La pobre Navarra del cambio según FOESSA

La pobreza severa aumenta exponencialmente en Navarra, según los últimos datos del informe FOESSA presentado en rueda de prensa por Cáritas Pamplona. Navarra habría experimentado un aumento muy significativo de la pobreza severa entre 2018 y 2024, pasando de 16.837 personas a 53.173 en esta situación, según publica la web de iglesianavarra.org. La literalidad del informe, sin embargo, parece algo más matizada. No obstante, el informe describe un empeoramiento de la situación de la pobreza en Navarra particularmente la más severa y precoupante.

Las tasas de riesgo de pobreza y de pobreza severa, según detalla FOESAA, han experimentado una evolución relativamente singular en Navarra, distinta de la evolución que han experimentado los niveles de pobreza en el conjunto de España. Así, el porcentaje de la población navarra en situación de riesgo de pobreza ha crecido de forma relativamente clara y constante entre 2019 y 2024, pasando del 7,7% en 2019 al 14,2% en 2024. Esto contrasta con una reducción paulatina en el conjunto de España hasta llegar al 19,7% en 2024, lo que ha hecho que los niveles de riesgo de pobreza entre ambos territorios se hayan ido aproximando en los seis últimos años.

Con todo, el porcentaje de personas en situación de pobreza severa en Navarra sigue estando en 2024 por debajo del nivel del conjunto de España (8,4%). La singular evolución de las tasas de riesgo de pobreza y pobreza severa en Navarra, dice el informe, se deriva de un menor incremento de los ingresos en la Comunidad Foral, muy inferior al que se ha producido en el conjunto del país. Pese a ello, la renta mediana navarra sigue siendo superior a la del conjunto del Estado, aunque la diferencia ha ido reduciéndose de forma progresiva. Esta reducción del ingreso mediano viene acompañada en Navarra, a diferencia de lo que ocurre en el conjunto del Estado, de un incremento de los indicadores que miden la desigualdad de ingresos. Entre 2018 y 2024, la relación S80/S20 ha pasado en Navarra de 4,1 a 5,5, mientras que el índice de Gini se ha incrementado de forma sustancial, pasando del 24,7 al 30,7 entre 2018 y 2024. Esta notable tendencia al incremento contrasta con la caída de estos indicadores en el conjunto de España.

En 2024, las situaciones de carencia material y social severa afectan en Navarra al 6,3% de la población, casi dos puntos por debajo del nivel registrado en 2018. Se trata, además, de un porcentaje claramente inferior al que se registra en el conjunto de España, donde estas situaciones afectan en 2024 al 8,3% de la población. Se trata sin embargo de un porcentaje, como veremos, muy superior al de hace unos años.

En el informe FOESSA sobre Navarra, como en el del conjunto de España, se aprecian siempre datos de apariencia contradictoria, puesto que unas veces se mide la pobreza en términos relativos y otras en términos absolutos. Es decir, para medir la pobreza podemos usar un criterio objetivo, como alcanzar X ingresos, o un criterio relativo, como alcanzar el 60% de los ingresos medios. El informe FOESSA usa profusamente uno y otro criterio. El criterio objetivo, sin embargo, resulta claramente superior al relativo. Si ser pobre lo consideramos no alcanzar el 60% de los ingresos medios, depende cuáles fueran esos ingresos podríamos considerar pobre a alguien sin ningún tipo de carencia en cuanto a bienes y servicios fundamentales, o podríamos considerar pobre a alguien al que consideraríamos rico en el barrio, la región o el país de al lado. Por contra podemos no considerar pobre a alguien que carezca de lo esencial si todo el mundo a su alrededor también tiene esas mismas carencias y no hay por tanto desigualdad. Parece por tanto mucho más expresivo de la pobreza real el llamado indicador de pobreza severa, que tiene en cuenta las dificultades básicas para pagar la vivienda, la alimentación, la calefacción o la luz, que los indicadores de pobreza relativa. Es a este indicador por consiguiente al que nos referiremos a continuación.

Recogíamos del informe FOESSA el dato de que la pobreza severa en Navarra, la pobreza objetiva real y no en términos de desigualdad, es del 6,3% frente al 8,3% nacional. Decíamos también que esa pobreza ha bajado casi 2 puntos respecto a 2018. Sin embargo, si recuperamos los datos del Informe FOESSA de 2014, hace una década, cuando por cierto estábamos en pleno fondo de una crisis económica, resulta que la pobreza severa en Navarra sólo alcanzaba el 4,2%, y que en 2007 tan sólo alcanzaba el 1,5% de la población. Es decir, estamos mejor que en 2018 pero tenemos un 50% más de pobreza severa que en 2012-2014 y tenemos 4 veces más pobreza que en 2007.

¿Qué ha cambiado entre 2007 y 2024 para que se haya cuadruplicado la pobreza real? Tres factores al menos podrían explicar este cambio de situación. En primer lugar la brutal crisis a partir de 2008, con el estallido de la burbuja de crédito y su afección al ladrillo y las entidades financieras. Todavía no nos hemos recuperado totalmente de aquella crisis y ello nos lleva al siguiente punto. ¿Por qué no nos hemos recuperado? Tal vez porque el final de la crisis económica, en 2015, coincide con un profundo cambio político. Hasta 2015, o al menos 2011, Navarra crecía al calor de su condición foral y su baja fiscalidad, siendo un imán para el emprendimiento y la inversión. Con el cambio político en 2015 llegó sin embargo una inversión de la foralidad. El autogobierno fue usado por las fuerzas del “cambio” para establecer una fiscalidad superior a la del resto de España y nuestros vecinos más próximos. El nuevo gobierno formado por partidos de extrema izquierda dinamitó además la seguridad jurídica con cambios regulatorios constantes siempre a peor para las empresas y las inversiones. La hostilidad política de los nuevos gobernantes hacia las empresas pasó de convertir a Navarra en un territorio business friendly a convertirlo en un alde hemendik para los negocios, la inversión y el comercio. Finalmente tenemos como tercer factor la pobreza importada. El sinhogarismo y la okupación se disparan teniendo como protagonistas, en gran medida, a personas de origen extranjero. Si la inmigración es muy superior al crecimiento real de la economía, sube el nivel real de pobreza. O dicho de otro modo, si la tarta crece menos que el número de personas a repartir, cada vez toca un trozo más pequeño. Veremos lo que puede suceder el día que llegue una crisis y encima la tarta decrezca.

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