La superioridad moral de la izquierda ha muerto

El relato de la izquierda se desmorona por momentos, da igual que pensemos en emigración, en feminismo o en corrupción. El mayor problema de la izquierda, además, es que su relato no está saltando hecho añicos al encontrarse con los argumentos de la derecha, sino al chocar con la realidad. A fin de cuentas quizá sea minoría la proporción de personas capaz de determinar que una idea con la que simpatizan flaquea sólo por el contraste dialéctico. La mayoría seguramente necesita ir más allá de la teoría y tiene que comprobar que la idea con la que simpatizaba simplemente no funciona en el mundo real, ergo algo debía estar mal en el planteamiento. Naturalmente siempre queda una parte de la sociedad que puede creer cualquier cosa aunque no soporte el contraste intelectual y además haya quedado demostrado su fracaso en el mundo real, por eso por ejemplo aún quedan comunistas, pero cabe esperar que este porcentaje de gente negacionista acabe siendo minoritario. La izquierda española se enfrenta a la muerte de su relato, por lo que tiene un problema que va mucho más allá del sanchismo.

Más allá de tener o no tener razón, la izquierda siempre ha intentado y conseguido iniciar la discusión desde la presunción de una superioridad moral de su discurso. O eras de izquierdas, o eras una mala persona. Si no eras de izquierdas eras mala persona. Más aún, eras una mala persona por no ser de izquierdas. O sea, que si se te obligaba a ser de izquierdas se te convertía en buena persona. Por tanto quedaba más o menos legitimado ser violento contra los que no eran de izquierdas, porque eran malas personas, y estaba legitimado imponer la ideología izquierdista, porque convirtiendo a todo el mundo en izquierdistas era la forma de acabar con el mal.

El desmoronamiento de la izquierda en el momento presente, por tanto, es ante todo un desmoronamiento moral. Cae arrastrado por la realidad el discurso de que la izquierda ostenta una moral superior. Soy feminista porque soy socialista. Soy bueno porque soy socialista. Eres malo, tratas mal a las mujeres y eres corrupto porque no eres socialista. El izquierdismo es un espacio de pureza. Los que no son socialistas son los impuros. Para establecer el bien en el mundo hay que erradicar al impuro.

El problema es cuando los impuros o los pobres empiezan a aparecer en el lado izquierdista del muro. ¿Cómo es posible? ¿Qué está pasando? ¿Será que estábamos equivocados? No, eso nunca, de modo que la primera reacción es la negación. No hay impuros, acosadores ni corruptos a este lado del muro. Eso son bulos de la extrema derecha. Eso es desinformación. Eso viene de la máquina del fango de los impuros.

Tras la negación llega la ira. Esto no se puede tolerar. Es una cacería contra Santos. Pedro es un icono. Hay que acabar con la impunidad para difamar desde las redes sociales. Hay que perseguir a los golpistas con toga. Hay que elimar a la UCO patriótica. Había que tomar las instituciones. Había que pasar al ataque. Era el momento de la Ley Begoña, la Ley Koldo o la Ley Bolaños.

Ahora ya, ante la abrumadora evidencia de los hechos y todos los comportamientos inaceptables que van aflorando, estamos entrando en una fase de negociación con el otro lado del muro. Vale que el muro de la izquierda no separaba a los puros de los impuros. Vale que en la izquierda hay puteros, mentirosos, tiranos, tramposos, acusadores y corruptos. Es más, hay incluso alguna persona decente. Pero es que el mal es un problema transversal y estructural. Ahora que ha quedado probado que no somos más puros tampoco podéis juzgarnos, porque sois tan impuros como vosotros. Todos somos impuros. Antes os pedíamos el voto porque éramos puros. Ahora os lo pedimos porque los otros no son menos impuros.

Por si ustedes todavía no se han dado cuenta, estamos describiendo las 5 fases del duelo según la psicología. El duelo por la muerte de la superioridad moral de la izquierda. Quedan las etapas de depresión y de aceptación (paz, integración de la pérdida), que seguramente llegarán después del batacazo electoral y del entierro político de Sánchez. Todos lamentaremos profundamente la pérdida.

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