¿Seguro que Robin Hood era de izquierdas?

Años atrás, cuando el poder adquisitivo era mayor porque había muchos menos conceptos de impuestos y eran más bajos, y así cada familia se podía permitir muchos más lujos. Ahora algunos lujos, algunos servicios, aunque mucha se los puedan permitir, simplemente no les apetece gastárselos.

En los años 1990 era raro el trabajador que no se iba de vacaciones. En cambio ahora hay mucha gente que no se va de vacaciones o se va de vacaciones lugares más cercanos y baratos. La prueba está en el hecho de que históricamente tras los sanfermines Pamplona se vaciaba de visitantes y de locales, pero ahora no, ni tampoco durante el resto del verano. Se puede observar paseando que hace años las calles estaban vacías, en el tráfico o en cómo va de llena la villavesa. En consecuencia no podemos pretender que ciertos hábitos e incluso leyes y planteamientos urbanísticos sigan inmutables. Los políticos tienen que entender que sus actuaciones tienen consecuencias y que no pueden pretender que después de años y años asándonos a impuestos todo quede como estaba.

El consumo local puede ser menor que antes por un cúmulo de causas que llevan de la una a la otra. Por un lado una gran superficie adquiere sus productos al por mayor, con lo cual le resulta más barata cada unidad y puede poner un precio más competitivo que una tienda de barrio. Antes igual al consumidor no le importaba el precio con tal de aportar al comercio local, pero ahora a mucha gente le sucede que no se pueden permitir o simplemente no les da la gana pagar mayor precio porque bastante tienen con los impuestos. De hecho lo más probable es que mucha gente que se pueda permitir lujos se niegue por hartazgo a tanto impuesto.

Si el consumidor se niega a pagar más por un mismo producto por estar harto de impuestos y encima las administraciones les suben los impuestos a esos mismos comercios de barrio, entonces han llegado a un límite económicamente insostenibles o simplemente sostenibles, pero que no incentivan permanecer en el negocio. Es que sacrificar tiempo y dinero para no conseguir suficientes ingresos para andar más acomodados en un gran desincentivo para seguir. Por eso cada vez tiene menos sentido reservar los bajos para instalar negocios como  vamos reiterando en diferentes artículos. Por eso hay que dejar menos bajos para negocios, mucho menos, y más para viviendas y dotaciones, muchos más. Pero, a juzgar por las declaraciones de algunos y por los continuos edificios que muestran con amplitud de locales disponibles no parece que ningún político haya aprendido que los tiempos han cambiado. 

A las administraciones manejadas por partidos de izquierdas les encanta autopercibirse como salvadoras del pobre ciudadano y luchadoras por la clase trabajadora, el proletariado. La realidad es muy otra, pues el tirano Príncipe Juan, Juan Sin Tierra, estaba empobreciendo al pueblo a base de altísimos impuestos. Era un monarca progresista, o al menos socialdemócrata, porque subir los impuestos a lo grande, no es precisamente un lema de la escuela austriaca de economía.

Evidentemente la izquierda y el progresismo en teoría no son los más monárquicas, pero en la actualidad viven bastantes contradicciones. De todas formas no hay muchas cosas más contradictorias que admirar una monarquía comunista hereditaria como sucede en Cuba y Norcorea. Si se llama república y es comunista y hereditaria de hermano a hermano, es una monarquía hereditaria y encima absolutista.

Lo que nos cuentan es que Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres, pero es que ya hemos visto de dónde sacaba la riqueza el Príncipe Juan, de esquilmar a impuestos a los pobres. El personaje de Robin Hood es legendario, pero el llamado Juan Sin Tierra sí era un tirano que machacaba fiscalmente al pueblo llano. Juan Sin Tierra recuerda mucho al presidente español Pedro Sánchez.

El tirano aprovechó la ausencia del rey legítimo, Ricardo Corazón de León, para hacerse con el trono de su hermano que estaba en las cruzadas. El paralelismo con Sánchez es asombrosamente interesante porque Sánchez tampoco es precisamente legítimo. Pedro Sánchez se ha hecho con el gobierno mediante pactos, no por tener el partido más votado.

El malvado monarca consiguió que su pueblo se levantara contra él en una rebelión histórica de que dio origen a la llamada Magna Carta inglesa, germen de la democracia británica.

La progredumbre ha tenido un éxito arrollador convenciendo con su propaganda al resto de que Robin Hood era de izquierdas y de que Juan Sin Tierra era de derechas. 

Se les llena la boca de salarios dignos y de supuestamente defender los derechos de los trabajadores, pero es en los estados socialistas donde realmente se pisan los derechos laborales y se han cercenado más vehementemente históricamente.

La izquierda socialista ha conseguido hacerse con el sistema político esté o no en el gobierno porque está diseñado para que haya lucha de clases gobierne quien gobierne. Y es que, aunque solo la izquierda agita al trabajador por los salarios y demás, el sistema que nos rige se basa en la lucha de clases. Y es que el sistema hace creer que los bajos salarios son fundamentalmente debido a decisiones de la patronal, cuando el estado es el que tiene en su mano la palanca principal de mejorar los salarios. Y es que se cobra una cantidad de impuestos tan enorme que con ella se podía subir los salarios sobremanera. A las PYMEs lo que es, los altos impuestos no les dan para una gran subida salarial. No porque sean unos rácanos, sino porque con tanto impuesto no les llega.

Analizando unas y otras ideologías me inclino por las escuelas de economía de Austria y Chicago, porque su meta no era hacerse con la riqueza de otros, sino mejorar el poder adquisitivo del pueblo creando riqueza y porque lo han demostrado empíricamente.

Aritz Lizarraga Olascoaga

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