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Los okupas son unos parásitos

Redacción 30 Mayo 2016 Noticias
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De los okupas se podrían decir muchas cosas, menos que representan un modelo o una idea alternativa al capitalismo, el libre mercado o la propiedad privada. Si los okupas se fueran a vivir a una isla, o tendrían que hacer algo más que ser okupas o morirían de hambre. Por eso no es casualidad que los okupas no se vayan a vivir a una isla, sino que permanezcan en el corazón del capitalismo del que reniegan. Si los okupas se fueran a vivir a un monte, o a una isla, y esa isla se convirtiera en un lugar libre, feliz y próspero a partir de los principios okupas, no sólo sería deseable que se fueran allí, sino que sería absurdo que no lo hicieran. Es más, viendo su libertad, felicidad y prosperidad, lo mismo nos íbamos todos allí o empezábamos a imitarles. La mayoría de los okupas, sin embargo, paradójicamente apuestan por seguir viviendo en el cuerpo del huésped.

La relación del okupa con la sociedad en la que vive, por el contrario, responde más bien al modelo del parasitismo. El parásito no puede destruir al anfitrión al que está parasitando sin autodestruirse. La propia palabra “okupa” no tiene demasiado sentido sin un huésped cuyo cuerpo okupar, si hay un okupa tiene que haber un ocupado, lo uno implica lo otro. Okupa es por tanto a ocupado lo que parásito a huésped. No tiene sentido un okupa externo como no lo tiene un parásito ajeno a un huésped. El que se va a vivir como un indio a un monte no es propiamente un okupa, por no mencionar que aunque pretenda vivir como un indio seguramente espera que si le da un infarto venga a recogerlo un helicóptero, lo lleve a un hospital, le hagan una resonancia y un trasplante si es preciso. La okupación no tiene nada que ver con un modelo de sociedad alternativo sino en parasitar el modelo de sociedad actual.

El okupa vive del techo, la calefacción y la luz que le proporciona el trabajo de otro. Otro que se levanta a las 7 para trabajar, que ficha, que cobra una nómina, o que tiene una empresa, que paga sus impuestos, que aguanta a su jefe, que pasa frío, que tiene que estar de pie, que le duele la espalda, que paga una hipoteca o que se deja los ojos en una pantalla.

El okupa tiene dos formas de parasitar a estas personas. La primera es directamente, okupando un inmueble que alguien ha pagado con su trabajo. Despúes probablemente pirateará la electricidad a costa del resto de abonados a los que parasita. La segunda es a través de los presupuestos. Ese inmueble del ayuntamiento o del gobierno que se les cede a los okupas no lo ha pagado el político que lo cede, lo paga el contribuyente que se levanta a las 7, ficha, etc, al que el okupa parasita. A su vez hay dos motivos para que el político regale dinero o bienes públicos (es lo mismo) a los okupas. El primero es la afinidad, el segundo el miedo.

Naturalmente el okupa puede recabar algunas monedas sentándose en un pasadizo y tocando la flauta. Esas monedas saldrán una vez más de un ciudadano que se levanta a las 7, ficha, etc. O de un jubilado que se ha pasado la vida haciendo esto para cobrar una pensión.

En el mejor de los casos, con esas monedas el okupa montará una barra o un mercadillo replicando el sistema capitalista pero como parte de la economía sumergida, sin contratos, sin horarios, sin impuestos, sin normas de seguridad ni salubridad. Hasta en esto el okupa no es una alternativa al capitalismo, acaso una réplica burda, primitiva y miniaturizada de lo peor del capitalismo.

Evidentemente el máximo exponente de una sociedad okupa serían los collares, es imposible que una sociedad okupa pudiera producir un tablet, un acelerador de partículas o simplemente la electricidad que parasitan.

Tocar la flauta o hacer pulseras es de hecho lo que queda por hacer durante el día al que vive a la sopa boba de la mendicidad, de ocupar una propiedad adquirida por otra persona o de parasitar al contribuyente a través de un gobierno cobarde o afín.

Aunque se ha citado la mendicidad, no se puede confundir tampoco al ocupa con un pobre, con un parado (aunque no trabaje) o con un refugiado. Un ocupa no pretende encontrar un trabajo, sino evitarlo como un tumor. Quien tiene que trabajar es el que le paga el techo, la luz, los porros y el alcohol.

En conclusión, la definición que mejor cuadra con la de okupa es la de parásito. Porque no puede vivir fuera del huésped y vive a costa de los recursos del huésped consumiéndolos pero sin aportar ninguno. Si todos nos hiciéramos okupas, al darle al botón de la luz no pasaría nada y dejaría de salir agua del grifo. El delirio del okupa es pretender que el huésped pretende parasitarle a él y que en realidad es una especie de rebelde oprimido pagado por sus opresores, aunque tampoco tiene mucho mérito encontrar una excusa para evitar ser etiquetado como parásito cuando se tiene todo el día para estar tumbado a la bartola buscándola. De hecho, los okupas no tienen excusas demasiado buenas y no desde luego en relación con el tiempo libre que tienen para buscarlas.

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Comentarios (1)
  1. En Schengen tendría que meterse un por de líneas para prohibir expresamente la circulación de estos parásitos por las fronteras europeas. No es de recibo que además de los parásitos locales, por clima se vengan todos en invierno a un clima más cálido, y que por cobardía y complicidad de determinados politicastros, hagan de determinadas ciudades un paraíso del parasitismo.
    Claro que utilizan a estos parásitos como carne de cañón de algaradas, y punta de lanza de cualquier protesta violenta que se necesite montar. Para eso están. Y lo sabemos.

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