He aquí un buen ejemplo de esas noticias de las que se suele decir que se entienden mejor juntas. Por no decir que resultan más temibles cuando se juntan.
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"En España se suicidan 10 personas al día. 3.600 al año. No hay otra causa de muerte que a pesar de afectar a tanta gente esté situada tan lejos de las prioridades políticas. Es momento de elaborar la estrategia nacional de salud mental". Por @EduMadina https://t.co/WA0baLVaMk
— EL PAÍS (@el_pais) March 13, 2021
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Hoy se ha aprobado una ley de eutanasia en plena pandemia, sin casi debate y con una capacidad muy limitada de cuidados paliativos.
Una ley aprobada sin apenas demanda social.
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— Fundación Villacisneros (@FVillacisneros_) March 18, 2021
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Contra la Ley de Eutanasia que ha promovido el gobierno se pueden decir muchas cosas. Que desdignifica a los que deciden no matarse pese a estar en una silla de ruedas o sufrir un cierto catálogo de enfermedades (los que se maten tendrán una muerte digna, no como la vida indigna de los que no se maten). Que crea la difusa y peligrosa categoría de las vidas indignas. Que inventa el derecho a ser asesinado por el gobierno y le da al gobierno el consiguiente poder para ello. O que abre una vía para convertir a los más débiles, imperfectos, solos, deprimidos, caros, improductivos y dependientes en personas autoconvencidas de su falta de valor y dignidad. Todo el esfuerzo que se ha puesto en aprobar una ley de eutanasia es el que se ha evitado poner en una ley de cuidados paliativos para que la gente no muera sin dignidad, sino sin dolor.
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Dicho lo anterior, sin embargo, el caso es que cuando llegue la próxima pandemia tendremos ya nuestra ley de eutanasia plenamente desplegada, como campeones de la eutanasia del mundo mundial. Cuando lleguen los próximos estados de alarma, los próximos confinamientos, los próximos recortes de derechos, y con ellos el miedo, la soledad, la desorientación, la angustia y la depresión, el gobierno ofrecerá frente a la consiguiente oleada de desánimo, tristeza y trastornos mentales un pleno acceso al derecho a ser eliminado por el estado. En la próxima pandemia a lo mejor lo que menos mata es el virus. Por el lado positivo es posible que en las próximas décadas los españoles del futuro sean mucho más felices que los del presente en las encuestas. A fin de cuentas todo el que no esté feliz tendrá el derecho a estar muerto. O felices, o muertos.
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