Urda y Adamuz no se explican sin el marco mortal de Sánchez

Oscar Puente no dimite, dice que su forma de ser responsable es “dar la cara”. Lo que pasa es que eso mismo podía decir Mazón o cualquier político al que el PSOE alguna vez hubiera pedido la dimisión. De lo que no cabe duda es que la cara de Puente es de cemento. Con una aleación de las caras de Sánchez y Puente el Ejército español podría construir carros de combate indestructibles. Si entre asumir la responsabilidad y aferrarse al cargo no hay ninguna diferencia, es que estamos ante un hombre aferrándose al cargo y no asumiendo su responsabilidad.

Hablamos de un sujeto que ya lleva dos tragedias salvajes a sus espaldas, así que vamos por la tercera, que por todo lo sabido puede estar al llegar. Es decir, a todo el mundo extrañaba al principio la falta de alarma en el centro de control de ADIF en Atocha antes del accidente, con un tren parado en la vía y otro llegando, pero es que ahora sabemos que el sistema automático de seguridad LZB, encargado de evitar este tipo de accidentes, fallaba constantemente. O sea, que los controladores no parecían tranquilos porque la situación no les resultara alarmante, sino porque es una situación que se ha convertido en rutinaria. Por eso no estaban más agitados que las otras 200 veces que a lo mejor en los últimos años han tenido que afrontar el mismo fallo en el sistema de seguridad. Este hecho, por otro lado, permite entender que el “fallo humano” al que el gobierno trata de desplazar la culpa no es mala suerte ni un hecho puntual. Si el sistema automático de seguridad falla 200 veces era cuestión de tiempo que los controladores humanos resolvieran adecuadamente la situación 199 veces, pero que al final acabara habiendo un error. Tanto va el cantaro a la fuente de Puente que tenía que haber un Urda después de Adamuz. Lo raro de hecho, según vamos conociendo este marco, es que no haya habido antes un accidente, y lo raro por supuesto sería que no haya otro mañana. En este sentido resulta clarificador que el gobierno esté pensando nada menos que en cerrar la línea de AVE entre Madrid y Barcelona y acometer obras y reformas de mantenimiento que pueden durar más de un año. ¿Qué sentido tendría una medida de este tipo si no hubiera problemas en la red ferroviaria y el accidente de Urda hubiera sido fruto de un error humano aislado?

Por otra parte, todos conocemos bien a estas alturas a Pedro Sánchez. Si Sánchez cesa o mantiene a alguien es porque calcula que es lo que más le beneficia desde el punto de vista electoral y del relato. ¿Por qué entonces mantiene a Puente pese a la indignación general y pese a que la confianza de los pasajeros en el sistema ferroviario es imposible que se restablezca con Puente? ¿Alguien se imagina seguir confiando en Homer Simpson después de dos catástrofes nucleares? ¿Cuánta gente seguiría viviendo en Springfield? ¿Es mucho menos bruto y confiable Oscar Puente que Homer Simpson o estamos ofendiendo a Homer Simpson con esta comparativa?

Sólo caben por tanto dos interpretaciones. La primera es que Pedro Sánchez ha abrazado la doctrina, con o sin razón, de que un error no existe hasta que no se reconoce. De este modo nadie dimite por Ceuta, por la cloaca, por Adamuz o por el apagón. Si además ahora Sánchez hiciera dimitir a Puente, reconocería que toda su política anterior de no aceptar dimisiones era un error. Mientras Puente se encuentre de por medio, es posible que Sánchez piense que la rabia se dirija al menos en parte contra Puente y no contra él. La segunda interpretación es que Puente sepa cosas de Sánchez. Lo que está claro es que Sánchez no mantiene a Puente al frente de los transportes por su probada competencia y capacidad.

Tengamos en cuenta no obstante que el responsable final de todos los males es Sánchez. Oscar Puente no es más que una marioneta de Sánchez. Pedro Sánchez es el puto amo y los demás, siguiendo la lógica del propio Puente, sólo son putos siervos. Dice Puente que asumir la responsabilidad es dar la cara, pero Sánchez se esconde detrás de la cara de Puente. Tampoco se puede dar por hecho que Sánchez no vaya a cesar a Puente aunque ahora lo mantenga en su puesto. Igual que mantiene a Puente por estar convencido de que el daño podría ser mayor si lo cesa, en el momento en que llegara a pensar que mantenerlo lo perjudica le volaría sin titubear la cabeza, salvo que entremos en la segunda hipótesis de que Puente sabe cosas de Sánchez. Lo que no es una hipótesis y sí lo sabemos es que Sánchez lleva toda la legislatura sin Presupuestos.

La hemeroteca nos recuerda a Sánchez exigiendo a Rajoy que convocara elecciones por no tener Presupuestos y que un país sin Presupuestos es como un coche sin gasolina, o como un tren sin sistemas de seguridad en las vías. ¿Cómo pueden garantizarse las inversiones necesarias para el mantenimiento de las infraestructuras sin Presupuestos? Pedro Sánchez ha preferido seguir aferrado al poder nada menos que toda la legislatura antes que convocar elecciones y aprobar Presupuestos o cambiar su política de alianzas. ¿Podemos extrañarnos entonces de que las vías y otras infraestructuras se caigan a pedazos cuando la gestión pública depende de unos Presupuestos aprobados la legislatura anterior por un Parlamento que ya no existe? No, no es un error humano puntual lo que ha provocado la catástrofe de Urda. Hasta llegar a ese posible error humano final ha existido una cadena previa de fallos catastróficos en la gestión y un marco mortal. Un marco en el que además habrá que ver hasta qué punto, cuanto se analice retrospectivamente con todos los datos, la corrupción ha podido también jugar un papel. Que acabara habiendo otro Adamuz era por tanto casi inevitable en ese marco y lo que es peor: hoy con Sánchez seguimos en ese marco mortal aún.

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