La muliticulturalidad no es necesariamente maravillosa

Bajo un manto de silencio mediático se suceden los atentados islamistas en todo el mundo. No es políticamente correcto hablar de estos atentados, porque es una cuestión que nos conecta una vez más con el problema migratorio. Los problemas que genera la inmigración y el choque de culturas no pueden ser puestos bajo el foco porque la inmigración masiva y descontrolada no puede ser cuestionada. No es que esta inmigración masiva y descontrolada no tenga graves consecuencias, es que el discurso dominante ha decidido que no puede ser cuestionada. La primera barrera es no hablar de estas consecuencias, una de ellas el terrorismo integrista, la segunda llamar fascista, racista y xenófobo a todo el que ose intentar perforar el manto obligatorio de silencio.

El problema no obstante desborda el manto, como acaba de evidenciarse en Australia y casi todos los días en cualquier país de Europa, aunque si sólo se trata de un apuñalamiento o un atropello no muy masivo son ya noticias que no merecen especial atención y que, si se puede, se atribuyen a la mera acción de un perturbado. La verdad inquietaría a la población y alimentaría el discurso de la extrema derecha. Por lo visto la mentira es buena y legítima para tranquilizar a la población y los partidos que no son de «extrema derecha» son incompatibles con la verdad. Y después nos sorprendemos que crezca la extrema derecha, o eso a lo que el sistema llama extrema derecha, porque ya vemos que el sistema oculta la verdad y utiliza la mentira, incluyendo llamar fascista al disidente, para alcanzar sus fines a discreción.

El caso es que el problema migratorio que trata de tapar el sistema adquiere ya tal volumen que sus consecuencias no se pueden ocultar. Estas consecuencias van desde el crecimiento de la inseguridad general a los problemas con el terrorismo islamista en particular. Ya no se puede circular tranquilamente por muchos barrios o a ciertas horas en casi ninguna ciudad. En cada vez más lugares ya no se puede celebrar tranquilamente un concierto, un mercadillo o una celebración cualquiera en la Navidad.

Un hombre que se enfrentó y llegó a desarmar a uno de los terroristas era musulmán. El discurso de que todos los inmigrantes son malos es tan absurdo como el de que todos son santos. Por eso es necesario el control. De todos modos, alguien podría decir que cerrando la puerta a los terroristas tampoco necesitas después al musulmán que se enfrente a los terroristas islámicos. Por otro lado este héroe no zanjó el tiroteo pese a su valor. El terrorista desarmado volvió junto al otro terrorista, cogió otra arma y siguió disparando a la gente. El punto final lo puso la policía australiana a tiros con mayor o menor prontitud. Naturalmente esto no quita mérito alguno al valor de Ahmed. Los problemas básicos con la inmigración al final son tres: filtrar a los inmigrantes que vienen a delinquir, que los inmigrantes que llegan lo hagan con la voluntad de integrarse en nuestro modo de vida y cultura, y que no podemos acoger a un número infinito de inmigrantes y menos de golpe.

Todos estos problemas nos conducen en origen al problema de fondo de la inmigración descontrolada y el mito de la multiculturalidad. Por un lado, es evidente que un país no puede acoger a un número infinito de inmigrantes sin producirse consecuencias problemáticas en el campo del mercado laboral, la vivienda, las sostenibilidad de los servicios públicos o la seguridad. Es que además, se produce un inevitable choque de culturas porque la idea de que la multiculturalidad enriquece, sin matices, es un mero dogma de la modernidad.

Para empezar, si la multiculturalidad es una riqueza, y en parte y a algunos niveles sí que lo es, la única forma de garantizar esa multiculturalidad y esa riqueza son las fronteras. Si eliminamos las fronteras y lo mezclamos todo es justo cuando dejaremos de tener multiculturalidad y tendremos sólo una bola de plastilina marrón.

Entre las culturas, por otra parte, siempre se produce un cierto grado de conflicto por diferencia. Las diferencias culturales pueden ser muy coloridas y convenientes para hacer documentales, pero provocan choques y problemas de convivencia. Todas las grandes migraciones de la historia han provocado grandes problemas. Si además esas grandes migraciones provienen de personas de otras culturas el problema se multiplica. El discurso woke asegura que la multiculturalidad y los encuentros entre culturas son maravillosos, pero sólo cuando se producen en los países occidentales. Cuando son los occidentales los que han llegado a entrar en contacto con otras culturas, a eso el discurso woke lo llama en cambio siempre genocidio. ¿Pero no era maravilloso el encuentro de culturas? Al parecer sólo si son las otras culturas las que vienen hasta nosotros.

Es muy poco lógica la idea de que todas las culturas son igual de valiosas y apreciables. Es decir, el canibalismo no es cultura gastronómica. Los sacrificios humanos de niños no son cultura religiosa. O por lo menos no son cultura al mismo nivel que la nuestra. La tecnología y conocimientos científicos tampoco están nivelados entre las diversas culturas. Por eso los españoles llegaron a México y no los aztecas a España. Seguro que los españoles hicimos algunas cosas mal pero ay si hubieran sido los aztecas los que hubieran llegado a España. Que les pregunten a los indios de norteamérica, por otra parte, si todas las culturas son iguales y si fue lo mismo cuando llegaron los españoles que cuando llegaron los anglosajones. Porque también entre los europeos tenemos nuestras diferencias culturales. Y también hemos tenido nuestros choques, por esas diferencias culturales.

Para que haya multiculturalidad hace falta que haya diferencias culturales, pero si hay diferencias culturales no tiene mucho sentido pensar que todas las culturas son iguales, y si no son todas iguales entonces las habrá mejores y peores. Si por otro lado todas las culturas son iguales, qué ventaja tiene la multiculturalidad y en qué te enriquece. Pero si hay diferencia, hay culturas mejores y peores y hay choques culturales. Sea como sea los españoles no empezaron a vivir como los aztecas al encontrarse con su cultura y los mexicanos no volvieron a vivir como los aztecas cuando se hicieron independientes, por lo que sea.

Si las culturas son desiguales, y por tanto unas mejores que otras, la multicultarilidad sólo sera buena si implica un aumento de la proporción de la cultura superior. Si la multiculturalidad implica un descenso de la proporción de la cultura superior, entonces la multiculturalidad significara un descenso y un retroceso en la evolución. La inmigración es por tanto un fenómeno mucho más complejo de lo que pretende la izquierda. La respuesta racional a la inmigración no puede ser sí o no, sino cuánto, o cómo, o quién.

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