¿Estamos ante una nueva era de conflictos o ante una nueva era de paz?

No parece el mejor momento para ser osados, pero tal vez debamos de serlo siquiera a nivel analítico. Ucrania, Gaza, Venezuela, Irán… diversos conflictos nos han azotado en los últimos tiempos con diversa extensión e intensidad. Si a esto sumamos apagones, descarrilamientos, pandemias, inseguridad, empobrecimiento general… La sensación general es de conflicto e inestabilidad. Entre buena parte de la población cunde la impresión de que sería posible en cualquier momento una tercera guerra mundial. La insostenibilidad de las pensiones, la deuda global… vivimos encima de un globo a punto de estallar. ¿Pero es una percepción real?

No diremos desde luego que no hay problemas. Pero es que somos humanos y vivimos en el planeta Tierra. No ha existido jamás una época sin problemas. No tenemos problemas, somos problemáticos. Pensar otra cosa sería ingenuo. No obstante quizá tenemos un problema de perspectiva. Es decir, para el mundo en general y Occidente en particular los últimos 50 años han sido testigos de un progreso excepcional. Hemos llegado a gozar de niveles de vida nunca antes vistos. Hemos disfrutado de un periodo de paz pocas veces antes conocido. No es que no haya habido conflictos, pero no han sido conflictos comparables a lo que tuvieron que vivir con las dos grandes guerras mundiales las anteriores generaciones de europeos. Nuestra percepción se compara por tanto con una época reciente que es la más esplendorosa de la historia. Hemos pasado del nivel 40 al nivel 100 y nos echamos a temblar porque del nivel 100 hemos bajado al 98. Tampoco hagamos un drama. Uno de los principales problemas de la actualidad es precisamente, quizá, que hemos vivido tanto tiempo también que nos hemos atocinado. No es que el peso sea mayor, es la masa muscular la que ha decrecido.

Por lo que se refiere al conflicto en curso en Irán, no está sucediendo nada que no fuera más o menos previsible. Irán esta atacando el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico y bombardeando a sus países vecinos. No era algo en absoluto impensable. Ni era impensable que pudiera cargar contra los países árabes vecinos, de hecho los EEUU han estado trasladando durante semanas sistemas antiaéreos a estos países de la zona, ni era impensable que los iraníes tuvieran medios para hacerlo. Es bien conocida hace años la capacidad de Irán para construir y lanzar drones y misiles balísticos, incluso hipersónicos, a diestro y siniestro. Mientras países como Qatar o Emiratos han usado las ganancias del petróleo para construir paraísos financieros y turísticos de lujo, Irán las ha utilizado para desarrollar una gran industria militar centrada precisamente en el desarrollo de drones y misiles de largo alcance. Irán es por ejemplo un importante suministrador de drones para Rusia. Que por tanto iba a haber bombardeos y una fase de atrición tras el comienzo de la guerra era algo que se podía dar absolutamente por supuesto.

Estamos observando sin embargo que Israel no está siendo, aunque los reciba, el principal foco de los ataques iraníes. Da la impresión de que esto no es casual. Israel es el país de la zona mejor defendido por su sistema antimisiles Iron Dome. No es que este sistema sea impenetrable, de hecho no lo es, pero hace falta lanzar 100 misiles para, pongamos, conseguir 5 impactos en Israel. Impactos que por otro lado sólo consiguen una precisión relativa, o que no bastan para asegurar un daño apreciable, salvo por un golpe de fortuna, en una extensa base militar. Esto significa que a Irán le resulta mucho más rentable lanzar sus misiles y drones contra otros países de la zona mucho menos defendidos, en los que no hace falta lanzar tantos misiles para conseguir algún impacto. Obviamente esto también delata que Irán no dispone de una reserva infinita de misiles y drones. Es más, podemos estar seguros de que hoy Irán tiene menos misiles y drones que ayer pero más que mañana. Más allá de lo impactante de algunas imágenes tampoco es que las primeras oleadas de misiles iraníes, que serán las mayores que veamos, hayan conseguido infligir un daño severo. Por supuesto un sólo misil después de escribir esto puede provocar una masacre por un golpe de fortuna en cualquier momento, pero no dejaría de ser un tiro con suerte y con eso no se gana una guerra.

Como es lógico la economía está padeciendo una sacudida que se refleja con intensidad en los mercados financieros y en los precios del gas o del petróleo. Todo esto también se podía dar por supuesto. La cuestión es si estamos ante algo más que una sacudida puntual o si Irán tiene capacidad para sostener la inestabilidad a largo plazo. Lo cierto es que la capacidad militar de Irán esta siendo planchada con mayor intensidad con cada día que pasa. La capacidad aérea de los estadounidenses e israelíes para localizar y destruir desde el aire todas las infraestructuras, todas las fábricas de armas, todas las instalaciones militares, todos los depósitos de munición o todas las lanzaderas de drones y misiles es apabullante. Cabe pensar que en cuestión de días o semanas la capacidad bélica de Irán habrá quedado puede que no completamente anulada, pero reducida a niveles casi testimoniales. Otra cosa sería muy sorprendente. A lo largo de ese tiempo, o llegados a ese momento, veremos si la tiranía de los ayatolás aguanta o no aguanta su desarticulación sistemática, en la que sin duda también se intenta trabajar desde dentro.

No se está prestando mucha atención a este hecho, pero una de las cosas que ha cambiado respecto a conflictos anteriores es que nada más comenzar las intervenciones militares las primeras bajas están siendo los líderes de los regímenes atacados. Es algo bastante inusitado que las primeras cabezas en rodar hayan sido las del ayatolá o la de Maduro. Esto es una novedad histórica no negativa. Ya no son los líderes iluminados los que mandan a la guerra a los hijos de los demás desde la impunidad de sus mansiones doradas. Ahora sus mansiones doradas son las primeras que saltan por los aires o son asaltadas. No es una novedad despreciable que los líderes de determinados regímenes sepan que ellos van a ser los primeros en caer en caso de conflicto, certeza que a su vez alcanza a sus sucesores.

Hay también quien se pregunta si el próximo episodio del riesgo de conflicto global es un ataque chino sobre Taiwan. La idea es que si Trump ataca a quien quiere saltándose el derecho internacional, lo mismo puede hacer China. Este argumento parte sin embargo de dos errores considerables. El primero es que el derecho internacional es una entelequia que jamás ha evitado conflicto alguno, lo mismo que tampoco ha evitado regímenes tiránicos como los de los chavistas o los ayatolás. La dictadura iraní o la chavista tampoco representan por otro lado la legitimidad internacional. El derecho internacional además es la nada con celofán en la medida en que todo lo que no veten por un lado las potencias occidentales lo vetan por otro Rusia y China. Resultaría imposible de hecho una aprobación en las instancias internacionales para cualquier intervención militar, pero también una condena a cualquier intervención militar. El derecho internacional es una palabra vacía que se usa con intenciones meramente propagandísticas. Hay otro motivo por el que se puede cuestionar un ataque de China sobre Taiwan. Si dependiera de la UE, Taiwan ya sería China. Sin embargo, la demostración de fuerza de Trump y su determinación para usarla si resulta necesario, ¿anima o desanima a China para una aventurilla bélica en Taiwan? Es un liderazgo débil lo que podría poner en peligro la paz en la zona de Taiwan.

El escenario en el que por tanto podemos acabar desembocando dentro de unas semanas es que el régimen iraní, de un modo u otro, habría quedado desabaratado, desde luego de sus fronteras hacia fuera. Los EEUU podrían haberse hecho de facto con el control del petróleo iraní y venezolano. Irán y Venezuela habrían sido sacadas de la órbita de China para atraerla a la occidental. El régimen cubano también podría desplomarse en esta ecuación. Hablamos por tanto no sólo de un cambio para mejor del tablero estratégico, sino que además en Venezuela, Irán o Cuba podrían establecerse las condiciones para un cambio de régimen hacia valores más democráticos y occidentales. Tras este período de convulsión, podríamos tener un escenario con muchos menos puntos calientes en el globo y una mejor posición de fuerza para Occidente. No nos pongamos siempre en lo peor, cuando las cosas podrían ir a mejor. Por supuesto seguiríamos teniendo grandes desafíos incluso en el mejor de los escenarios posibles. Tendremos la misma deuda o más al terminar el conflicto, por ejemplo. Tendremos también la misma polarización política y los mismos desafíos migratorios. A lo mejor los mayores riesgos de conflictos violentos son en este momento de puertas para adentro. En el caso de España, la política de Sánchez estos últimos días convierte a Marruecos en el aliado fiable de EEUU y la OTAN que ya no es España. Quizá deberíamos preocuparnos más por Ceuta y Melilla que por Taiwan y por que Marruecos, por el camino que vamos, nos pueda amenazar con F-35 y nos tengamos que defender con algo así como aviones turcos Tai Kaan.

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