El minuto de silencio por la juez Biedma y por Ceuta

Una de las cuestiones hoy bajo el foco es el debate entre minuto de silencio sí, o minuto de silencio no, respecto a la muerte de Maricarmen. Lo cierto es que guardar un minuto de silencio por Maricarmen sólo cuesta, literalmente, un minuto, y pondría fin al debate sobre este punto. No obstante cabe preguntarse por todas las personas que han muerto sin minuto de silencio, como Olga Matute, la mujer de Hospitalet de 54 años y dos hijas que se suicidó tras un desahucio el pasado mes de septiembre. ¿Por qué Olga, mucho más vulnerable, joven y con hijas a su cargo, no mereció no ya un minuto de silencio sino siquiera un minuto de atención del sanchismo? ¿Tal vez porque había sido desahuciada en Cataluña en vez de en Madrid? En cualquier caso desahuciada por la legislación y el problema con la vivienda que ocho años de sanchismo han generado en este país.

Ni Olga ni Maricarmen han muerto gobernando la derecha, sino gobernando esa izquierda que llegó al poder en 2018 bajo el lema entre otros de STOP desahucios, un STOP desahucios y un STOP suicidios que ya vemos que no se ha cumplido. Que tras ocho años de agravar el problema la izquierda se presente a las elecciones como si hubiera estado hasta ahora en la oposición es una tomadura de pelo. Lo que ha sucedido en cambio es que, con la política de perseguir a los propietarios y no construir más casas, mientras además llegaban 3 millones de inmigrantes a aumentar la población, el precio de los pisos ha subido en España un 75%, el de los alquileres un 45%, y la oferta de pisos en alquiler ha caído un 44%. En Barcelona, donde se han topado los precios, la caída de la oferta de pisos en alquiler ha sido del 80%. Tienes precios a un precio topado, sólo que a ese precio no hay pisos. Irónicamente la izquierda echa la culpa al mercado y dice que la solución es intervenirlo, cuando estamos como estamos precisamente por intervenir el mercado. Hay que liberar el mercado para construir casas y para que la gente alquile los pisos sin miedo, la caída de los precios vendrá entonces de forma inevitable como la corrupción tras el socialismo.

¿Cómo es posible que el socialismo, tras ocho de un gobierno desastroso también en política de vivienda, pueda hacer bandera de esta causa e incluso convertirla en su gran baza electoral? ¿Hay alguna forma de que la derecha pueda no ganar el debate sobre vivienda? Efectivamente, no dando el debate sobre vivienda. Si la derecha hubiera hecho suya hace tiempo la causa de la vivienda, proponiendo sus soluciones, la izquierda no podría tomar esa bandera porque ya la habría tomado la derecha. Pero ya sabemos lo que le cuesta a la derecha dar las batallas ideológicas, incluso cuando tiene toda la lógica a su favor como en el caso de la vivienda. Ahora en cambio es la izquierda la que ha tomado esa bandera y el debate no tiene lugar en el campo de lo racional sino en el de lo emocional.

Habrá que ver sin embargo si el sanchismo consigue tapar durante más de mes y medio, de forma permanente, todo el resto de escándalos que se van conociendo. Por la que parece que casi hemos tenido que guardar también un minuto de silencio, por ejemplo, es por la juez Biedma que instruyó la causa abierta respecto al hermano de Pedro Sánchez. Por la imputación de Begoña Gómez, Pedro Sánchez se tomó cinco días de reflexión junto a Cerdán y Leire Díez, de los que salió una cloaca encargada de perseguir jueces, periodistas, fiscales y guardias civiles molestos. “Matar a Balas”, el comandante de la UCO, parece que fue una expresión menos metafórica de lo que pensábamos a raíz del “susto” que la cloaca quería dar a la juez Biedma, haciendo seguimientos de ella y sus hijas, llegando a contactar con un clan del narcotráfico para “eliminar” el problema. ¿Cabe pensar que la cloaca creada tras el periodo de reflexión de Sánchez para eliminar a la juez del caso del hermano de Sánchez no tuviera el visto bueno de Sánchez? ¿Qué clase de mafia tenemos en el gobierno y qué clase de mafia tenemos en los medios para no estar hablando de esto? ¿Qué presidente de gobierno sobreviviría sin dimitir a una noticia como esta salvo en un país no democrático en una situación de anormalidad absoluta?

No menos grave es la noticia de que la Policía Nacional ha comprobado la presencia de militares marroquíes entre la horda de asaltantes de Ceuta. Estos militares marroquíes serían algo así como los pastores de la multitud asaltante y confirmarían lo por otra parte evidente: que no estamos ante una crisis humanitaria sino ante un ataque de Marruecos perfectamente orquestado por su gobierno. La crisis humanitaria, en todo caso, sería la consecuencia del ataque y la forma de Marruecos de hacer insoportable la situación de los ceutíes, de modo que el estatus de Ceuta sea el de ciudad invivible o ciudad marroquí. Lo mismo que una llamada de lo más alto decidió la invasión, otra llamada podría ponerle en un momento punto final. El foco de la reacción española frente al asalto de Ceuta debe ser por tanto la persona del rey de Marruecos, ni aliado, ni hermano, ni amigo sino enemigo feroz y taimado desde el origen de la monarquía alauita. ¿A qué se ha dedicado Pedro Sánchez aparte de a darse baños en la Mareta y a recomendarnos discos que no ha escuchado y libros que no ha leído? ¿Qué está haciendo Pedro Sánchez para devolver la normalidad a Ceuta en vez de perpetuar la anormalidad? ¿Qué ha hecho el gobierno de Sánchez respecto a Marruecos más allá de, literalmente, darle las gracias por su labor? ¿Por qué Sánchez parece maniatado por Marruecos y por qué Ceuta sigue ocupada sin que sea noticia para la sincronizada sanchista ni objeto de interés para el gobierno de Sánchez? Si Ceuta ha sido abandonada antes de las elecciones generales, ¿qué esperanza puede tener de que se solucione la situación en el supuesto de que Sánchez gane y le de ya todo igual durante otros cuatro años después de las elecciones? Los casos de la cloaca y de Ceuta nos recuerdan que en estas elecciones nos estamos jugando mucho más que el problema de la vivienda, que por otro lado tampoco va a resolver con sus recetas fracasadas la izquierda: nos estamos jugando además la integridad nacional y la democracia.

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