Desde que tengo uso de razón siempre he visto bajeras vacías sin uso, incluso por décadas. Y es que la mayoría de las zonas no son óptimas para montar un negocio que funcione.
Cuántos negocios habré visto que se han montado en traseras de avenidas que han fracasado. Y es que si montas un negocio esperando tener éxito normalmente compensa pagar más por estar en una calle transitada que en una esquina invisible. Obviamente depende del tipo de negocio y del precio del alquiler. Pero por regla general sucede así.
Normalmente cuando se construyen pisos, se construyen bajos con la intención de que un día se puedan instalar negocios. Pero es que, como acabamos de ver, la mayoría de negocios no se instalan en los bajos a menos que estén en calles principales.
Tenemos que cambiar el modelo de construcción haciendo que desde el estudio de arquitectura se creen más viviendas en lo que hoy son bajos; al menos en los bajos de calles secundarios. Es más, desde que se comienzan los bloques los bajos de calles secundarias deberían ser viviendas siempre, con alguna rara excepción.
Igualmente hay que dar salida a locales y oficinas sin uso para construir viviendas. Se empezó en Pamplona en parte, pero algunos comercios se quejaron de que eso ocasionaba la subida de sus propios alquileres. Sin embargo la gente tiene que vivir en algún sitio, por lo que quizás los ayuntamientos podrían dar licencias para construir viviendas únicamente en los locales que lleven más de uno o dos años sin usarse para negocios.
Lo que es una inmensa contradicción es que haya jóvenes que alquilen locales de ocio para sus pandillas y esos mismos jóvenes sean los que se quieren emancipar o lo harán en un futuro cercano y no encuentran vivienda porque no hay. En ese caso es una obviedad que esos locales de ocio deben recibir un permiso y empuje municipal para convertirse en viviendas. Lo que no puede ser es que con la creciente escasez de viviendas se dé prioridad al ocio en vez de a la vivienda.
Muchas veces diferentes creadores de opinión o ciudadanos han planteado la incógnita de cómo regular estos locales que alquilan un gran grupo de amigos para fumar porros, beber alcohol y montar fiestas. No pocas veces distintos vecinos se han preguntado qué hacer con el ruido, los olores o la basura que dejan estos jóvenes en la calle. Por no mencionar las numerosas plazas de aparcamiento que suelen ocupar.
Convirtiendo las bajeras en viviendas tenemos una solución sencilla a algo que tanto molesta a los vecinos. Los jóvenes tienen derecho a divertirse, pero el derecho primordial y constitucional de jóvenes y mayores es el derecho a la vivienda.
Algunas de estas bajeras son muy pequeñas, por lo que probablemente no sirvan para acomodar una familia, pero sí a una pareja o un individuo que viva solo. Ahora que está tan en boga lo de vivir en solitario sin pareja, convertir estos locales pequeños sirve perfectamente para estos grupos sociales de menor tamaño.
La enorme cantidad de bajeras u oficinas vacías sin uso alguno, ayudarían sobremanera al problema de la vivienda.
Daniel Álvarez Malo