Entre las noticias mercedoras de mejor suerte estos días sin duda se cuenta la de que el gobierno vasco, a pregunta de VOX, ha reconocido 390 casos reconocidos en Euskadi de mutilación genital femenina, que realmente serán muchos más.
🔴 ÚLTIMA HORA | El Gobierno vasco admite ante una pregunta de VOX más de 390 casos de posible mutilación genital: casi la mitad de las víctimas son de Nigeria, Mali y Senegalhttps://t.co/YGFzYBKTa4
— LA GACETA (@gaceta_es) May 6, 2026
Hace menos de 3 meses, nos hacíamos eco en Navarra Confidencial de una información de Médicos del Mundo, también escasamente repercutida por los grandes medios, advirtiendo de que había unas 4.000 niñas en riesgo de sufrir mutilación genital en Navarra. Sólo en Navarra.
Tenemos por tanto datos muy fragmentarios, pero si el gobierno vasco reconoce 390 casos sólo en la CAV en los últimos años, ¿cuál es el tamaño del fenómeno al que nos estamos enfrentando? ¿Cuántos casos se producen en toda España? ¿Miles? ¿Decenas de miles? ¿O es un fenómeno paranormal que sólo se produce en País Vasco y Navarra? ¿Y por qué no es noticia en todos los grandes medios? ¿Y por qué las organizaciones feministas subvencionadas están calladas? ¿Qué opinan los partidos feministas y de progreso a este respecto? ¿Dónde para Irene Montero?

A nadie se le escapa que la multiplicación de los casos de ablación es un fenómeno totalmente relacionado con la inmigración masiva y sin control, como la inseguridad o la triplicación del número de violaciones. De esto tampoco dicen nada las feministas, los medios ni los partidos de izquierdas.

No es tampoco un fenómeno atribuible en general a la inmigración, sino en particular a la inmigración de origen africano y religión musulmana. La prevalencia de la ablación la encontramos sobre todo en países como Somalia, Guinea, Mali, Yibuti, Egipto, Sierra Leona, Sudán… todos de ellos de religión musulmana.

El debate sobre el burka y el niqab no es inocente. No podemos jugar a que reemplazamos a la población y el censo español sin pretender que al mismo tiempo no se reemplacen nuestras costumbres, nuestros valores, nuestros derechos y nuestras leyes. El reemplazo no va a ser sólo poblacional. Para que no haya un reemplazo cultural tiene que venir gente que ya comparta nuestra cultura o dispuesta al menos a adaptarse y abrazarla. La inmigración tiene que llegar además en una cantidad y a un ritmo que podamos asimilarla. No sólo en términos de trabajo, listas de espera, ayudas, educación o vivienda, sino también en términos de asimilación cultural, o los asimilados seremos nosotros, convertidos en extraños en nuestros propios barrios. U occidentalizamos a los que vienen del tercer mundo, o nos tercermundizamos nosotros. Si los inmigrantes que vienen de fuera con otra cultura no se adaptan y abrazan la nuestra, nuestro país se parecerá cada vez más al lugar terrible, violento y sin oportunidades del que vienen huyendo. O ellos se convierten en primer mundo, o nos convertirmos en tercer mundo nosotros.