitar que yo sea torturado en una celda del Helicoide, pero sí protege a Maduro para que pueda seguir torturándome en el Helicoide, el Derecho internacional no sólo no me sirve de nada, sino que me está jodiendo.
— Cristian Campos (@crpandemonium) January 5, 2026
El dinero y el derecho son dos aspectos a considerar. Por lo que se refiere al dinero, la operación contra Maduro tiene un enorme coste para el contribuyente estadounidense. Para hacer posible la detención de Maduro se han tenido que habilitar, equipar y actualizar diversas bases aéreas en los alrededores de Venezuela. Se ha tenido que desplegar una enorme flota y se ha tenido que hacer uso extensivo de los medios de la fuerza aérea, no ya sólo para ejecutar la operación sino para prepararla, localizando y tanteando durante meses las defensas que después serían eliminadas. Hablamos de costes enormes. ¿Es totalmente disparatado que Trump busque una compensación para que esa carga no recaiga en su totalidad sobre el contribuyente estadounidense? Dejemos el interrogante en el aire. Desde luego, como en Iraq, no parece que el petróleo justifique el balance de una operación de este tipo.
Por lo que se refiere al derecho, cabría preguntarse si aquí nos encontramos ante un acto en contra del derecho o en ausencia de derecho. Es decir, en el mundo real el derecho internacional es una entelequia. No existe, puede que por suerte, un código penal internacional unificado, ni una justicia global unificada, ni una policía internacional. Si existiera un derecho de este tipo, es el régimen chavista el que debiera haber sido desmantelado en aplicación del derecho internacional. Obviamente no cabía presentar una denuncia ante una policía internacional para acabar con la dictadura chavista. No existe una justicia internacional o una policía internacional que impida la existencia de dictaduras. Por tanto no hay una policía, una justicia o un derecho que se pueda invocar para acabar con el chavismo. La operación contra Maduro por consiguiente no tiene lugar tanto contra el derecho, como está cacareando la izquierda, como en ausencia de derecho. No se puede acusar a Trump de haber actuado en vez de haber llamado a la policía internacional porque no existe tal policía. La alternativa era haber seguido dejando al chavismo imponerse a sus anchas no amparado por el derecho sino atropellando el derecho. No existía como de facto pretende la izquierda el derecho a ser dictador de Maduro.
Delcy Rodríguez coaccionó a Edmundo González y le obligó a firmar en la Embajada de España un documento en el que reconocía la «victoria» chavistahttps://t.co/I6isB7ZNkn
— LA GACETA (@gaceta_es) September 19, 2024
Zapatero ha reconocido que medió con Edmundo González: «Participé en la tarea de facilitación para su venida a España. Mi forma de ayudar es a través del diálogo».
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) September 24, 2024
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Llegamos así al paradójico proceder del sanchismo respecto al problema de Venezuela. En realidad, si lo analizamos un poco, lo que hizo Pedro Sánchez, Zapatero mediante, es una operación exterior inversa a la que ha llevado a cabo Trump. En vez de intervenir para sacar de Venezuela al tirano, lo que hicieron Sánchez y compañía fue intervenir para dejar en el poder al tirano y sacar de Venezuela al presidente legítimo, Edmundo González. El sanchismo es el mundo al revés, el derecho al revés, la justicia y la democracia al revés. Entre sacar de Venezuela al tirano o al presidente legítimo el sanchismo eligió lo segundo. No apostar por lo primero aboca por otro lado al segundo escenario. ¿Qué quieren ahora, volver a llevar en helicóptero a Maduro de nuevo a su sillón? Ese capítulo ya está cerrado. Estamos en otro capítulo. Un capítulo que aún no podemos leer ni juzgar porque todavía se está escribiendo.