Todo fue un fraude: ya se sabía que ganaría Servinabar

La adjudicación de las obras para desdoblar los túneles de Velate afecta a la obra pública más importante y cuantiosa de la historia reciente de Navarra. Es además, con diferencia, la obra pública más significativa desde que la izquierda y el nacionalismo gobiernan Navarra. Es decir, no es que los mandarinatos de Barkos y Chivite hayan afrontado decenas de obras de esta magnitud y una les haya salido mala, es que el desdoblamiento de los túneles es la única obra de esta importancia, por tanto su única referencia, lo que determina un 100% de fracasos en el historial de los gobiernos del cambio. Con una magnitud tan multimillonaria, siendo la gran obra de sus legislaturas, y pretendiendo encarnar una forma distinta e intachable de hacer política, precisamente los partidos del cambio debieran haber echado el resto en que las obras de los túneles fueran absolutamente impecables, inatacables y ejemplares, constituyendo el referente para las obras públicas del futuro. Por el contrario, todo sugiere que el entramado corrupto de los gobiernos del cambio se lanzó sobre esta obra como si pudiera no haber un mañana, temiendo acaso que no volviera a propiciarse ocasión semejante para un pelotazo.

La inevitable desaceleración veraniega del curso político no ha evitado que en julio y agosto se hayan seguido produciendo acontecimientos relacionados con el caso de los túnles de Velate y su adjudicación a Servinabar. Así, por ejemplo, nos encontramos con la comparecencia en la comisión de investigación del Senado de Antxon Alonso, el beneficiario de la megaobra y copropietario de Servinabar a medias con Cerdán. Alonso al menos no sorprendió a España marcándose una huida a lo Roldán o Puigdemont, pero se acogió en cambio a su derecho a no declarar. No se trata sin embargo de una obligación de no declarar. O sea, Alonso podía haber respondido a las preguntas y aportado todas las aclaraciones necesarias si esa hubiera sido su voluntad.

También durante estas pasadas semanas de verano hemos conocido que Antxon Alonso, en su faceta de facilitador de los pactos entre el PSOE y el nacionalismo, gozaba de una ostensible familiaridad con Uxue Barcos y su marido, el lobbista Jesús González Mateos. Así, entre las escasísimas imágenes anteriores al afloramiento del escándalo que han trascendido de Antxon Alonso, la fototeca añade ahora el sonriente posado en Sanfermines de 2019, tomando una copa, de Alonso con Uxue Barcos y su marido.

Esta foto resulta interesante porque, entre otras cuestiones, ya durante la legislatura de Barkos sucedió que Alonso dio el salto de la nada a la adjudicación de jugosas obras públicas forales como la del colegio público de Arbizu, valorada en 2,63 millones de euros, dándose la circunstancia de que la sociedad beneficiaria en ese caso no fue Servinabar, sino Alegure, otra sociedad de Antxon Alonso de la que también era socio Iñaki Alzaga, el presidente del Grupo Noticias. Casualmente, la otro foto más llamativa de la escasa fototeca de Alonso es junto a Joseba Santamaría, el director del Diario de Noticias.

Servinabar como tal se llevó no obstante adjudicaciones por más de 12 millones de euros durante la legislatura de Barkos. Como poco llama la atención que Servinabar comenzara su carrera de éxito en Navarra en 2015 y ni un minuto antes, justo con la llegada de Barcos al poder. Cerdán por su parte se convirtió en socio secreto de Servinabar, y beneficiario oculto de sus adjudicaciones, en 2016. Desde luego el historial de éxito y adjudicaciones de Servinabar no acabó con la legislatura de Barcos sino que se prolongó y amplió con Chivite hasta tocar techo en Velate. Tampoco se podía esperar otra cosa siendo el copropietario en oculto de la sociedad el Secretario de Organización del PSOE, ilustre sucesor de José Luis Abalos.

Llegamos así en esta pequeña recapitulación al momento de recordar que la multimillonaria adjudicación de las obras de los túneles estuvo marcada por las irregularidades mucho antes de que la UCO entregara al juez el informe del caso Cerdán. Estas irregularidades adquieren una nueva relevancia, evidentemente, a la luz de los hechos que hemos ido conociendo con posterioridad, por eso interesa volver a ellas para no perder la perspectiva de toda la situación. Así, en el informe de valoración de la mesa de contratación de las obras, allá por agosto de 2023, previo a la adjudicación por parte del gobierno de Chivite, se produjeron no uno, ni dos, sino tres votos particulares de los miembros de la mesa frente a ese informe. Concretamente, el voto particular de Lorenzo Serena Puig, vocal secretario de la Mesa de Contratación, deja constancia expresa de que ya antes del informe de valoración era un clamor que la UTE con Servinabar iba a ser la ganadora del informe de valoración:

“En la sesión celebrada el día 14 de junio puse en conocimiento de todos los miembros de la Mesa de Contratación el hecho de que con anterioridad a la comunicación por el Presidente de la puntuación de las ofertas (del día 30 de mayo), varios empleados del Departamento (algunos de ellos miembros integrantes de la Mesa), me habían revelado la existencia de comentarios (incluso de personas ajenas a la Administración) acerca del sentido de la valoración. Este extremo, así como el acierto de la orientación del comentario, fue corroborado por cinco de los miembros de la Mesa presentes en dicha reunión”.

Entre las múltiples irregularidades del proceso de valoración y adjudicación de las obras, por consiguiente, tenemos el hecho de que el presidente de la mesa, cuya jubilación legal el gobierno retrasó de forma excepcional, conociera las puntuaciones de los demás antes de proceder a su propia puntuación, y que por tanto pudiera determinar con sus votos el sentido de la votación, cosa que por otra parte fue lo que sucedió. Si esto no fuera suficiente, ya antes del informe de valoración el secretario de la mesa denuncia que era un clamor que la ganadora iba a ser Servinabar, y por supuesto Servinabar era la empresa de Alonso y Cerdán.

Esta es por tanto la historia no sólo de un más que probable caso de corrupción, sino la historia de cómo el gobierno foral presidido por Chivite y el departamento dirigido por su tío desoyeron todas las advertencias y señales de alarma en un proceso de adjudicación que por su relevancia y cuantía debería haber sido absolutamente ejemplar. Para rematar las sospechas, el beneficiario de la adjudicación millonaria no sólo era el número dos del PSOE sino la persona que aparece en trescientas mil fotos en todo tipo de situaciones con Abalos, Chivite y Alzórriz. ¿Cómo no sospechar? ¿Hubiera sido posible la adjudicación a Servinabar con otro gobierno? ¿Se hubieran despreciado sin más las denuncias de los votos particulares con otra mayoría? Para evitar presidir un gobierno bajo sospecha Chivite debería haber dimitido, pero ha elegido seguir en el cargo en vez del camino de la ejemplaridad. ¿Cómo poder esperar otra cosa si por otro lado es Sánchez el que marca en el gobierno y en el PSOE el canon de la ejemplaridad? El PSOE ha acabado con la idea de responsabilidad política. El cargo se mantiene hasta que la policía te lleva detenido o la Justicia te inhabilita, y mientras tanto se usan el cargo, la fontanería y los recursos del estado para tratar de evitar que semejante cosa suceda. Una por una Chivite y Sánchez van superando el verano a pesar de todos los escándalos acumulados. Suma y sigue. Mañana será otro día y nos encontramos ante personajes cuyo horizonte político sólo es sobrevivir otra jornada en el Palacio de Navarra o Monclóa al precio que sea.

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