Que haya 200 chalados violentos capaces de sembrar el caos y la destrucción por media Pamplona es un problema, pero no la causa del problema sino su consecuencia. ¿Por qué hay 200 chalados dispuestos a romper la cabeza a todo el que diga algo que no les gusta? Lo estamos viendo con todos los partidos, medios y colectivos que han justificado, dejado de condenar o incluso aplaudido y agradecido su violencia. No se explica la violencia de la manada de los 200 sin ese caldo de cultivo previo de exaltadores de la violencia. Los 200 son la piraña, los que los justifican el agua de la pecera. La existencia de la manada abertzale es consecuencia de la existencia de la gente que la justifica. Y hay mucha gente que ahora la justifica.
EHKS denuncia en Pamplona la "criminalización" del antifascismo https://t.co/Res0MEoqVm
— Diario de Noticias (@NoticiasNavarra) November 12, 2025
Que un movimiento como EHKS (Euskal Herriko Kontselu Sozialista) justifique la violencia de la manada abertzale en nombre del antifascismo tampoco es extraño, cuando hemos visto a partidos enteros justificando y aplaudiendo esta violencia. Hemos visto esta violencia ser aplaudida incluso desde la propia televisión pública española. Tras el muro sanchista lo raro no es que alguien haya avalado o dejado de condenar esta violencia, sino que lo raro es que alguien la haya condenado. Nadie en RTVE apoyaría la violencia de la manada abertzale si el Gobierno de España no tolerara la violencia de la manada abertzale.
🗣️ Pablo Iglesias insinúa que el periodista de 'El Español' agredido por los ultras abertzales en Pamplona era en realidad un «infiltrado» de la policía.
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) November 11, 2025
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Están orgullosos de su violencia. La izquierda tiene un problema con la violencia. Si la ejercen los suyos o la padecen los otros la justifica. No hemos superado esa fase. Esta forma de actuar data al menos de 1934 y la izquierda no parece haber aprendido nada en todo este tiempo. La causa no es la Guerra Civil, por el contrario la Guerra Civil fue consecuencia de ese odio y esa violencia. Cuanto más nos alejamos de la Guerra Civil y más atrás quedan aquellas heridas, de hecho, más odio sienten generaciones de izquierdistas que no padecieron ni conocieron aquella guerra ni sus secuelas. Los izquierdistas que vivieron aquella guerra tenían menos odio y más espíritu de recuperar la convivencia que sus nietos, que sólo conocen la guerra de oídas.
Fuera fascistas de Navarra https://t.co/lmxyFtcKGW
— Socialistas Navarra / ❤️ (@PSNPSOE) October 29, 2025
Avalar a la manada abertzale hoy implica tener que seguir avalándola mañana. El momento de romper con la violencia de la manada abertzale es el primer momento. Si ya has avalado su violencia una vez entras en una inercia perversa. Cuando la manada abertzale agreda mañana otra vez, habrá que seguir respaldándola para no reconocer el error de haberla respaldado la primera vez. Cuando agreda la tercera vez, todavía será más largo el camino a desandar. Las posibilidades de desengancharse se reducen en realidad con cada agresión. El que no condenó el gaseamiento del primer judío no se escandalizó por el quinto. Nadie se bajó del nazismo al pasar del primer millón. En realidad pasada la barrera del primer judío asesinado se estaba pasando también la de los 6 millones. La barrera era matar o no, no matar a un millón pero no a dos. Con la violencia abertzale y de extrema izquierda sucede lo mismo. Una vez legitimada esa violencia no va a desaparecer esa legitimación por el número de sus víctimas.
Por supuesto la frontera para que quede legitimada la agresión es ser etiquetado como fascista, pero esta frontera no es siquiera una frontera clara y fija. Fascista es Hitler, pero también Vito Quiles, como si apenas pudieran apreciarse las diferencias. Por supuesto Abascal. Pablo Motos no se libra. Albert Rivera también era fascista, como Ayuso. A Ernest Lluch lo mataron por fascista. En la lista hay que incluir recientemente a Carlos Sobera. Las sedes del PSOE eran atacadas hasta hace poco con pintadas que les llamaban fascistas. A todo el que le critica, Maduro lo llama fascista. Todo lo que no es ETA es fascista. Menos mal por tanto que no ha desaparecido del todo la ETA o no sabríamos qué es fascista. Lo que desde luego sabemos es que entre los 200 de la manada fascista no se respira un aire de libertad. ¿Cuál es el margen de librepensamiento entre los 200 encapuchados de la manada fascista? ¿Hay siquiera dos formas distintas de pensar entre esos 200 encapuchados? En realidad puede que no haya una sóla idea entre los 200 encapuchados, como para poder esperar que se encuentren dos. ¿Qué le pasa a uno de esos 200 encapuchados si de repente se le ocurre decir que no está de acuerdo en algo con los otros 199? ¿Quieren que haya en el conjunto de la sociedad la misma falta de libertad y pluralidad que entre esos 200 encapuchados? Se puede ser antifascista y criminal igual que se puede ser anticomunista y criminal. Antifascistas somos todos. La manada abertzale o Podemos son sólo un subconjunto totalitario del antifascismo. Criminalizar a ese subconjunto no es por tanto criminalizar al antifascismo sino al antifascismo totalitario. Romper la cabeza al que piensa distinto es de hecho una costumbre bastante fascista. Para la gente a la que simplemente le gusta romper cabezas apuntarse al fascismo o al antifascismo es sólo una cuestión de ver cuál es la moda en cada momento.