Ni mayor sumisión a la opresión sanchista ni sonrisas en el «kilómetro sur» llamado Andalucía

En el día de ayer, 17 de mayo, los andaluces fueron llamados a las urnas para renovar la composición de su cámara legislativa autonómica, con vistas a los próximos cuatro años. No se trató de ningún adelanto, sino de un comicio dentro de su correspondiente ciclo.

El avance del escrutinio no enmendó a la plana los trabajos demoscópicos previos, pero tampoco las expectativas que pudiéramos tener algunos. Para empezar, esa representación mafiosa llamada PSOE no consiguió recuperarse ni revalidar nada, ya fuera en relación a la representatividad en legislaturas anteriores o a la actual «gestión» en el Palacio de la Moncloa.

La nostalgia en base al zapaterismo a sueldo del narcocomunismo venezolano y a la créme de la créme del mayor caso de corrupción en España (con fondos que, en teoría, no se debían de invertir en gustos sexuales bajo alteración química de ciertos politicastros) no ha funcionado. Tampoco la euforia constante de quienes extienden demasiado las acepciones del concepto de «accidente laboral» o creen, bajo el vocativo «chiqui», que el gasto presupuestario millonario es poca cosa. Simplemente han de dar gracias por no haber perdido suficientes forofos en 2026.

De hecho, la existencia de alternativas de extrema izquierda cuyos cabezas pudieron tener experiencia con el espíritu del 15M y los mentores de cierta universidad pública madrileña (amparados por las mafias del Grupo de la Puebla, del Foro de Sao Paulo) no han servido para nada más allá de evitar que «más rojillos» votasen en blanco o se abstuvieran (ya que a la «derecha» no iban a votar). Dicen ser andalucistas pero solo le hacen el juego al nihilismo y a la dilución cultural, haciendo pinza con el Islam y con el espíritu de Blas Infante.

Con lo cual, no se ha recuperado ninguna mayoría parlamentaria para todo aquello que está a la izquierda de la «centralidad sosegada y consciente del centro-izquierdismo andaluz», lo cual sigue siendo un buen trauma en un histórico feudo del socialismo. Ahora bien, tampoco parece que se haya alcanzado un potente consenso a favor de la «moderación con el corazón asín de ancho» (del mismo modo que no se ha enmendado a la plana cualquier contribución al camino de servidumbre estatista), pese a su mejora en «votos absolutos».

Esos que abogan por «no enfadar al rojerío» y por ser lo «más políticamente correctos que se pueda» no han logrado convencer a una proporción mayor de andaluces. Mantener las dimensiones del entramado político del PSOE (aparte de subvencionar a los sindicatos), mejorar las leyes ideológicas contra la familia y la vida (por ejemplo, con la «ambulancia móvil de la eutanasia») y abogar por regularizar a tantos inmigrantes ilegales como sea posible, sin preocuparse por el colapso de los servicios estatales y la seguridad, son facetas que no han convencido.

De ahí que la derecha de VOX haya mejorado su representación. Es cierto que, pese a no perderse el factor decisivo, no ha sido una subida muy potente. Posiblemente haya que esperar a que los niveles de tensión no solo se asemejen a los de Cataluña, sino directamente a los de Francia, Alemania, Bélgica y Dinamarca. Pero los lugares andaluces donde VOX ha mejorado no han sido necesariamente donde se talan más olivos o se tienen mejores procesiones de Semana Santa.

La provincia de Almería, la menos andaluza y socialista, no solo destaca por una minoría de la izquierda parlamentaria y electoral. En esta división geográfica hay una tasa mayor de invasión migratoria musulmana con respecto al resto de Andalucía. En su momento, la recolección de cítricos atrajo a trabajadores extracomunitarios que han fomentado la consolidación de «guetos» y disparado la criminalidad (robos con fuerza y atentados contra la integridad sexual) en determinados barrios de Almería así como en localidades como El Ejido y Roquetas de Mar. De hecho, casi un 30% de los nuevos nacimientos se dan en familias musulmanas.

Buena parte de las «pateras» (embarcaciones ilegales) llegan a la costa almeriense (si se habla de la Comunidad Autónoma de Andalucía), sin que haya una protección adecuada de las fronteras marítimos (más bien se encuentran con la falta de medias y con la complicidad ideologizada de la Cruz Roja, que tiene a día de hoy un interés mayor en fomentar el efecto llamada junto a las administraciones estatales, junto a otras «oenegés» favorables al tráfico de personas).

De hecho, otro lugar de Andalucía donde ha habido resultados significativos ha sido Algeciras (Cádiz). Este municipio costero no solo sufre invasiones de pateras, sino que es el principal hub del narcotráfico en España, en el que la seguridad policial es mucho más que un deporte de riesgo. Las narcolanchas tienen mucha facilidad, incluso para asesinar a agentes de la Benemérita sin la suficiente seguridad jurídica para defenderse por medio del plomo inmediato.

En cuanto a la Costa del Sol, es cierto que Marbella es un centro de referencia para distintas mafias criminales (una de ellas es la Mocro Maffia) y que la inseguridad «multicultural» ha tendido a empeorar en la metrópoli malagueña y en otros focos costeros. Pero también hay que decir que esta zona metropolitana y turística dista mucho del concepto de feudo socialista. Además, es sugerente que VOX se haya quedado a pocos votos de consolidarse como segunda fuerza en Torremolinos, principal bastión del lobby LGTBI en todo el sur de España.

De hecho, hay una pequeña proporción de andaluces que, buscando respuesta a problemas de esta índole, valora otras opciones que compiten en el espacio de la derecha. Este es el caso de Se Acabó la Fiesta (SALF), que en sí no debería de suponer ningún problema. En otros países de Europa hay varios competidores a la derecha, como ocurre en Reino Unido con Restore Britain (que pretende presionar más que Reform respecto a la remigración), en Italia con la escisión de la Liga Norte (que aspira a cuestionar el centrismo de Meloni) y en Polonia con la adicional «Confederación» de corte monárquico y liderada por Grzegorz Braun (la cual impidió que el lobby LGTBI asaltase el Palacio Presidencial de Varsovia).

El problema es que la también conocida como «formación de las ardillas» no tiene una línea política complementaria. Su campaña no ha sido relevante, pero es que además, donde ya tiene representación, ha defraudado a muchos. No se ha aprovechado la llamada «inmunidad parlamentaria» para sacar a la luz todos los entresijos y trapos sucios de las cloacas del PSOE y del PP. Además, se vota a favor de compromisos de agendas globales de corte abortista. Ergo, más allá de generar estímulos constructivos en VOX, solo contribuye a aprovechar la Ley Electoral para beneficiar en escaños al bipartidismo clásico.

En cualquier caso, sin bajar la guardia, como dijese anoche el líder de la oposición Santiago Abascal, ante el mafioso gobierno corrupto de Moncloa (cuya caída urge), hay que celebrar que la llave de la gobernabilidad en Andalucía no esté en el ego sonriente y sosegado. No hay que apostar todo a la famosa vaca del Valle de los Pedroches. Hay que renunciar a la idea del «corazón asín de ancho», en pro de nuestra seguridad, nuestra libertad y nuestra salud financiera. Sí, lo que ahora denominan «prioridad nacional«.

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