¿Puede ser cesado Oscar Puente? ¿Qué sabe Oscar Puente?

Decir que Oscar Puente esta dando la cara fenomenalmente, como hace Pedro Sánchez, es sibilinamente señalar a Puente. Cuando Pedro Sánchez se aparta, deja a Oscar Puente que sea quien de las explicaciones, o que sea el que mienta y el que confunda los datos, y pone el foco sobre él diciendo que está dando la cara de forma ejemplar, el mensaje que Pedro Sánchez está queriendo enviar es que yo no soy Puente, no me ocupo de las cosas de Puente, lo del accidente es cosa de Puente, este debate gira sobre Puente, no me hagan un Paiporta, lancen las piedras a Puente.

Puente es, políticamente, sólo una barrera humana entre Sánchez y los problemas de Sánchez. El ministro de Transporte es el muro de contención de Sánchez. ¿Tiene sentido entonces quitarlo? Decíamos la semana pasada que Pilar Alegría es una mujer objeto para Sánchez, pero que todo el mundo es un objeto para Sánnchez. Puente es un hombre objeto para Sánchez, como todos los hombres del presidente. Como todas las mujeres del presidente. No es una cuestión de machismo. Tan objeto son para Sánchez los hombres como las mujeres. Que no se preocupe Igualdad por la forma de Sánchez de tratar a todo el mundo como objetos, porque es paritaria, trata a todos con el mismo desprecio absolutamente por igual.

En esta tragedia ferroviaria lo que nos encontramos es el problema de siempre con la información oficial. Las fuentes “oficiales” de información son las últimas a las que debemos acudir en busca de información. Día tras día se van conociendo datos que evidencian los graves problemas de mantenimiento de toda la red ferroviaria española, incluyendo por supuesto la de alta velocidad. El fallo en la vía es evidente a estas alturas para todo el mundo menos para el discurso oficial. Para el discurso oficial no puede haber fallado la vía porque la vía es una responsabilidad gubernamental. Puesto que el discurso gubernamental no puede asumir la verdad, el discurso gubernamental consiste en chocar todos los días con los datos que se van conociendo y con la verdad.

Es probable que Sánchez no quite a Puente mientras le sirva como parapeto y mientras Puente, que puede que ni entienda su situación, sea feliz siendo un ninot en la falla de Sánchez. Esto no quiere decir que Sánchez no pueda quitar de en medio mañana a Puente, si piensa que Puente ya es una barrera que ha sido rebasada, que está calcinado, que no cumple ninguna función o que cesar a Puente, de cara a la opinión pública, puede ser más productivo que mantenerlo. Esto es complicado hasta que termine por completo el chaparrón porque, si quitas el paraguas antes de que termine totalmente la borasca, ¿a quien le empiezan a caer las gotas de lluvia? Eso si puede quitarlo, lo que nos lleva al siguiente punto. ¿Qué sabe Puente?

Respecto a toda la gente y todas las tramas alrededor de Sánchez nos encontramos siempre con el mismo dilema. ¿Qué sabía Sánchez de ellos? Y sobre todo, ¿qué saben ellos de Sánchez? Todo el debate político sobre la corrupción gira en el fondo sobre la implicación de Sánchez. ¿No se enteraba de nada o se enteraba de todo?

Oscar Puente sucedió en el Ministerio de Transporte a la efímera Raquel Sánchez Jiménez, que a su vez sucedió al inefable José Luis Abalos entre 2021 y 2023. En el breve paso de Raquel Sánchez por Transporte ya nos encontramos abundantes síntomas de la catastrófica gestión y la abundancia de corrupción que vienen caracterizando hace tiempo este ministerio. A principios de 2023 se hizo público que la empresa adjudicataria de un contrato para el diseño y fabricación de una treintena de nuevos trenes, Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles, se había percatado de que las medidas solicitadas no eran correctas, provocando que los trenes diseñados no entraran por los túneles existentes en las regiones de Asturias y Cantabria. Comprar trenes que no pasaban por los túneles fue la guinda a un estado de cosas que, retrospectivamente, ayuda a entender todo el desbarajuste en la red ferroviaria y anticipaba el riesgo de una tragedia como la que ha sucedido.

El de los trenes que no cabían por los túneles no es el primer precedente llamativo de la situación del Ministerio de Transportes. También bajo la batuta ministerial de Raquel Sánchez llegamos a la situación actual, en que la Audiencia Nacional investiga a Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif, por cinco delitos: malversación de caudales públicos, cohecho, tráfico de influencias, prevaricación y pertenencia a organización criminal. Todo ello a su vez teniendo como precedente al propio José Luis Abalos al frente del ministerio. Es decir, el Ministerio de Fomento-Transportes se encuentra hace muchos años en el epicentro de la corrupción.

¿Quién está a los mandos? ¿Puede esperarse otra cosa que una tragedia con esta gente a los mandos? A mayor abundamiento, tanto Abalos, como Raquel Sánchez, como Oscar Puente, como todos los personajes de la confianza de Pedro Sánchez que han ido colonizando las empresas públicas y los ministerios, carecen de cualquier tipo de experiencia, formación o cualificación para el cargo. ¿Podemos esperar otra cosa del estado de la red ferroviaria cuando lo único que se pide a la cúpula de Transportes es sumisión absoluta a Pedro Sánchez? Esto por supuesto no es un mal específico del Ministerio de Transportes, sino un mal general esparcido por todas las instuticiones, todos los ministerios y todas las sociedades públicas desde la llegada al poder del sanchismo. No es que antes no pasara algo parecido, pero con el sanchismo ha llegado a niveles de descaro nunca antes vistos.

La cuestión final es si colocado al frente del Ministerio de Transporte, en el epicentro de la corrupción nacional del sanchismo, Oscar Puente sabe o no sabe cosas que podrían comprometer a Sánchez. ¿Cuánta información puede tener Puente de todo lo que ha pasado en ese ministerio? Y entonces, ¿Sánchez lo mantiene pese a todo como un paraguas achicharado, pero paraguas, o es que no puede cesarlo? ¿De cuánta gente dudosa depende Sánchez? El resultado sea como sea es que el fin del sanchismo será un colapso absoluto. Es decir, no una demolición controlada sino un desmoronamiento total cuando ceda toda la estructura. Para que caiga Sánchez tiene que caer toda la estructura sanchista, coincidirá la caída de Sánchez con la caída de todo el aparato sanchista y no habrá nada que sobreviva a la caída de Sánchez. El problema es cuántos trenes tendrán que descarrilar o cuántos desbarajustes tendrá que sufrir el país antes de que llegue la caída de Sánchez, y cuál será la magnitud del desastre y de la labor de reconstrucción en el momento que caiga Sánchez.

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