Cuanto más culpable sea, menos puede marcharse

Estamos perdiendo el foco cuando nos preguntamos cómo puede aguantar Sánchez pese a todos los casos que van saliendo y pese a todos sus lugartenientes que van cayendo. Es justo al contrario. Cuanto más culpable sea Sánchez, cuanto más esté implicado, menos puede marcharse. Su única baza siendo culpable sería huir hacia delante, pero desde el poder. Sólo permanecer en el poder podría otorgarle alguna oprtunidad, o al menos tiempo. Desde el poder, además, Sánchez tiene dos caminos. Usar el poder para defenderse digamos que dentro de la legalidad, usando la Fiscalía o los medios de comunicación públicos a su servicio, pero también en un momento dado Sánchez podría abusar del poder yendo mucho más allá de lo que le permite la legalidad, dando una patada al tablero, determinando de hecho desde el gobierno lo que es la legalidad. ¿Qué podría estar dispuesto a hacer alguien desde el poder si con 50 años se enfrentara a peticiones de cárcel de 25 años? ¿Hasta dónde podría intentar llegar para evitar ese escenario? ¿Qué tendría ya que perder? ¿Hasta qué abismo nos podría arrastrar? Es por ello que en los países civilizados los gobernantes dimiten por responsabilidad política cuando se ven involucrados en casos mucho más leves que los que ahora rodean a Sánchez. No sólo es una cuestión de imagen e higiene democrática, es también una cuestión de evitar un escenario diabólico, un escenario en el que las alternativas de un gobernante sean ir 25 años a la cárcel o dar un autogolpe.

No sólo es que Sánchez no esté actuando como lo haría un gobernante homologable en una democracia desarrollada, es que está actuando, lo sea o no, como lo haría un culpable dispuesto a dar un golpe de estado blando para esquivar sus responsabilidades en los tribunales. De entrada, Sánchez tiene a todos sus terminales mediáticos pidiéndole que de ese golpe de estado blando. Y todas esas terminales mediáticas, ¿de quién dependen? No pones a todos tus teleñecos a reclamar un golpe blando si no estás dispuesto a darlo. Sánchez parece querer polarizar a los españoles cuanto pueda para así poder encontrar el mayor respaldo a una acción extrema en su lado del muro. Si no estamos en este peligroso escenario, estamos por lo menos en la apariencia de ese escenario, en un escenario cuya apariencia no desmiente esa posibilidad. En realidad ya sólo esto es terrorífico. Obviamente Sánchez todavía no está directamente imputado por nada, pero todo lo que hace o no hace es lo que haría o no haría alguien que efectivamente estuviera salpicado por todos los casos que le rodean. Esto es por tanto el único tema y lo único sobre lo que va a pivotar todo el resto de su legislatura, sea eso el tiempo que sea: si todos los que estaban bajo su mando eran piratas sin que él lo supiera o si él es el jefe de los piratas. Salvo un loco o el jefe de los piratas nadie estiraría una legislatura bajo estas premisas.

Algún día no obstante caerá Sánchez, sea como sea y suceda más pronto o suceda más tarde. La pregunta entonces es qué pasará con todos sus lacayos y monigotes. Es decir, Sánchez se ha rodeado de un ejército de presentadores, humoristas y tertulianos que actúan completamente a su dictado. Es el famoso y carísimo equipo olímpico de opinión sincronizada, que todos pagamos. Si un día Sánchez dice que algo es inconstitucional, pues es inconstitucional, y nadie en el equipo dice que pueda ser constitucional. Si al día siguiente Sánchez dice sin embargo que eso mismo es absolutamente constitucional, pues es constitucional y nadie en el equipo dice que pueda ser inconstitucional. Si Sánchez dice que todo lo de Abalos y Cerdán es un bulo de la extrema derecha y una cacería fascista, pues todo lo de Abalos y Cerdán es un bulo y punto pelota. Nadie en el coro de cacatúas sincronizadas dice otra cosa. Si de repente Sánchez dice que los jueces que persiguen la corrupción del PSOE son todos unos golpistas, a llamar golpistas a los jueces todo el equipo.

Pero no llamenos a los coristas presentadores, periodistas, humoristas o tertulianos. Son meramente lacayos, y dentro de la categoría de lacayos simlemente habría subcategorías de lacayos presentadores, lacayos periodistas, lacayos humoristas, etc. El que sólo puede pensar lo mismo que el jefe, e incluso cuando el jefe cambia de opinión cambia también él de opinión de forma perfectamente sincronizada con el jefe, es un lacayo. El criterio con el que Sánchez ha elegido a toda la gente que le rodea para todos los cargos que ha colonizado en todos los organismos que pueden depender del gobierno es exactamente el nivel de lacayismo.

Lo que en el sanchismo cualifica a alguien para un puesto es la disposición acrítica a seguir lo que diga Sánchez al paso de la oca. Sin esta disposición una persona no tiene la cualidad esencial para ocupar un puesto con Sánnchez. Si además tiene o no algún tipo de cualificación es irrelevante, porque el criterio es hacer y defender lo que diga Sánchez. Lo único que puede hacer la cualificación de alguien para un puesto en el sanchismo es de hecho estorbar esa disposición a la obediencia absoluta. Casi mejor de hecho ostentar una falta de cualificación santaolallana para el puesto que sea. Por esto mismo tampoco se pueden esperar movimientos por este lado. ¿Qué tiene que pasar para la gente que defiende a Sánchez cambie de postura? La pregunta es tan absurda como la inicial de qué tiene que pasar para que Sánchez deje de intentar aguantar como sea. Mucho se habría equivocado Sánchez eligiendo a sus teleñecos y poco les habría pagado si de repente empezaran a cuestionarlo. Y cuanto más pringado pueda estar Sánchez en las andanzas de su entorno, más improbable es que siga otro camino que el de intentar aguantar en el poder como sea. Para asumir su responsabilidad política, salvaguardar la integridad de las instituciones y destruir la apariencia de que puede ser culpable, un presidente homologable en términos políticos y democráticos habría dimitido hace tiempo.

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2 respuestas

  1. Junto a todo lo comentado, muy acertado por cierto, uno se pregunta: ¿y los partidos que le respaldan? ¿y los supuestos organismos de control del PSOE? ¿y los afiliados? ¿y los votantes? Todos callados y, por tanto, también cómplices necesarios para encubrir al “líder”.

  2. Es el típico modus operandi del socialismo mafioso, y por lo tanto de la izquierda desde sus comienzos. Arrimarse la pandilla de inútiles al jefe, ofreciendo su lealtad a cambio de status y un montón de dinero, de ahí la ruina a la que lleva esta ideología a los países que lo sufren. Ruina para todos, y enriquecimiento rápido para sus jerifaltes. De hecho, allá en la República Dominicana, hay bastantes respuestas a las preguntas que nos hacemos aquí: Zapatero, Bono, Felipe y toda esa piara de gentuza que han llevado al país a la ruina moral, ética, económica y a la mayor insignificancia; todo ello patrocinado por sus fieles votantes, inútiles mezquinos, envidiosos en definición perfecta, esperando que les lleguen unas migajas en forma de ayuda, paga o subvención por apoyar el mayor de los errores de la Humanidad.

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