El asalto al Capitolio no es lo más peligroso para la libertad que ha sucedido en los últimos 7 días

Siempre resulta interesante, a menudo alarmante, observar lo que es noticia y lo que no, lo que nos dicen que nos tiene que preocupar o indignar y lo que no. Por ejemplo, el asalto al Capitolio por parte de un grupo más o menos estrafalario de simpatizantes de Trump ha sido motivo de interés mediático y escándalo a partes iguales, lo que por otro lado seguramente tiene sentido. No tanto sentido es que participaran del escándalo y la indignación los del Rodea el Congreso, pero ese es un asunto al que ya nos hemos referido. Lo llamativo en este caso es que, con ocasión del asalto, o aprovechando el asalto, o porque el viento soplaba del Sur, a lo largo de los días siguientes estamos viendo cosas bastante más preocupantes que el propio asalto respecto a las que, sin embargo, no hay escándalo social, preocupación mediática, ni reacción.

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Entre estas cosas que han pasado se encuentra sin duda la eliminación definitiva de la cuenta en Twitter de Trump. Es decir, resulta que Nicolás Maduro o el gobierno cubano pueden tener una cuenta en Twitter pero no la puede tener Donald Trump. Por supuesto Otegui, IU, Bildu o Podemos pueden tener cuentas en las que, día sí, día no, celebran los aniversarios de Fidel Castro, el Ché, la Pasionaria, Lenin o la Unión Soviética, suben sus fotos con chándales de la RDA, celebran la salida de la cárcel de sus asesinos presos y lamentan la caída del muro de Berlín. Respecto a todo esto, Twitter, Facebook, Google y compañía no tienen nada que decir. Pero tampoco esto es ya hoy lo más preocupante porque la liquidación de la libertad global avanza cada día un nuevo escalón.

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El penúltimo episodio referido a la imposición del pensamiento único global es la decisión conjunta de Amazon, Apple y Google de dejar de ofrecer acceso a la aplicación de Parler, la red social similar a Twitter que precisamente se estaba convirtiendo en la alternativa a todos los que son censurados en Facebook o en Twitter. A lo mejor alguien lo considera una afirmación excesiva, pero nos atreveríamos a decir que este suceso es mucho más grave que el asalto al Capitolio y desde luego mucho más peligroso.

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Es decir, las bolsas subieron el día del asalto al Capitolio. La democracia estadounidense nunca estuvo en riesgo. A Biden no se le movió una ceja. Los cimientos del sistema no se inmutaron lo más mínimo por la acción intempestiva de un grupo bastante folclórico. Por el contrario, a lo que asistimos ahora tras esa acción sin duda significativa y noticiable, pero intrascendente en términos políticos, es a un auténtico avance en la dictadura global y la represión del pensamiento discordante.

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No es Parler, es cualquiera que les lleve la contraria

Alguien podría pensar con cierta razón que una empresa privada puede decidir no publicarle los tuits a Trump o a quien sea, y sin duda podría debatirse el asunto y habría argumentos razonables en contra y a favor, pero esto va mucho más allá. Ahora no hablamos de que a alguien se le pueda negar el acceso a una red, sino de impedirle que se pueda ir a otra red o cerrar el resto de redes. Ocupar un parlamento puede ser mucho más vistoso y espectacular, pero objetivamente esto tiene mucha más gravedad. El lunático disfrazado de trampero que se paseaba por el Capitolio a fin de cuentas no amenazaba demasiado la libertad de todos aquellos que desde todo el mundo lo miraban asombrados por la tele. Esto sí amenaza en cambio gravemente nuestra libertad.

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¿Y si un día usted llega a pensar algo que no le gusta a Twitter, a Amazon, a Facebook o a Apple? Casi cualquier forma de censura del pasado palidece frente a la capacidad de imponer un discurso único global que tienen estas empresas. A su vez, que todas estas empresas con todo el poder que manejan muestren un pensamiento monocolor e incuestionable debería encender las alarmas de cualquier amante de la libertad. Puede que ahora las ideas que usted tiene coincidan con las Facebook, pero tenga cuidado que esto no nunca deje de ser así. En primer lugar porque si Facebook controla toda la información y todas las opiniones que le llegan a usted, a lo mejor su capacidad de llegar a pensar algo diferente de lo que Facebook quiere que piense queda severamente limitada. En segundo lugar porque si, llegado el caso, pese a todo usted llega a separarse de la forma de pensar que Facebook o Twitter le dicten, en ese momento se encontrará usted en el trance de convertirse en un apestado sin voz en ninguna red social en la que poder decir lo que piensa y discutir el discurso dominante. Una vez que tengan ese grado de dominio sobre nosotros, ¿cómo lo podríamos revertir nosotros las pobres termitas?¿Es ese el mundo en el que usted quiere vivir?

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