Además del palacete en París y el Guernica, el PNV quiere ahora también el Condado de Treviño

El Condado de Treviño es un enclave histórico de la provincia de Burgos (Castilla y León) completamente rodeado por territorio de Álava (País Vasco). Es uno de los enclaves más curiosos de España con origen medieval.

La villa de Treviño fue fundada en 1161 por el rey de Navarra Sancho VI el Sabio como una plaza fortificada en la frontera con Castilla. En el año 1200, el rey castellano Alfonso VIII conquistó la zona tras derrotar a los navarros y la incorporó definitivamente al Reino de Castilla. Desde entonces, Treviño se mantuvo como territorio de realengo (bajo control directo del rey) o como señorío. En 1366 pasó a la familia Manrique de Lara, y en 1453 se creó el título de Conde de Treviño.

A diferencia del resto de Álava (que se organizó bajo sus propios fueros y la Cofradía de Arriaga), Treviño quedó históricamente al margen de las instituciones vascas y siguió vinculado jurídicamente a Castilla.¿Por qué pertenece a Burgos y no al País Vasco? La razón principal es histórica y administrativa. Durante la Edad Media y la Edad Moderna, Treviño formó parte del reino de Castilla, mientras que el territorio que lo rodea (Álava) tenía un régimen foral propio. En la división provincial de 1833, obra del ministro liberal Javier de Burgos, se decidió asignar los territorios según criterios jurídicos más que geográficos. Como Treviño nunca había formado parte del régimen foral alavés, se integró en la provincia de Burgos, la más cercana dentro del “régimen común” castellano. Esta decisión consolidó su estatus como enclave y se mantiene vigente hoy. Treviño es burgalés porque nació en el contexto de las guerras castellano-navarras, quedó ligado a la Corona de Castilla desde 1200 y la división provincial de 1833 respetó ese vínculo jurídico en vez de la cercanía geográfica.

En las últimas décadas la existencia del Condado de Treviño ha sido objeto de controversia reflejando esta tensión entre la realidad geográfica y la realidad administrativa. Los propios habitantes del enclave han solicitado en ocasiones el ingreso en Alava y esto ha generado la lógica tensión entre la CAV y Castilla-León. El hecho sin embargo es que ahora el PNV se descuelga con la petición de que se le entregue el Condado de Treviño a la CAV, justo en este momento, precisamente cuando tienen a Sánchez en sus manos, después de haber conseguido del gobierno español un palacete en París y pocos días después de pedir también el Guernica de Picasso. Es como si fueran los Prime Days de Sánchez y el PNV quisiera explotarlo.

Como se ha mencionado, tenemos aquí en tensión un principio geográfico con uno jurídico. La geografía obviamente genera algunas tensiones a los habitantes, que forman una isla en que los servicios y las normas dependen de una comunidad distinta en la que geográficamente están enclavados. Sin embargo, otorgar primacía al principio geográfico sobre el jurídico no es una cuestión exenta de problemas. Sin necesidad de acudir al caso de Ceuta y Melilla, por poner un ejemplo, o el de Gibraltar, o incluso el de la localidad catalana de Livia ubicada en Francia, tenemos mucho más cerca el caso de Petilla, localidad navarra existente también como una isla en territorio de Aragón.

Resolver todas estas cuestiones resulta mucho más controvertido de lo que podría parecer. Por un lado tenemos la legitimidad histórica y jurídica, que puede no tener nada que ver con la geografía. La geografía no es un hecho jurídico. Por otro lado se encuentra la voluntad de los habitantes, ¿pero puede ser esta voluntad el hecho determinante? ¿Lo es por ejemplo en el caso de Gibraltar? ¿Habría que entregar Petilla de Aragón a Aragón si los habitantes de Petilla así lo reclamaran? ¿De quién es Petilla, el Condado de Treviño o Pamplona? ¿De sus habitantes? ¿Se puede declarar entonces Pamplona como ciudad independiente? El asunto es complejo y tienen que considerarse como poco tres principios distintos: el histórico-jurídico, el democrático y el geográfico. No son además tres principios de importancia equivalente, el título fundamental de legitimiación es el histórico-jurídico. Si lo determinante fuera el criterio geográfico Marruecos podría reclamar las Canarias sólo por proximidad y si fuera lo democrático localidades de la Costa del Sol como Rojales, en Alicante, a lo mejor elegirían ser británicas como Gibraltar, o habría que reconocer a Alsasua o Leiza su derecho a aenxionarse a la CAV. De hecho a lo mejor el movimiento del PNV va por ahí.

Está claro que para el PNV ahora es el momento de pedir. Lo que quiera la población del Condado de Treviño es irrelevante. Es decir, si coincide con lo que quiere el PNV el PNV la usará como argumento, pero si no coincide buscará otro. Lo determinante del momento no es la voluntad de la gente del condado sino Sánchez. El momento es ahora por Sánchez. Lo determinante no es la geografía, ni la realidad histórico-jurídica, ni la voluntad de la gente, sino que el PNV quiere el condado y el momento puede ser ahora con Sánchez o nunca.

El Estatuto de Guernica incluye una disposición específica para enclaves como Treviño en su Disposición Adicional Primera:

  1. Podrán agregarse a la Comunidad Autónoma del País Vasco otros territorios o municipios que estuvieran enclavados en su totalidad dentro del territorio de la misma mediante el cumplimiento de los requisitos siguientes:
  2. Que solicite la incorporación el Ayuntamiento o la mayoría de los Ayuntamientos interesados, y que se oiga a la Comunidad o provincia a la que pertenezcan los Territorios o Municipios a agregar.
  3. Que lo acuerden los habitantes de dicho Municipio o Territorio mediante referéndum expresamente convocado, previa la autorización competente al efecto y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos.
  4. Que lo aprueben el Parlamento del País Vasco y posteriormente, las Cortes Generales del Estado, mediante Ley Orgánica.

Más allá de lo llamativo que resulta que una comunidad apruebe unilateralmente un mecanismo previendo la incorporación de otros territorios ajenos al suyo, el hecho es que este mecanismo prevé la necesidad de aprobar una Ley Orgánica en el Congreso. Por tanto es ahora que Sánchez necesita al PNV o puede que nunca jamás. No es una cuestión de legitimidad sino de pura oportunidad.

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