El dossier del Oinez 2026 que reconoce el fracaso de la política lingüística del nacionalismo

La euskaldunización de Navarra es un fracaso absoluto, no sólo es un hecho apreciable en el día a día en toda la Comunidad Foral sino que lo reconocen ya los propios organizadores del Nafarroa Oinez, en un dossier cuyas principales conclusiones vamos a ir desgranando. Para empezar, se reconoce abiertamente que el conocimiento del vascuence se encuentra totalmente estancado desde hace una década. Cabe señalar que los datos muestran la realidad entre 2011 y 2021, pero que el dossier, del que al final de la noticia dejaremos un enlace para que puedan consultarlo íntegramente, es de este año y elaborado con las miras puestas en el Oinez de 2026. De hecho, teniendo en cuenta el fenónemo masivo y exponencial de la inmigración, seguramente los datos actualizados seguramente serían aún peores. Esta es en todo la realidad estancada que reconoce y refleja el dossier.

Merece la pena detenerse un momento en la forma en que el dossier utiliza el lenguaje, hablando de una zona euskaldún, una zona mixta y una zona “discriminada”. No especifica si se refiere a discriminación negativa o positiva. Es decir, los recursos por alumno que se despliegan en la zona no vascófona para atender la escasa demanda seguramente son de hecho más elevados que para la inmensa mayoría de alumnos castellanoparlantes. Por otro lado conviene insistir en la trampa, asumida por todos, que supone hablar de una zona vascófona. Lo que llamamos la zona vascófona en realidad es una zona mixta. Es decir, no hay una zona de Navarra en la que sólo se habla vascuence. En Navarra hay un 100% de castellanoparlantes. En lo que llamamos zona vascófona todo el mundo habla español y un 61,5% habla o conoce además el vascuence. Interesa aclarar estos conceptos porque pueden llevarnos a marcos engañosos, como que Navarra es una comunidad bilingüe o que en la zona vascófona no se habla español. El marco real es que hay un idioma común, el español, y otra lengua muy respetable pero que sólo habla una pequeña minoría, y que además no se encuentra homogeneamente repartida sino que se concentra en la zona norte.

El cuadro con la evolución de los vascoparlantes en los municipios donde hay ikastolas vuelve a ser el reconocimiento de un fracaso evidenciándose que, excepto en Alsasua, en todos los municipios con ikastolas el euskera se encuentra estancado o incluso retrocede, como en Tudela o Estella, por cierto las localidades más pobladas de la lista aparte de Pamplona, donde el estancamiento es completo y se encuentra instalado en un discreto 11,4%.

El dossier también reconoce que “los datos del modelo lingüístico que eligen las familias tampoco son alentadores”. En este caso además los datos se encuentran algo más actualizados. Entre el curso 2017/18 y el curso 2023/24 el modelo D retrocede casi un punto. También lo hace, incluso más, el modelo A con euskera como asignatura. El modelo que crece es el que usa sólo el castellano.

El drama del dossier aparece cuando llegamos al uso del euskera, el talón de Aquiles de toda la euskaldunización tanto en Navarra como en la CAV. No sólo es que el conocimiento del euskera se encuentra estancado desde hace décadas y que ese estancamiento además se encuentra, siendo muy generosos, en un mero 20% de la población, sino que además una cosa es conocer el euskera, por elección o imposición, y otra muy distinta usarlo después en la vida real. El dossier considera un éxito que en 30 años el uso del euskera, tras una inversión ingente de millones y un sistema educativo que impone la inmersión lingüística, haya avanzado 3,8 modestísimos puntos porcentuales. Pero es que en Navarra en 30 años el uso del euskera ha subido un escasísimo 0,8%. La rentabilidad en términos de economía y recursos es catastrófica.

El presupuesto de Euskarabidea no representa más que una fracción del gasto en euskera, pero seguramente significa el gasto más importante en promoción del euskera. Es decir, el coste del modelo D es mucho mayor que Euskarabidea, pero eliminar el modelo D no implicaría un ahorro sustancial más que en zonas donde se ofrece el modelo pese a ser muy baja la demanda, ya que esas plazas se tendrían que ofrecer por un coste similar en otro modelo. Lo que sí representa un gasto neto y a la vista de los datos improductivo en promoción del euskera es Euskarabidea, con su presupuesto anual que ya alcanza los 15 millones de euros. En 30 años hablamos de 450 millones de euros, para un ridículo ascenso del 0,8% en el uso del euskera en Navarra. El euskera se convierte así en un auténtico peaje en la sombra e invita a preguntarse en qué otros campos, como las carreteras, la sanidad o la educación, podrían haberse conseguido resultados mucho más productivos con esos 450 millones de euros. Bien es cierto que no se han presupuestado 15 millones cada uno de los 30 años pasados, pero es la proyección a futuro en que ahora nos encontramos. De hecho cada año es mayor ese presupuesto. ¿Cuánto costaría un 100% de navarros vascoparlantes? A este ritmo, en términos de tiempo, costaría 3.480 años, y en términos de dinero unos 52.200 millones de euros. Esto suponiendo que realmente ha habido en 30 años siquiera un avance del 0,8% en el uso del euskera, ya que podemos estar simplemente ante el margen de error de la encuesta.

Finalmente, el marco nacionalista impone expresiones del tipo la “normalización del euskera”, como si el euskera fuera algo anormal. Lo que pretende imponer el marco lingüístico nacionalista es que hay una “normalidad” que en realidad sólo es el ideal nacionalista, en el que hay un 100% de vascoparlantes en una Euskadi independiente que incluye Navarra. El marco nacionalista llama “anormal” a cualquier situación que no sea ese estado ideal y ya en su forma de usar el lenguaje impone ese marco. Lo irónico del caso, además, es que ese estado independiente aspiracional pretende fundarse en una realidad cultural que sería el euskera, sólo que en los territorios de ese hipotético estado sólo una exigua minoría, el 6,7% en Navarra, utiliza el euskera.

El marco conceptual del nacionalismo impone asimismo la idea del derecho a hablar en euskera como un derecho absoluto. Es decir, como un derecho que genera en el otro la obligación de hablar el euskera. El marco nacionalista no es la libertad ni se basa en la libertad de hablar en euskera con quienes quieran hablar en euskera, sino que pretende establecer un tablero en que todo el mundo está obligado a conocer el euskera. Generar en el otro la obligación de conocer el euskera, además de una imposición, lo que produce es una inmediata discriminación y exclusión. El derecho absoluto a hablar en euskera impone que todas las enfermeras, todos los policías o todos los funcionarios tengan que hablar en euskera. Todo esto además en el absurdo de que el 100% son castellanoparlantes, hay una lengua común y que los vascoparlantes, a los que todo el mundo tendría que amoldarse, son en el mejor de los casos el 20%.

Por lo demás, otra cosa que expresan los datos es la evidente victimización del nacionalismo. Los nacionalistas llevan en el poder una eternidad en la CAV y desde 2015 en Navarra, sin embargo los datos del uso del euskera o de la matriculación en el modelo D se encuentran estancados o descendiendo. De esta manera aflora la mentira de que el euskera se encontraba reprimido por los gobiernos anteriores o de que existía una demanda enorme y oculta de más euskera. De lo que se trata es de llamar antivasco y represor al que no es nacionalista para apabullarlo y criminalizarlo. Por otro lado se comprende esta agresividad, de una parte por la frustración ideológica y de otra por los 450 millones de euros que es la cifra de negocio del euskera sólo en Navarra. Puede que el euskera no crezca, pero los 450 millones de euros de dinero del presupuesto alguien se los lleva. Lo peor es que si el marco lingüístico fuera la libertad y el euskera no estuviera politizado como mínimo estaríamos en el mismo punto, o quizá el vascuence habría avanzado más porque todo sería más amable y más transversal y habría menos rechazo, y encima habríamos ahorrado enorme cantidad de dinero. Todo el marco nacionalista es un cepo ideológico para el euskera porque al final lo convierte en la lengua nacionalista. No existe además una cantidad correcta de gente que tiene que hablar en vascuence. Si hay libertad, la cantidad de gente que libremente lo hable en cada momento ya es la correcta.

Documento:

Dossier Oinez 2026

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Un comentario

  1. Es un idioma muy difícil y muy poco práctico. Sus estructuras son muy diferentes a las del resto de los idiomas. Si no es tu lengua materna no vas a hablarlo ni bien, ni con comodidad. No merece la pena tanto esfuerzo. Cualquiera que lo haya estudiado sabe esto.
    Los políticos viven en otro mundo.

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