Para qué pedimos explicaciones al gobierno sanchista si todo lo que explique ya sabemos que va a ser mentira




La duda es feroz a la hora de determinar si lo que más caracteriza al gobierno sanchista es la corrupción o la mentira. Respecto a lo segundo, ayer mismo se produjo un hecho significativo, y es la convocatoria de una huelga general por parte del SEMAF, el sindicato que representa al 85% de los maquinistas en España. Pues bien, Oscar Puente aún tuvo la desfachatez de pretender que la huelga se convoca por el estado anímico de dolor por parte de los maquinistas y no por la demanda de estos exigiendo al gobierno que garantice la seguridad de la red ferroviaria.

Para que no queden dudas, la cuestión es tan sencilla como acudir al comunicado del propio SEMAF y verificar cuáles son los términos de la convocatoria de la huelga y las reivindicaciones se plantean. Como puede apreciarse, los maquinistas denuncian la “situación de deterioro constante del ferrocarril”, e indican que se convoca la huelga “con el fin de demandar que se garantice la seguridad y fiabilidad de la red”. La nota de los maquinistas también reclama “medidas con urgencia en nuestra red que garantice la integridad de profesionales y usuarios”. Sin duda los maquinistas están, como todos, doloridos por las muertes, pero convocan la huelga denunciando la situación de la red ferroviaria y exigiendo medidas de seguridad.

No sólo eso. El SEMAF también emitió un comunicado el pasado verano advirtiendo de la mala situación general de la red ferroviaria y de las líneas de alta velocidad. En ese comunicado se denunciaba no sólo la “cantidad de baches, garrotes, descompensación en la catenaria, etc”, sino que todos esos problemas los maquinistas los reportaban “diariamente a los Responsables de Circulación ADIF, sin que se tome ninguna medida”.

No hacen falta meses o años de investigaciones para intuir que lo que ha provocado el accidente de Adamuz es el mal estado general de las vías de alta velocidad. Si los maquinistas llevan meses avisando del estado de las vías, los usuarios llevan meses subiendo vídeos de cómo tiemblan y botan los trenes, y de repente un tren descarrila, se puede decir cualquier cosa menos que es una sorpresa. Si inmediatamente después del accidente empiezas a reducir drásticamente la velocidad de los trenes de alta velocidad en cientos de kilómetros de vía, tampoco hay que ser un genio para advertir que el propio gobierno duda del estado y seguridad de la vía.

No es lo menos grave en este asunto ver cómo se han normalizado los botes y las sacudidas de los trenes. Todos los expertos están señalando que no se trata de situaciones normales, que unas vías en buen estado no deberían generar esos saltos, y que unos saltos, botes y sacudidas de ese calibre, en máquinas de ese peso y a esa velocidad, pueden provocar daños peligrosos tanto a los trenes como a la propia vía, comprometiendo gravemente la seguridad. Expertos y usuarios concuerdan además en que esos botes de los trenes son un fenómeno de los últimos tiempos que no ocurría en los primeros años de la alta velocidad, o que no se produce en trenes de alta velocidad extranjeros.

Llegamos así a un punto clave que es el dinero que cuesta el mantenimiento de las redes de alta velocidad. ¿Tiene dinero España para ese mantenimiento adecuado? Las terminales mediáticas del gobierno sostienen que el gasto en mantenimiento es ahora mayor que nunca, pero omiten varias evidencias al respecto. En primer lugar la inflación. El dinero que hoy se invierte en mantenimiento vale mucho menos que el dinero que se invertía hace 10 años, habría que ajustar por tanto los datos a la inflación. En segundo lugar, hace 10 años había muchos menos kilómetros de vía a mantener, por lo que resulta que la inversión en mantenimiento por kilómetro hace 10 años, teniendo en cuenta el tamaño de la red y la inflación, al final era mayor.

Si no hay dinero suficiente para el mantenimiento, lo que se hace al final es dejar la vía sin el mantenimiento necesario y normalizar el bote, pero el bote no es sólo un bote, es un preaviso, y si lo desprecias el siguiente aviso es la catástrofe. El diagnóstico sería muy complejo y misterioso si todo se hubiera hecho perfecto y a pesar de todo hubiera habido un accidente. La realidad es que habiendo hecho todo mal, siendo tan evidentemente precario el estado de las vías, y estando al frente de RENFE, ADIF y el Ministerio de Transporte los personajes que están, una catástrofe resulta cualquier cosa menos sorprendente o compleja de explicar. Lo peor es precisamente que tampoco era difícil de prever como queda patente por las decenas o cientos de vídeos colgados por usuarios antes del accidente en la red.

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Un comentario

  1. ¿Para cuando el AVE a mi pueblo? Es que quiero ver al político de turno haciéndose la foto. Luego ya se verá como se mantiene, pero el momento Instagram queda reflejado.

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