Los hombres son inferiores. Esto no se podría decir hoy en día de ningún colectivo, excepto de los hombres, sin incurrir en delito de odio. Para poder poder estar más seguros de la impunidad interesa por si acaso ceñirse a los hombres heterosexuales y blancos. A ver a quién se le ocurre subir un vídeo a Youtube con el título de que las mujeres son inferiores. O los magrebíes. Pero del género masculino se puede decir lo que se quiera. Es un género bajo sospecha. Todos los hombres son previoladores. Es un género terrorista. Ya es oficial: la palabra de un hombre vale un poco menos que la de una mujer. Es el Islam al revés. El hombre es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Las denuncias falsas no existen. Yo no te creo, hermano.
Haber elegido un vídeo de Esti Quesada (matar a VOX) para ilustrar la constante denigración de los hombres en las redes sociales es un hecho anecdótico, como la relación entre Pedro Sánchez y Koldo García. Las redes sociales están llenas de vídeos semejantes de influencers femeninas o tertulias feministas en las que constantemente se trata a los hombres como seres indeseables. Como señalábamos al principio, nadie aceptaría discursos semejantes cambiando “hombres” por “negros”, “inmigrantes”, “homosexuales” o por supuesto “mujeres”. Hay canales dedicados por completo a volcar el despecho, los complejos o la frustración de algunas mujeres sobre el conjunto del género masculino opresor. Todos los males del mundo son culpa del género masculino. Los hombres deben ser reseteados, deconstruidos y reconstruidos según la hoja de instrucciones de Irene Montero o una influencer lesbiana. Podría discutirse si alguna vez los hombres realmente han decidido cómo tienen que ser las mujeres, pero no se puede discutir que ahora son los hombres a los que se les intenta decir exactamente cómo tienen que ser, qué palabras tienen que utilizar y cómo tienen que comportarse. En realidad también se les dice a las mujeres exactamente lo que tienen que pensar, el lenguaje que tienen que usar o el odio con el que deben mirar a los hombres, con el agravante de que no deben subir la guardia ni activar la alarma de manipulación porque todo se supone que es en su defensa y por su bien. Pero cuidado también con salirte de la raya si eres una mujer, o especialmente si eres una mujer.
Juan Soto Ivars: “Irene Montero es un ser diabólico”.
— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) November 21, 2025
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Irónicamente, Esti Quesada en este vídeo concreto argumenta la inferioridad de los hombres en la forma de vestir masculina. Seguro que hay más argumentos para inferioridad masculina y seguro que en ámbitos en los que Esti Quesada se encuentre más cualificada para lanzar una crítica. La refutación del discurso de Esti Quesada, que en realidad tampoco es el discurso de Esti Quesada sino el discurso feminista general, lleno de androfobia y resentimiento, no tiene de todos modos que ver con la apostura varonil. La cuestión, a la luz de la ideología de género, es cómo sabe la propia Esti Quesada que no es un hombre y si por tanto ella misma es un ser inferior.
La pesadilla de un padre asturiano que estuvo cuatro años sin poder ver a su hijo: su mujer le denunció por malos tratos, le pusieron una orden de alejamiento y ahora… ha quedado absuelto https://t.co/LE2DQEwK2i
— La Nueva España (@lanuevaespana) November 24, 2025
Lo cierto es que la ideología de género hace imposible saber si alguien es un hombre o una mujer. ¿Cómo pueden estar seguras Esti Quesada o Irene Montero de que no son un hombre o un robot que no sabe que no es un robot? Que no son un robot parece bastante evidente porque no serían tan imperfectas si fueran robots. Por otro lado, seguramente podría aclararse si son un robot o no mediante un exámen biológico. El problema es que nos dicen que ser hombre o mujer no tiene nada que ver con la biología y que hay mujeres con pene y hombres con vagina. ¿Cómo sabe entonces Esti Quesada que no es un hombre? Que le gusten los hombres o las mujeres tampoco es un argumento, porque hay mujeres a las que les gustan las mujeres y hombres a los que les gustan los hombres. O sea, que muy bien Esti Quesada podría ser un hombre homosexual, igual que Irene Montero. La única prueba concluyente sería ver si dejan la tapa del retrete levantada o bajada. Todo lo demás es relativo.
La gente suele tener una idea equivocada de la situación de las mujeres y los hombres a lo largo de la historia.
— Sergio Ferrero (@calotonterias) November 6, 2025
Aquí Elvira Roca nos hace un muy buen resumen. Aunque añadiría algún matiz y quizás alguna pequeña corrección, es bastante acertado y, además, debería servir como… pic.twitter.com/8Zg9RbkkfB
En realidad, es como si personajes como Esti Quesada o Irene Montero hayan convertido el odio al hombre en el rasgo primario del género femenino. A falta de cualquier otra forma de saber lo que es una mujer según la ideología de género, odiar al hombre sería el rasgo más distintivo. Odiar al hombre es quizá la forma de sentirse mujeres de las mujeres que no tienen otra forma de identificarse como mujeres.
Toda la presentación del libro de @juansotoivars es espectacular (os dejo el enlace) pero quería rescatar este trozo porque me resultó especialmente llamativo.
— Miguel Colomo (@omoloc) November 25, 2025
Vedlo entero https://t.co/vpHFwXKtvI pic.twitter.com/1SjS9lxdvL
De todos modos tampoco queda claro que no sean mujeres robots. O sea, si la biología es algo que debe dejarse al margen a la hora de determinar el género, ¿por qué no debe dejarse también de lado a la hora de determinarse la naturaleza robótica? ¿Por qué para sentirse robot no basta sentirse robot igual que para sentirse hombre o mujer basta con sentirse hombre o mujer? Exigir a alguien tener tuercas para sentirse robot es tan ridículo como exigir a alguien que para sentirse mujer tenga vagina. Y un robot, ¿puede sentirse mujer? ¿Cómo determinar el género de un robot, no digamos cuando está apagado o se ha estropeado y encima no se le puede preguntar? Mejor dejarlo aquí, porque además los robots no van al baño y no sabemos cómo dejan la tapa del váter. El límite de la robotofobia lo tenemos aquí.