España necesita renacer y rehacerse, crearse ex novo, de cero. Quizás, con la mira en ser más positivos, todavía tengamos un cimiento firme desde el que se pueda echar a andar la renovación de España, pero lo que está claro es que hay que renovar todo de forma radical, no superficial dándole un lavado de cara o una capa de pintura. Maquillar la situación o hacer reparaciones puntuales no vale ya.
Se tiene que desmontar el sistema de enseñanza, de salud, de ayudas sociales, de moral… Las trabas de burocracia e impuestos a la vivienda tienen que desaparecer para que se construya abundante y así bajen los precios. Hay que ir a por los medios de comunicación. Todo desde los medios democráticos. Una cosa es que haya libertad de prensa, pensamiento y de conciencia, y otra que la mayoría de medios de comunicación (incluso los disfrazados de conservadores) promuevan una agenda, que más que reflejar la legítima pluralidad, promueva el debilitamiento moral, la desunión entre españoles, e incluso la insurrección contra España.
Es tan grande el cambio que necesita España que da para un ensayo plasmado en un libro. Por ello propongo focalizar la atención en tres ciudades que por su importancia en la historia de España y en los últimos convulsos meses o en el futuro, pueden inspirar y elevar la moral de la nación.
Hay tres ciudades españolas que podrían representar un enfoque de la renovación o renacimiento radical: Toledo, Ceuta y Cartagena.
Toledo, la Vieja y la Nueva Capital Española
A lo largo de la historia, y todavía en la actualidad, se han creado un sinnúmero de capitales nuevas en diferentes países, tanto menos desarrollados como Brasil o Mianmar, como altamente desarrollados como Surcorea o Japón. Sejong es la nueva futura capital coreana creada de cero y Japón planea trasladar su capital de Tokio a una zona menos proclive a ser atacada por el Pacífico o a recibir un tsunami, al menos para que el impacto sea mucho menor. Japón todavía no ha logrado decidir cuál será la ciudad elegida de las existentes, pero el plan incluye que la candidata absorba varias ciudades importantes de alrededor. Es que una capital que no se quiera que esté atada de pies y manos necesita gran amplitud de territorio y suelo para edificar y para triunfar con las menos trabas posibles, además de proporcionar gran cantidad de vivienda para sus habitantes. Tiene que ir acompañada de proyectos que canalicen las necesidades de infraestructura y vivienda de sus residentes.
Toledo debe ser la nueva capital por ser la antigua capital española, tanto de la España visigoda, sobre la cual se basa el concepto de reconquista, como la capital (o sede gubernamental o de gobierno cortesano) de los Grandes Reyes Católicos. Toledo fue sede principal del cristianismo español, pero a la vez lo fue del judaísmo y del islam, ganando el apelativo de ciudad tricultural y capital de Sefarad, el nombre de España para los judíos sefardíes. La adición del adjetivo “Grandes” en mayúsculas a los Reyes Católicos se debe a que con ellos la historia de España pasó de un contexto de división en varios reinos, a un reino abarcando a todo el país actual. Asimismo se debe a que con ellos se acabó el último poder musulmán en España, a las conquistas/fundaciones de Ceuta, Melilla, las plazas de soberanía, Navarra, las Canarias y el descubrimiento de América. Todo ello ocurrió estando los Reyes Católicos gobernando y residiendo en su corte de Toledo. España empezó a ser grande con Toledo como capital y la reconquista, insisto, basó su relato, o la idea, en la Hispania visigoda que tenía Toledo por capital.
Toledo representa hacer a España volver a los buenos tiempos, los tiempos en los que España empezaba a ser mundialmente relevante y segura de sí misma, en otras palabras, grande y libre. Con la inestimable ayuda de tribus locales consiguió la proeza de dominar dos importantes imperios: el azteca y el inca. Se tienden a obviar las hazañas españolas, pero circunnavegar la Tierra por primera vez, descubrir un hemisferio entero y ser el primer imperio donde no se ponía el sol no es cosa menor. No es cosa menor dominar dos imperios tampoco, no.
Prácticamente todo el nuevo mundo fue español, casi todo un hemisferio; incluso Brasil y partes de los actuales Alaska y Canadá fueron españoles. Por no mencionar innumerables posesiones en Europa, África, Asia y Oceanía, así como los inconmensurables lugares descubiertos por españoles. Fue una hazaña que no buscaba esquilmar (aunque hubiera esquilmadores españoles actuando ilegalmente y castigados al ser descubiertos), sino extender la cultura, tecnología y valores judeocristiano-grecorromanos poniendo fin al canibalismo, evangelizando a los nativos, llenando de catedrales, universidades y de valiosas infraestructuras los puntos más recónditos de su imperio. Imperio que en realidad era una extensión de España, no una serie de colonias, pues había virreinatos tal como los había en la península ibérica. Una forma eficaz de extender la civilización occidental citada, y la específicamente hispánica, fue la promoción del mestizaje racial y la incansable predicación del cristianismo por parte de los frailes en los lugares más remotos y en sus lenguas indígenas. Todo ello empezó con la capitalidad española en Toledo.
Toledo, patrimonio de la humanidad, no tiene por qué perder ese reconocimiento porque se vuelva una gran ciudad, haciendo verdadero honor a su apodo de ciudad imperial. Toledo debe aprovechar la crisis habitacional de Madrid y convertirla en una oportunidad, una bendición, además de construyendo viviendas para un millón de habitantes (no inmediatamente) junto a la actual ciudad de Toledo, sino que absorbiendo toda su comarca es lo que puede constituir esa nueva ciudad. Una ciudad que dé vivienda a los madrileños que no se la pueden permitir por precio o por falta de existencias. Una ciudad patrimonio de la humanidad rodeada de viviendas bajas (algo más allá estarían los grandes bloques de pisos) para que conserve su patrimonialidad, y que a la vez, a la redonda, dé oportunidades a los madrileños y toledanos que no dispongan de vivienda propia. Una ciudad exclusivamente para primera vivienda, a un precio libre de impuestos que resulte realmente (no teóricamente) asequible para el joven toledano medio de hoy y de la próxima década, y que para el madrileño medio sea una ganga. Una ciudad que aunque en su día construya viviendas de inversión, tenga la condición inicial de ser para residencia habitual (en caso de que con el tiempo algunos de sus habitantes adquieran viviendas adicionales) por los 10 primeros años. A fin de que los futuros ayuntamientos cercanos a este Toledo ampliado no sufran la gentrificación, el plan incluiría asimismo vivienda realmente asequible para los residentes demandantes de la misma zona que lleven cinco años o más en dichas localidades.
Esto no es un ataque encubierto a Madrid, sino más bien un reconocimiento de la realidad de que Madrid es una ciudad global que en la práctica hace tiempo que va a su albedrío y que es mejor reconocer, aceptar e incluso promover que obviar, negar y obstaculizar. Que Madrid crezca económicamente sin ataduras, que un pellizco le tocará al conjunto de España, y que Toledo sea el símbolo del renacer de España. El urgente de construir segundo gran aeropuerto madrileño, que se construya también en Toledo.
Trasladar la capital de España a Toledo con un millón de residentes madrileños supondría volver a llenar, al menos una parte, de la España vaciada y extender parte de la prosperidad y talento madrileño, que no se puede desarrollar por falta de vivienda en Madrid, a una zona mucho más humilde económicamente, que se beneficiaría sobremanera. No solo tantos residentes madrileños y locales toledanos conseguirían vivienda, sino que sus necesidades crearían puestos de trabajo adicionales a una zona más bien poco próspera.