Ante todo lo que sucede, ¿no pueden la izquierda y la derecha consensuar un gran plan de regeneración nacional?

A ninguno nos gusta la corrupción. Sucede sin embargo que la izquierda vigila celosamente la corrupción de la derecha y la derecha vigila celosamente la corrupción de la izquierda. Otra cosa es que la izquierda vigile celosamente la corrupción de la propia izquierda y viceversa. Se supone sin embargo que todos estamos en contra de la corrupción, que todos entendemos que de un modo u otro la corrupción sale de nuestros bolsillos, que añade a todo un sobrecoste, que corrompe los criterios de adjudicación de una compra o de una obra, como el precio o la calidad, y que el dinero que se lleva la corrupción deja de ir adonde tiene que ir. A todos en definitiva al margen de nuestras ideas nos perjudica la corrupción, toda la corrupción.

A la luz de los acontecimientos, salta a la vista que tendríamos un problema si fueran la izquierda y sus medios quienes tuvieran que denunciar la corrupción de la izquierda y viceversa. Hasta caerse con todo el equipo gracias al trabajo de la UCO, la izquierda y sus medios aseguraban que era todo mentira, que era todo fango, que no se trataba más que de bulos; es más, que había que perseguir implacablemente a todos los que propagaban esos bulos. Ahora en cambio se revela que todo lo que decían los medios que no eran de izquierda era verdad y que eran los medios de izquierda los que estaban cerrando los ojos y negando a sus lectores toda la información. Apañados estábamos si los partidos sanchistas hubieran conseguido amordazar a todos los medios de información críticos con su labor.

Lo mismo podemos decir respecto a la labor de la Justicia o la labor de la Guardia Civil. En una coyuntura como la actual, es preciso que los españoles seamos conscientes de que si se está pudiendo investigar la corrupción del gobierno es sólo porque los fontaneros de Ferraz no consiguieron “matar” al jefe de la UCO y porque existe todavía una parte de la Justicia que no está colonizada por el gobierno. Debemos poner por tanto muy en valor tanto la independencia de la Justicia como la independencia de la labor policial, además de la libertad de expresión.

Si no para otra cosa, esta crisis debería servirnos a los españoles para consensuar un programa de regeneración nacional. Si hasta ahora no nos habíamos dado cuenta, en este momento podemos entender claramente lo importantes que son, gobierne la derecha o gobierne la izquierda, la libertad de prensa, la independencia de las fuerzas de seguridad del estado y la imparcialidad judicial. Los españoles que son de derechas, ¿quieren una justicia, unos medios y una policía colonizados por el gobierno cuando la izquierda esté en el poder? Los españoles que son de izquierdas, ¿quieren una justicia, unos medios y una policía colonizados por el gobierno cuando la derecha esté en el poder? Está claro que a todos nos interesa limitar el poder absoluto del gobierno, incluso cuando gobiernan “los nuestros”, no digamos cuando gobiernan los otros. Está claro que la división de poderes y la libertad de prensa se encuentran en este momento bajo el bombardeo de una auténtica ofensiva sanchista. Está claro que que nos estamos salvando de un golpe de estado blando, esperemos estar todavía a tiempo de ello, gracias a que la división de poderes ya antes del sanchismo andaba muy malparada, pero que todavía conservaba su esencia. En consecuencia, o esta crisis no nos sirve para aprender nada y nos aboca a un futuro en que el gobierno, sea de derechas o izquierdas, tenga un poder absoluto, o por el contrario nos ofrece una estupenda posibilidad de consensuar unas reformas que refuercen los contrapesos al poder del gobierno que están funcionando, que blinden la libertad de prensa, que despoliticen la Justicia y que en definitiva nos garanticen la libertad a todos, sea cual sea el signo del ejecutivo que está gobernando. Si por otro lado la izquierda no quiere, la derecha tiene la oportunidad de congregar una enorme mayoría proponiendo en solitario como programa electoral un gran plan de regeneración nacional.

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