El caso de la manada magrebí, giro incluido, sirvió para visualizar, giro excluido, el creciente problema de la inseguridad y la multiplicación de las agresiones sexuales vinculados al fenómeno de la inmigración sin control. El giro del caso de la manada magrebí no eclipsa la dura realidad. En Pamplona las agresiones sexuales con penetración se han multiplicado por 4 desde 2019, desde 7 a 32 en los nueve primeros meses del año. Estamos ya casi en una violación semanal. Si ya a esta proliferación de las violaciones no se le da mucha publicidad, mucho menos a su posible causalidad y su relación con la inmigración. Con que se haya decidido ocultar la nacionalidad de los delincuentes en las estadísticas oficiales, sin embargo, está todo dicho respecto a esta causalidad.

Si el caso de la manada magrebí, giro incluido, ha merecido ríos de tinta y píxeles sobre un problema real, el caso es que el peligro de las manadas magrebíes no se puede limitar al ámbito sexual. De hecho, donde no se puede negar la incidencia de las manadas magrebíes es en el de los robos con violencia e intimidación.
Destapan un antiguo video de la socialista Elma Saiz en el que defendía la expulsión de inmigrantes delincuentes y denunciaba el círculo vicioso del “extranjero delincuente, los que nunca entran en la órbita de buscar trabajo, los que se saltan la ley”.pic.twitter.com/av1sYLbvxd
— Sr.Liberal (@SrLiberal) July 9, 2025
Los robos en grupo por parte de pandillas magrebíes se han convertido en un elemento más del paisaje que empezamos a normalizar. Las anormalidades sin embargo se acumulan respecto a esta preocupante realidad. Estadísticamente anormal y llamativo es el origen de estos delincuentes y anormal es además que sigan delinquiendo en nuestras calles cuando acumulan sobre ellos, en la mayoría de los casos, multitud de antecedentes y órdenes de expulsión. Ya no se trata siquiera de controlar el fenómeno de la inmigración por su masividad y el problema de integrar social, cultural y laboralmente a enormes contingentes de población extranjera, sino de siquiera expulsar a los que vienen a delinquir. Como mínimo todos los delitos cometidos por delincuentes extranjeros reincidentes, a veces delitos muy graves, se habrían podido evitar. Hay por tanto una responsabilidad política en no haberlos querido evitar.


En relación a las pasadas elecciones extremeñas, llamó especialmente la atención el caso de Talayuela, el pueblo con más inmigrantes de Extremadura, un lugar en el que 1 de cada 4 habitantes es de origen marroquí y los niños no van a clase el Día del Cordero. No como acto de protesta animalista y vegana, sino para celebrarlo con entusiasmo. Esta localidad era puesta a menudo por las fuerzas progresistas como un ejemplo de convivencia y de modelo de que lo que deberían ser todos los pueblos españoles en el futuro. Pues bien, los resultados electorales en este idílico marco migratorio modelo han sido que VOX se ha convertido en la fuerza más votada y que la derecha casi suma el 75% de los votos.

El negacionismo persistente de la izquierda respecto a los problemas que genera la inmigración descontrolada nos llevan a un doble escenario. Primero a un agravamiento del problema, y segundo a una reacción electoral frente al problema y su negación que puede acabar con la liquidación en las urnas de la izquierda. Todo indica que efectivamente la izquierda va a seguir sin entender el problema hasta ser masacrada en las urnas. O dicho de otro modo, hay que masacrar a la izquierda en las urnas para que entienda el problema. O ya puestos para que de igual si entiende o no entiende el problema.