La mala uva de Jenni Hermoso

El caso de Jenni Hermoso es uno de los hechos más surrealistas de los últimos tiempos. Más allá de que Rubiales fuera un impresentable y de lo inapropiado de ese y otros actos de la noche por parte del personaje, sumados a todos los anteriores que le inhabilitaban para el cargo, lo cierto es que el beso fue un asunto que durante las primeras horas fue motivo de risas y chanzas incluso entre la propia Jenni Hermoso y sus compañeras. No sólo durante las primeras horas. Hermoso hasta se hizo una foto con una jocosa impresión en la pierna, ya durante las vacaciones en Ibiza posteriores a la noche de autos, en la que podía leerse la leyenda “no hay verano sin beso”. Se trata del eslogan publicitario de una establecimiento ibicenco, pero no deja de resultar llamativo que de todos los establecimientos ibicencos, en plena polémica sobre el beso, Hermoso eligiera el que tiene se lema, se lo estampara en la pierna y subiera a redes sociales la foto.

El beso de Rubiales, por más que inapropiado e inaceptable, no tuvo lugar en un despacho a puerta cerrada sino en medio de un estadio abarrotado con decenas de cámaras y cientos de policías alrededor. Si hubo una flagrante agresión sexual ninguno de esos policías testigos de la acción intervino para en el acto para detener a Rubiales. El caso Rubiales se construyó desde el ámbito político y al margen de los protagonistas del suceso. La propia Jenny Hermoso desdramatizaba lo sucedido en una entrevista al poco rato del beso, declarando sobre la repercusión que empezaba a tener el hecho que “a día de hoy todo va a estar mal visto por los ojos de quien lo mire y yo sólo puedo decir que ha sido la efusión del momento y que no hay nada más allá y se va a quedar en una anécdota y ya está”. ¿Fue entonces Jenni Hermoso la que decidió que el caso no se quedara en una anécdota o fue un grupo de personas por encima de la futbolista el que así lo determinó?

Ahora que es la justicia la que dirime el asunto por la vía penal Jenni Hermoso afirma que fue presionada por el entorno de Rubiales para dejar pasar la supuesta agresión, pero sus propios actos y declaraciones invitan a concluir que, sin negar esas presiones, hubo otras presiones acaso mucho más importantes, al punto que finalmente fueron las que se impusieron, destinadas a convertir el pico de Rubiales en un escándalo mundial y en una agresión sexual, sin presunción de inocencia, tipificada en el Código Penal.

El hecho es que todos hemos visto dos Jenni Hermoso en este caso del beso. Una que desdramatizaba lo sucedido, que le quitaba hierro a lo acontecido y que bromeaba durante días sobre el asunto, y otra que pasado un tiempo comparecía como víctima de una gravísima agresión sexual, dispuesta a convertirse en un icono de las mujeres agredidas, arropada por el gobierno para conducir lo ocurrido hasta sus últimas consecuencias por la vía penal y judicial.

¿Qué es lo que explica la transición de una Jenni Hermoso a otra? Las presiones del entorno de Rubiales obviamente no. Es decir, si las hubo fracasaron o se encontraron con presiones signo contrario y fuerza mayor. Es en este sentido en el que quizá hay que incardinar el sorprendente hecho de que Jenni Hermoso acabe presentando el programa de las campanadas de fin de año en TVE, cobrando 30.000 euros por ello. En un momento dado Jenni Hermoso llegó a una clara disyuntiva (llegó a ella o la hicieron llegar a ella). Si tomaba una dirección, la de desdramatizar el asunto, no sólo volvería al anonimato social de su anterior vida como futbolista, sino que podría ser tratada como una cobarde y una traidora a la causa de la mujer. Por el contrario, si tomaba el camino de quemar en la hoguera a Rubiales, que coincidía con lo deseado por el gobierno y sus medios, se convertiría en una heroína de la lucha feminista, su figura sería exaltada por todos esos medios, la nombrarían futbolista del año en The Guardian, segunda mujer más influyente del año en Financial Times, y daría las campanadas en TVE. Eso para empezar.

Si tenemos que hablar de presiones y de decisiones condicionadas, la verdad es que Jenni Hermoso ha tomado un camino que puede ser el camino sincero o no, pero no cabe duda que es el que más le beneficia. Decíamos que primero hemos visto a una Jenni Hermoso que desdramatizaba el caso y después a otra que lo atizaba. Tal vez haya habido una evolución sincera, pero cuando una disyuntiva se premia con una abrumadora cantidad de beneficios sobre la otra cabe la sospecha de si lo que determina tomar esa disyuntiva es la sinceridad o los beneficios. Y más cuando ha habido un cambio sobre la postura de inicio. Jenni Hermoso podía haber renunciado a las uvas para evitar la sospecha de que su denuncia podía obedecer a la obtención de este tipo de beneficios, pero no lo hizo. No se puede decir que todo el beneficio que Hermoso está sacando del caso explica el caso, pero que el camino elegido y el del beneficio coinciden parece un hecho fuera de discusión.

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Comentarios (3)
  1. Alcibíades06 says:

    Millones y millones de personas hemos visto la escena del famoso beso y los abundantes videos existentes nos la muestran desde diferentes perspectivas,alguna de ellas bien significativa.Al margen del dudoso gusto u ordinariez del acto,creo que una gravísima enfermedad mental y moral nos aqueja para que se pueda visualizar en dicha escena una agresion sexual,inmolandose el “delincuente” ante el mundo entero.
    Lo que los ojos ven y el sentido común dicta es que allí tuvo lugar – como en primer término declaró la futbolista – un acto compartido y mutuo, expresivo de la “efusión del momento” ,en que los brazos de uno y otra estrechan mutuamente sus cuerpos.
    Ignoro qué ha podido suceder después,pero quizás el Financial Times hubiera acertado más con el calificativo de “infuenciable” en vez de “influyente”para definir a la destacada futbolista.

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  2. Delenda est el fútbol femenino español. Por donde pasa el socialismo ni crece la hierba ni crece la economía; solo la deuda y el déficit primeramente, la inflación y el paro después.

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  3. anacleto says:

    Evidentemente Jeni no tomó el beso de Rubiales como una agresión, y por ello es injusto quemar a Rubiales de la manera en que se le ha quemado, aunque es cierto que el cargo le venía grande, por impresentable, básicamente. Menuda suerta ha tenido Jeni gracias al beso de Rubiales.

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