Cada nueva noticia que se conoce de los campamentos transfeministas de la izquierda abertzale es peor que la anterior. La Ertzaintza tenía conocimiento de los horrores del campamento de Bernedo un año antes de que saltara el escándalo. Ahora sabemos más detalles porque se ha hecho publico un informe de la policía autonómica vasca del 24 de septiembre de 2024. Es decir que, con una rápidez digna de competir con Flash o el Halcón Milenario, la Ertzaintza y el Gobierno Vasco llevan más de un año con este asunto y ante su inacción los campamentos y los abusos han vuelto a reproducirse este verano. ¿Es falta de velocidad o es falta de voluntad? A estas alturas deberían haber rodado ya muchas cabezas en la Ertzintza y en el gobierno vasco.
🟡 EXCLUSIVA
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) October 9, 2025
El informe de la Ertzaintza sobre Bernedo: ‘akelarres’ sin ropa, marihuana y botellones.
✍️ Una noticia de Marcos Ondarra (@MarcosOndarra)https://t.co/A30JEAXrl5
En el informe de la Ertzaintza sobre los campamentos se confirma la conocida practica de que los niños «para conseguir la merienda deben succionar el dedo del pie de alguno de los monitores», añadiendo que «se lo realizaron a una niña la cual tuvo una infancia muy dura, de índole sexual», traumatizándola aún más. «En otras ocasiones debían enseñar las nalgas para conseguir la merienda».
🏕️ Chivite lleva 6 años financiando el campamento denunciado en el que los monitores se iban a la ducha desnudos con menores
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) October 3, 2025
👉🏻 Las familias podían recuperar hasta 125 euros por hijo si los llevaban a estas colonias de verano
https://t.co/CFnpz1BvBn
La investigación incluye el testimonio de un niño de 14 años que relata la “normalización” de prácticas como «dar un abrazo a una monitora en topless», castigando sin ir a la piscina a quien no lo hiciera. Las monitoras, siguiendo la doctrina publicada en Berria por Aner Peritz Manterola, “Euzkitze”, explicaban a los niños que «los varones no deberían existir». Además de todo lo conocido respecto a las duchas compartidas, los testimonios del informe atestiguan que «en Abaigar pusieron los niños de ambos sexos desnudos contra la pared y posteriormente los ducharon». O sea que lo sucedido en Bernedo no era un hecho puntual de ese campamento, sino que por lo visto hablamos de prácticas normalizadas en todos los compamentos. No eran unos locos aislados, eran unos locos con un plan. Y el gobierno vasco o el de Navarra no hicieron nada, ni en Bernedo ni en cualquier otro lugar.

Otra práctica incluida en el informe policial es la celebración de«akelarres» en los que los monitores «bailaban sin ropa alrededor de la hoguera». En uno de esos akelarres «metieron a uno de los menores a bailar, comenzando a llorar por no querer realizar dicha práctica». «Posteriormente una monitora le realizó el baile del perro de su parte trasera con la parte íntima del menor». Es de temer que esa monitora se encuentre ahora mismo mucho más lejos de la cárcel que de convertirse en futura consejera de Educación de la CAV.
Para que no falte nada en el pack, se recoge también en el informe que el consumo de alcohol y drogas por parte de los monitores era habitual: «En el río situado en cercanías, los monitores suelen realizar botellones hasta las seis de la mañana, para posteriormente intercambiarse con los cocineros y poder descansar». Además, «en el año 2024 el consumo de marihuana entre dos monitores fue muy desorbitado, observando los menores que no se encontraban en buenas condiciones».
Una monitora de los campamentos, al parecer contraria a estas prácticas, refiere en el informe que «a una de las menores, como no tenía el look de pelo acorde a los estándares de los monitores, le cortaron el lateral de la cabeza, sin permiso alguno de sus tutores legales». Asimismo corrobora lo ya conocido en las duchas y en la cocina, en donde «los monitores suelen cocinar sin ropa alguna, solo con el delantal de cocina». Además indica que «sólo el 30% de los monitores tiene que tener el curso realizado» y que «las ikastolas fomentan ir a estos udalekus». El Gobierno de Navarra y la Mancomunidad de la Sakana, y seguro que no son los úinicos, como sabemos financian además la participación en los campamentos.

Todo lo anterior, anadiendo nuevos datos o ratificando los conocidos, son cuestiones que figuran en un informe de la Ertzaintza basado en conversaciones con personas implicadas que alertaron de posibles irregularidades en los campamentos organizados por Sarrea Euskal Udaleku Elkartea entre 2021 y 2024. La investigación policial comenzó entonces, pero no se formalizó hasta enero de 2025, cuando educadoras sociales de la Diputación de Guipúzcoa presentaron testimonios en la comisaría de Zarauz sobre posibles agresiones sexuales a tres menores tutelados. Esto derivó en las primeras diligencias policiales y el envío de un atestado al juzgado en abril de 2025. De no haber saltado el escándalo a la prensa, es probable que los campamentos de 2026, 2027 o 2049 se hubieran seguido celebrando igual que los de 2025, que nunca debieron haber sucedido.

Todo lo anterior implica una situación de extraordinaria gravedad. Lo que sucedía en Bernedo no era algo excepcional ni de ese campamento ni de ese año. Sucedía también en mayor o menor medida, y las denuncias siguen aflorando, en el resto de campamentos y el resto de años. No se trataba por tanto de uno o dos monitores locos. Los monitores seguían un plan. Los propios responsables de los campamentos hablan de un “proyecto”. Aner “Euzkitze” lo explicaba en su artículo en el Berria: “Así como hemos aprendido que a la violencia machista se le responde con la violencia transfeminista – y no con la paz general neutral asimilacionista –, sabemos que a la educación heterosexual se le responde con la educación transmaribollo. Llámalo adoctrinamiento. Queremos llevar a cabo la adoctrinación transmaribollo y estamos dispuestos a llevarla a cabo. No era broma, tenían razón los ecos, queremos mariconizar a vuestros niños”. Por consiguiente lo de Bernedo no era caso aislado de un campamento o unos monitores. Todos los campamentos todos los años responden a un proyecto de “adoctrinamiento transmaribollo”. De algún modo se considera que todos los niños llegan en un estado de anormalidad al campamento, heterosexualizados, y que los monitores tienen que ejercer la violencia transfeminista renormalizándolos en transmaribollos. Hay que reconvertir a los niños a la “normalidad” de los monitores.
La Diputación de Gipuzkoa recibió hace un año quejas sobre el udaleku de Bernedo https://t.co/y546ph2kIv
— El Diario Vasco (@diariovasco) September 26, 2025
Si grave es la extensión que por lo visto ha alcanzado este cáncer, no menos lo es la complicidad de los médicos con el cáncer. A lo mejor no tenían muy claro lo que tenían que hacer con este cáncer, si combatirlo o normalizarlo. El resultado es que la biología seguramente pondrá un límite a las atrocidades que los monitores hayan podido cometer sobre los niños, aunque como en una secta destructiva algunos padres hayan prestado consentimiento. Lo que la biología en cambio quizá no pueda evitar es la proliferación de niños traumatizados y desgraciados. Ojalá por otro lado pudiera pensarse que estos campamentos son la enfermedad y no sólo un síntoma de la enfermedad. Si todo el problema fueran los campamentos el gobierno y la policía hubieran actuado de inmediato. Hay un proyecto de fondo y ese proyecto es el abismo.
Un comentario
Aunque me repita.A ver quién es el «Para-aner» que se atreve a sostener que hay que imponer la sexualidad binaria y que para ello sería lícito utilizar la violencia machista y el adoctrinamiento heterosexual.Mucho me temo que no faltarían guardianes del orden y jueces, debidamente ilustrados en perspectiva de género, que reprimirían tal osadía incalificable.