La cena de los Goya no fueron gusanos, hamburguesas sintéticas ni menú vegano, sino suculentos manjares carnívoros

Hubo cosas en la gala de los Goya realmente difíciles de tragar, como la presencia del proetarra Fermín Muguruza, el cantante de Kortatu o Negu Gorriak conocido por temas como Sarri-Sarri, metido ahora a kultureta e ideólogo del cine español. Este pequeño autor de alguna de las bandas sonoras más exitosas de la izquierda abertzale pronto ha aprendido de los mejores que aquí de lo que se trata no es de seducir al espectador, sino de arrimarse a la sombra del discurso dominante y vivir de la subvención. Una gran ventaja de Muguruza es que venir del entorno etarra es ahora una nota de prestigio en la gran familia ultraizquierdista del cine español. Se pueden encontrar de hecho en la historia de las galas de los Goya muchas más referencias contra Ayuso que contra la ETA.

Por suerte para Bonilla Moreno y Feijóo se evitó contra pronóstico que Muguruza se llevara un Goya y tuviera la ocasión de lanzar un speech desde la tribuna de los ganadores, que ya anticipó que sería combativo y cañero. Papelón de Feijóo acudiendo a una gala en la que se llamó a manifestarse al día siguiente contra Ayuso, promocionada por una “industria” que salvo honrosas excepciones, en general la de los menos premiados, vive del dinero de los españoles a los que insulta en vez del interés del espectador. Esos españoles a los que sistemáticamente insulta y contra cuyos valores carga en todas sus producciones son, por otro lado, en buena medida los votantes de Feijóo. El Goya de Muguruza y la cara del líder popular asistiendo a su discurso hubiera sido la guinda tóxica del vomitivo pastel  de una noche estelar.

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Pero no todo en la gala de los Goya fue vomitivo ni difícil de tragar, ni mucho menos.

El menú de la gala es un auténtico monumento a la incoherencia y la hipocresía. Mucha pose veganista, mucho animalismo, mucha ecosostenibilidad, mucho gusano y mucha Agenda 2030, pero para ellos el mejor jabugo, niguiri de salmón, paté de perdiz, rabo de toro, langostinos, bacalao…

Si la Agenda 2030 consiste en que seas feliz no teniendo nada y comiendo gusanos, parece bastante claro que la élite dirigente parece dispuesta a sacar adelante esa Agenda asumiendo el infeliz sacrificio de tenerlo todo, viajar en avión privado y degustar el sabor de los alimentos carnívoros en tu lugar. Pobrecitos. Cómo se sacrifican por nosotros. Qué duro es vivir teniendo que modelar al servicio del discurso dominante lo que tenemos que pensar. Se lo merecen todo. Subvención. Subvención. Subvención.

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