Intervenir el precio de la vivienda o no hacer nada: los falsos dilemas de Sánchez

Ahora que Pedro Sánchez ha decidido convertirse en la cabeza de ratón del Grupo de Puebla, el abrazo de las políticas de la izquierda más extrema es el siguiente paso lógico, empezando por la intervención de los precios en el mercado de la vivienda. No es esto lo que Sánchez defendía en 2019, pero el giro extremista de Sánchez desde 2019 es evidente. No es sin embargo un giro ideológico. Es decir, ni en 2019 ni en 2026 Pedro Sánchez se mueve por ideología, sino por interés. Y no por el interés general, sino por el interés personal. ¿Qué discurso puede vender en cada momento y a quién? ¿En quién se puede apoyar en cada momento para seguir en el poder? La deriva política de Sánchez se mueve por estos parámetros y no por la ideología. La ideología de Sánchez es el poder. A estas alturas, de todos modos, es de temer que ni siquiera el amor de Sánchez por el poder sea sincero. Sánchez necesita instrumentalmente el poder ejecutivo para blindarse ante el poder judicial. Así pues las soluciones que Sánchez proponga en cada momento respecto a la vivienda o cualquier otro asunto no nacen de la ideología sino de la propaganda, no tienen un fundamento teórico y no tienen otro objetivo que intentar mantener a Sánchez en el poder.

Respecto a la vivienda hemos escuchado a Sánchez decir muchas cosas. El problema es que Sánchez es inmune hace mucho a la hemeroteca, no por nada sino porque los simpatizantes de Sánchez no le pasan factura por sus constantes contradicciones. El muro de Sánchez, como el muro de Berlín, no es para que no pase la derecha sino para encerrar a sus votantes, para que no se le vaya la gente. No está de más recordar, sin embargo, que antes de proponer el control de precios Sánchez prometía construir viviendas por cientos de miles todos los días. Naturalmente no ha construido ninguna. O sea, el punto de crisis en el acceso a la vivienda en que estamos no es el resultado de que no haya funcionado el haber construido los cientos de miles de viviendas prometidas por Sánchez, el punto es que no se ha construido ni una de los cientos de miles de viviendas prometidas y ahora Sánchez nos sale con el control de los precios.

Naturalmente, como es costumbre en él, Sánchez nos presenta un falso dilema: no hacer nada ante el problema de la vivienda o intervenir el mercado. Naturalmente Sánchez propone intervenir el mercado. La cuestión es que esos no son los términos del problema. Para empezar, el mercado de la vivienda ya está muy intervenido. Como todo el mundo sabe, todo lo relacionado con la vivienda se encuentra absolutamente archiregulado empezando por la disponibilidad de suelo. En España no se puede construir salvo donde los políticos recalifiquen el terreno. O sea, los políticos establecen una limitación absoluta de suelo con carácter general y el suelo sólo puede pasar a estar disponible pagando el correspondiente peaje a políticos, sindicatos y ayuntamientos. A todo esto hay que sumar las limitaciones, cargas, impuestos y burocracias con las que los políticos entorpecen, ralentizan y encarecen la construcción de vivienda. El dilema por tanto no es no hacer nada o intervenir el mercado. El mercado ya está abrumadoramente intervenido. El dilema en todo caso sería no hacer nada o desintervenir el mercado.

Los términos del falso dilema tampoco se pueden reducir a intervenir el mercado o no hacer nada. ¿Por qué no construir más vivienda? Si hace falta vivienda lo primero es construir vivienda, no intervenir ni cruzarse de brazos. Sánchez crea un falso dilema en el que omite la solución principal, la única salida en realidad. Da igual el estudio que tomemos como referencia, todos ellos nos indican un déficit de vivienda que cada vez es mayor por falta de construcción. Si tienes 10 familias y 8 pisos los precios suben porque la demanda es mayor que la oferta. Las 8 familias que consigan piso serán las 8 que más paguen. Si limitas el precio, seguirás teniendo sólo 8 casas para 10 familias. Conseguirás que las 8 con casa paguen menos, pero seguirás teniendo 2 familias sin casa, porque la gente no vive dentro de un decreto sino dentro de una casa. Lo que la izquierda presenta como un éxito en Barcelona es que los precios se limiten pero que desaparezca la oferta. Tienes el precio de los pisos limitado, lo que no tienes son pisos. Por supuesto esto tiene otros efectos perniciosos. Si tienes 8 pisos y 10 familias y te limitan el precio, alquilas o vendes al que te ofrece más garantías de ser buen pagador, o sea que las 2 familias que se quedan sin piso son las más vulnerables. Si limitas los precios y los colocas fuera de mercado, también disuades a los constructores, caseros e inversores para aumentar la oferta, de modo que amplias y cronificas el problema. La única forma de empeorar aún más el panorama es blindar a los okupas y es justo lo que Sánchez y su grupo está haciendo.

Llegados a este punto, para entender algo conviene volver al principio de la reflexión. Nada de lo que proponga Sánchez, que hoy puede ser blanco y mañana negro, tiene como objetivo resolver algún problema de la gente, sino perpetuar a Sánchez en el poder. Que una medida propuesta por Sánchez en cualquier campo funcione no significa para Sánchez que resuelva el problema en ese campo, sino que sirva para mantenerle una noche más en Moncloa, a salvo de los jueces e investigadores de la UCO. De momento la estrategia le está funcionando, al precio de arruinar a los españoles, así que el dilema en el mundo real para España es o Sánchez o ruina. Esto también sería sin embargo un falso dilema y una simplificación porque la situación es todavía más peligrosa. Cada día que Sánchez pasa en Moncloa recorta un poco más el estado de derecho y la separación de poderes, de modo que el dilema también es Sánchez o democracia.

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