Los autores del espionaje en Los Caídos reconocen ahora la colocación de las cámaras

Redacción 15 noviembre 2018 Noticias
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El juicio contra Clemente Bernard y su mujer, Carolina Martínez, por la colocación de cámaras y micros de espionaje en la cripta del Monumento a Los Caídos, ha dado un giro al cambiar los acusados su primera versión y reconocer Bernard la colocación de las cámaras. Bernard, en un intento de exculparla, ha explicado a la juez que colocó el dispositivo de espionaje sin el conocimiento de su mujer.

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Según el relato de los acusados, a fin de realizar un documental pidieron permiso al Area de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona para obtener imágenes del interior del Monumento a los Caídos, al cual acudieron cinco veces. Cuando querían tener acceso al edificio, avisaban por teléfono al Area de Cultura y una funcionaria acudía a la cita para abrirles la puerta. La funcionaria desactivaba la alarma, abría la puerta, les dejaba las llaves y se marchaba, volviendo cuando terminaban para cerrar las puertas.

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Durante la filmación en el interior del edificio, según su propia declaración, Bernard habría bajado una escalera hasta un espacio contiguo a la cripta, en el que ante la existencia de una rejilla habría decidido sobre la marcha colocar los dispositivos de espionaje para grabar lo que sucedía en la cripta, un espacio de titularidad pública pero de usufructo privado.

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Respecto a no haber pedido permiso para filmar la cripta de manera legal, Bernard argumenta que la cripta es “de propiedad municipal, pública” y que desde el Ayuntamiento no se le pusieron límites de adónde podía acceder.

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Toda la versión de Bernard resulta bastante rocambolesca y parece, como antes se indicaba, destinada a asumir la culpa en solitario exculpando a su mujer. Tanto Bernard como su mujer, de hecho, aparecen en el audio de la grabadora conversando durante las pruebas que hicieron durante la colocación del dispositivo. Aunque Bernard asegura que la grabación corresponde las pruebas con la cámara de un dron, el contenido de la conversación resulta sin embargo bastante inequívoco, ya que la pareja discute, por ejemplo, si el piloto de la cámara se podría ver desde el interior de la cripta:

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-“La luz roja aún se puede ver, ¿eh?”.

-”¿A ver? No, que eso no lo ven desde dentro”.

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La pretensión de Bernard de que idea de grabar la cripta se le ocurrió a él sólo y de repente, sin premeditación, al bajar unas escaleras y encontrarse un habitáculo con una rejilla que daba a la cripta, también resulta escasamente creíble no sólo por las grabaciones en las que con su mujer va colocando y probando los dispositivos, incluso realizando consultas por teléfono sobre la forma de utilizar el material, sino porque para espiar la cripta no utilizó cámara convencional, sino una microcámara; es decir, una cámara especial que se usa para ese tipo de labores de espionaje. La gente no suele llevar encima una microcámara y micros de espionaje… salvo para espiar.

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Sintomáticamente, como es lógico, la defensa de los acusados no se ha basado en la clase de argumentos que utilizó el Parlamento de Navarra para apoyarlos, en el sentido de que se pueden pisotear los derechos de los espiados si el pisoteado permanece a tal o cual colectivo o el que los pisotea a tal otro.

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Por lo demás, el Ayuntamiento no puede dar permiso para cometer una ilegalidad, ni estar en un inmueble de titularidad pública autoriza a grabar las cosas que suceden en una zona apartada de ese inmueble que es de usufructo privado. Incluso sin ese matiz, es absurdo pretender que alguien, haciendo un reportaje sobre la Diputación, pueda por ejemplo colocar micrófonos ocultos en el despacho de Uxue Barcos, o poner cámaras en el baño de señoras.

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No obstante, ya que estamos en ello, si Bernard es honesto debería aprovechar para reconocer que, en las 30 horas de grabaciones ilegales que obtuvo, lo más excitante que puede encontrarse es gente rezando un Via Crucis. Pero podían haber captado a dos personas hablando de asuntos personales que en nada incumben al señor Bernard y su señora, como los asuntos personales del señor Bernard y su señora no incumben a los demás. Eso sí, ni sacrificios humanos en favor de Franco, ni bacanales con banderas nazis, ni nada por el estilo. Si el fascismo va de pisotear derechos de la gente, parece que los acusados estaban más en la línea de practicar el fascismo que de denunciarlo.

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