Chivite no ha tenido la decencia de comparecer en la comisión de investigación del Parlamento de Navarra sobre el caso Velate, lo cual dice todo sobre el propósito de esa comisión y la actitud del gobierno y sus socios, que no tienen otro objetivo que tapar y exculparlo todo para seguir gobernando y jugando al pilla-pilla presupuestario. En el marco de este despropósito general, en el que no obstante no se ha podido evitar el afloramiento de datos y testimonios jugosos, ayer tuvo lugar la comparecencia de Javier Esparza, el ex líder y candidato de UPN que actúa además como portavoz en la comisión. Evidentemente, como la comparecencia de Lourdes Goicoechea, la cual dejó al gobierno antes de que se constituyera siquiera Servinabar, la comparecencia de Esparza a petición de la mayoría gobernante no tenía otro objetivo que esparcir un poco de tinta de calamar para tapar las vergüenzas de Chivite, su tito, Alzórriz, Cerdán y todo el equipo de progreso foral. Partiendo por tanto de la base de que la comparecencia de Esparza en calidad de interrogado en vez de interrogador, dando la vuelta a la realidad y a la lógica de las cosas, no era sino una cortina de humo de los gubernamentales para tapar sus miserias, lo contado por Esparza no deja sin embargo de tener su interés.

De este modo, supimos por el propio Esparza que en 2018 abrió una vía de comunicación con Pedro Sánchez para buscar una alianza en Navarra que devolviera el poder a UPN. En aquel momento, según Esparza, Sánchez no quería el pacto con Bildu que llegaría tras las elecciones de 2019. Las palabras de Sánchez a Esparza, por tanto, debieron ser una especie de variante privada del famoso si quiere se lo repito 20 veces que no pactaremos con Bildu. De este modo, Sánchez se metió en el bolsillo a Esparza, el cual asegura que el verano de 2019, tras las elecciones forales, cuando todo indicaba y así fue que iba a haber un gobierno de Chivite con los nacionalistas, sin embargo “no estaba tan claro”. Lo cierto es que en las elecciones generales de abril del 19 estaba abierto un escenario hipotético en el que hubiera sido posible un gobierno de coalición entre el PSOE y Ciudadanos, cuya derivada en Navarra podría haber sido el rechazo a un acuerdo con Geroa, Podemos y con Bildu de facto.
Pedro Sánchez (2019): “Con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 20 veces”. https://t.co/GhOANGV91y pic.twitter.com/2JFeoyoAkS
— Ángel Ansa (@angelansae) October 13, 2023
El relato de Esparza fue incluso más allá asegurando que desde el entorno de Moncloa le llegaron a trasladar que se podía llegar a conformar una comisión gestora en Navarra para apartar a María Chivite e impedir el pacto con Bildu. Esa gestora, por cierto, habría incluido a Guzmán Garmendia y a Javier Remírez, actual vicepresidente de Chivite y conocido amante de los selfies en entornos catastróficos.

Esparza también refirió un encuentro en 2017 en Madrid con Santos Cerdán y Óscar Arizcuren para “tantear el clima político de un posible acuerdo después de las elecciones de 2019”, llegando a la conclusión de que el acuerdo sería imposible si dependía de Cerdán, totalmente contrario a un acercamiento a UPN. Ahora sabemos que el interés de Cerdán por llegar a un pacto con el nacionalismo no se basaba tanto en la ideología como en Servinabar, y en la colocación de sus piezas junto a Antxon Alonso para hacerse ricos con las obras públicas de los gobiernos del cambio.

El ex líder de UPN todavía relató un episodio más en 2018, gobernando todavía Barcos y antes de las generales de abril del 19, en que Pedro Sánchez le facilitó el contacto directo con Iván Redondo para puentear a Cerdán. Tras las generales del 19, sin embargo, Rivera primero se negó a pactar con Sánchez y después Ciudadanos fue masacrado en la repetición electoral. Consiguientemente se cerró la puerta de un posible acuerdo naranja y Sánchez se arrojó de cabeza en brazos de Bildu, la extrema izquierda podemita y el golpismo catalán.

Todo lo anterior retrata la adhesión de Chivite a Cerdán y que no se equivocó Cerdán al proponerla para liderar el PSN. También abre el escenario a que Sánchez jugara con Cerdán a poli bueno-poli malo con Esparza. Por lo que ahora sabemos de Sánchez está claro que es una persona para la que el fin justifica los medios. Seguramente no hubo ningún momento en que realmente no estuvo dispuesto a pactar con Bildu. Puede que barajara otras opciones, pero que en realidad no le hacía ascos a Bildu lo demuestra que se echara en brazos de Bildu o de Puigdemont en cuanto se convirtieron en sus únicas opciones para alcanzar y mantener el poder. Si por otro lado hubiera necesitado decapitar a Chivite para conseguir sus fines tampoco le hubiera temblado la mano. Cabe pensar asimismo que si Cerdán se cerraba en banda a un acuerdo con Esparza era sin duda porque no veía que con UPN pudiera prosperar su negocio en Servinabar, dicho sea en favor de UPN y para vergüenza de los actuales socios del PSN. También para vergüenza de Chivite, sin cuya presidencia tampoco hubiera sido posible la apoteosis de los chanchullos de Cerdán. La cuestión final sin embargo es si UPN sigue esperando al poli bueno socialista que acaso nunca existió, y si piensa aún que después de Zapatero y Sánchez llegará algo todavía si cabe mejor.