¿Es machista el crimen de Sarriguren?

El Parlamento de Navarra, o para ser precisos su junta de portavoces, ha aprobado una declaración expresando su rechazo al asesinato de una mujer a manos de su pareja en Sarriguren, el pasado viernes. ¿Por qué la declaración se ha aprobado en la junta de portavoces y no en el pleno del parlamento foral? Pues porque en el pleno haría falta unanimidad para aprobar la declaración y VOX se ha abstenido, por tanto la declaración se ha trasladado a la junta de portavoces donde se puede eludir la abstención de VOX. Naturalmente esto ha desencadenado la consiguiente oleada de reproches contra VOX. ¿Pero esto significa que no tenga razón VOX o que VOX apoye la violencia contra las mujeres? Es evidente que no.

El problema con la declaración del parlamento foral es que yerra en el diagnóstico y el tratamiento del problema. Esto no significa que no haya un problema o que a quien no comparte el diagnóstico y el tratamiento no le importe el problema. Contra el problema de fondo, que es el asesinato de una mujer, estamos en contra todos igual, por no decir que VOX u otros incluso más, aunque no apoyen esa declaración si entienden que se equivoca en el diagnóstico y tratamiento de la situación.

La declaración se equivoca en el diagnóstico porque atribuye el asesinato de las mujeres al machismo. Atribuir todos los asesinatos de mujeres al machismo es tan absurdo como atribuir todos los asesinatos de negros al racismo. De hecho podríamos preguntarnos si hoy en día realmente hay alguien, o en todo caso un porcentaje significativo de la población, que crea absurdeces como que las mujeres o los negros son seres inferiores. En el caso de Sarriguren, o lo que habitualmente se denomina violencia machista o de género, con lo que nos encontramos claramente sin embargo es con un crimen pasional. La violencia del asesino, y nadie niega que sea un asesino, no se desata contra las mujeres en general, como si efectivamente odiara a las mujeres y su objetivo fuera el género femenino, sino contra su pareja en particular. En los casos de la llamada violencia machista la asesinada nunca es una mujer desconocida cualquiera que pasaba por ahí, sino la pareja del asesino. No existe esa violencia si no hay de por medio con la mujer asesinada una relación sentimental. Por tanto el crimen es de naturaleza evidentemente pasional y no ideológico, aunque rompa el relato de la izquierda. El asesino de Sarriguren no asestó 34 puñaladas a su víctima y dejó malherida también a su propia madre por una reflexión ideológica, sino como consecuencia de una ira pasional absolutamente desatada. Esto no justifica en absoluto al asesino. No se exculpa al asesino. No se discute la pena que deba sufrir, de hecho quizá tendría que ser mayor, lo que se discute es la motivación que llevó al asesino a matar.

Si no se acierta en el diagnóstico, tampoco es fácil que se pueda acertar en el tratamiento. En este sentido el tratamiento por el que vuelve a apostarse el la ideología. Puesto que el asesinato es supuestamente ideológico, hay que adoctrinar a todo el mundo en la ideología de género y el feminismo. La realidad es que con este adoctrinamiento no se reducen los asesinatos de mujeres ni las violaciones, que se han cuatriplicado. La pregunta es si la propia izquierda cree que ese adoctrinamiento va a acabar con los asesinatos de mujeres, o si los asesinatos de mujeres son para la izquierda sólo un pretexto para imponer su adoctrinamiento.

Puesto que el problema no es ideológico, nos encontramos en estos últimos tiempos ante una avalancha de denuncias de acoso sexual e incluso violación contra personas y cargos de izquierdas. A la vez que sistemáticamente se nos ocultan datos respecto a los condenados por violencia contra la mujer, porque desmontarían el relato, se nos vende la idea de que la base de la violencia contra la mujer son los valores tradicionales y cristianos de la civilización occidental. Por el contrario, los valores tradicionales y cristianos siempre han pregonado la defensa de las mujeres y han considerado particularmente abyecta la violencia contra las mujeres o los niños. Cuanto más nos vamos alejando de esos valores, de hecho, más violencia están sufriendo las mujeres y los niños.

El problema con los crímenes pasionales es que, siendo realistas, no vamos a poder acabar con ellos. Sería tan ingenuo como pensar que podemos acabar con los robos, las infidelidades o la mentira. Todo eso va en la naturaleza humana. Obviamente esto no lo justifica porque en la naturaleza humana también van la moral y la libertad, pero justo por ser libres es posible que hagamos el mal. En este mundo y en esta vida no erradicaremos el mal. No tenemos ese poder. Lo que desde luego sí podemos hacer es tratar de mitigar el problema tanto como sea posible y en ese sentido la respuesta seguramente deba profundizar en la vía policial. Pero claro, lo que nos encontramos ahí en el mundo real, frente a discursos vacíos y dedos señaladores, son pulseras geolocalizadoras que no geolocalizan y leyes sueltavioladores en vez de resultados satisfactorios.

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