Hay noticias que a veces da la impresión de que no reciben toda la atención que merecen. Ayer mismo, por ejemplo, El Debate publicaba una información exclusiva de Alejandro Entrambasaguas revelando un hecho notoriamente escandaloso. Moncloa agradeció en nombre de Sánchez a dos empresas del Ibex sus aportaciones económicas a las causas promovidas por Begoña Gómez.
El mecanismo descrito por El Debate resulta ya de por sí llamativo. Según refiere este medio, citando el caso de dos empresas del Ibex, sonaba el teléfono y al otro lado una voz se presentaba con la fórmula: “Le llamo de Presidencia del Gobierno”. Esta forma de presentar la llamada no resulta inocente, porque transmite una impresión muy diferente de la que obtendría una llamada de parte de la mujer del presidente, al margen de la presidencia y en nombre exclusivamente de la mujer del presidente. El mensaje que se transmitía a continuación era que la esposa del presidente quería dinero para unos proyectos sobre los que les iba a dar información: “va a recibir una propuesta de reunión con Begoña Gómez, la mujer del presidente. Tiene mucho interés en mostrar sus proyectos por si quisiera participar”.
Cuando llegaban esos encuentros, Begoña Gómez explicaba sus proyectos mediante una pequeña sesión con diapositivas, tras lo que se informaba a las empresas de las aportaciones que podían llevar a cabo, siempre en cantidades inferiores a los 100.000 euros. El Debate señala que la cifra no era casual, ya que en grandes empresas los pagos inferiores a esa cantidad suelen quedar fuera del radar de los controles internos de compliance, diseñados para detectar operaciones sospechosas.
Después de la reunión, los empresarios recibían una llamada desde Moncloa en la que se les trasladaba un mensaje de gratitud: “Queremos agradecerle que haya recibido a la señora Gómez y el interés mostrado en su proyecto”. A lo que se añadía: “El presidente ha tomado conocimiento de la colaboración que van a realizar y quiere agradecer la sensibilidad que ha demostrado”.
La información resulta extremadamente escandalosa por múltiples motivos. Ya de por sí es inaceptable que la mujer del presidente del gobierno se dedique a captar fondos para terceros, a veces fondos del propio gobierno, pero es que además todo lo reseñado indica que la presidencia se implicaba en esa captación de fondos, primero para llamar a las empresas en nombre de presidencia y después para agradecerles el pago en nombre del presidente. Si la mujer del presidente no se puede dedicar a captar fondos desde su posición, mucho menos el presidente. Esto es la antesala de la corrupción si no es ya corrupción. No se puede institucionalizar una situación que, como poco, deja abiertas las puertas de par en par a la tentación.
El diccionario de la RAE aporta además una notable preocupación a este caso. Según la RAE, “agradecer” la aportación como hace Sánchez por el dinero entregado a la causa de su mujer es “sentir gratitud”, y “gratitud” se define como el “Sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra le ha hecho o ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera”.
¿Hace falta explicar que el presidente del gobierno no puede ponerse en situación de tener que estar obligado a corresponder de alguna manera el beneficio que una empresa ha prestado a una causa promovida por su mujer?
Las causas promovidas por Begoña Gómez, ¿no quedan a su vez obligadas con Begoña Gómez (y acaso con Pedro Sánchez) a corresponder futuramente el beneficio obtenido gracias a Begoña Gómez como esposa del presidente?
Por otro lado, ¿cómo categorizar los favores reclamados desde una posición de superioridad? El gobierno puede pedir el cumplimiento de la ley y de los deberes legales, pero no puede pedir favores, por lo mismo que un jefe o alguien en una situación de superioridad no puede pedir un favor. Para que no quepa la duda de si el favor es optativo o si negarlo supondrá algún tipo de represalia, de entrada no pueden normalizarse ese tipo de peticiones.
Que podamos siquiera tener estas dudas ya resulta indicativo de una situación inapropiada, haya dado lugar esta a algo ilegal o no. Por supuesto todo lo sucedido bajo este esquema de cosas tendrá que ser investigado. Ni la justicia lo puede dejar de investigar, ni el marido de la investigada, mucho menos siendo presidente, es precisamente el más indicado para ser quien decida si hay que investigar o no. En una democracia se puede investigar a la mujer del presidente y el presidente tiene que colaborar, no presionar para detener la investigación o llamar prevaricador al juez que investiga. Si el presidente en vez de colaborar presiona para descalificar al juez y parar la investigación, o su partido se dedica a la «fontanería», se acentúan las dudas sobre su actuación en el caso de su mujer. Sólo falta para rematar la máxima inquietud que todo el entorno más próximo del presidente, en términos políticos y familiares, ya se encuentre manchado por la evidencia de otros muchos casos de corrupción.
Un comentario
¿Se acuerdan cuando en un debate electoral Pedro Sánchez le dijo a Rajao que era un hombre indecente? Jo jo jo, ¡Menudo puto jeta!