En espera de lo que pueda estar por venir, ya con Abalos condenado, con Zapatero, Begoña Gómez y David Sánchez-Castejón imputados, y con Santos Cerdán en libertad provisional, sería momento quizá de que los líderes de la izquierda, particularmente del PSOE, comiencen a pedir disculpas por todas las veces que llamaron bulos, desinformación, fango y fake news a todas las noticias e investigaciones periodísticas que empezaron a denunciar la corrupción que anidaba alrededor de la cúpula socialista.

Pedir perdón por todas las veces que insultaron y atacaron a la prensa libre por hablar de los escándalos del gobierno es algo más que una exigencia de moral o de justicia. ¿Se equivocaron al poner la mano en el fuego por sus corruptos o los apoyaban pese a todo? ¿No sabían nada? ¿No se enteraban de nada? ¿Cuántos estaban implicados? ¿Era una trama demasiado grande para aceptar su existencia porque podía poner en riesgo el poder y hasta la existencia del propio PSOE? ¿Atacaban a la prensa por que no sabían todo lo que estaba por salir o porque lo conocían perfectamente? En el mejor de los casos se les podría acusar sólo de torpeza agresiva y de ceguera ideológica.

El discurso oficial es que la izquierda no tolera la corrupción, que eso de la corrupción son cosas de la derecha, que cuando en la izquierda hay algún caso de corrupción se combate de forma implacable, que el votante de izquierda no perdona la corrupción de la derecha, pero mucho menos todavía la de la izquierda. Los hechos, sin embargo, evidencian que todas estas afirmaciones son otras tantas mentiras. No sólo es que la izquierda no haya cargado contra sus corruptos, sino que ha salido en tromba a destruir a los medios que denunciaban a sus corruptos. Lo menos que podrían hacer ahora el PSOE y sus socios es pedir disculpas a los medios. Incluso darles las gracias por señalar lo que estaba sucio, al menos si es cierto que quieren partidos y gobiernos limpios y particularmente los suyos.


No sólo negaron su corrupción. No sólo pusieron la mano en el fuego por sus corruptos. No sólo insultaron y descalificaron a los medios que estaban contando la verdad. Además propusieron castigar y perseguir a esos medios, censurarlos, limitar las redes sociales, restringir el acceso a la información, tomar medidas para que el gobierno decidiera lo que era información y lo que no, lo que se podía publicar y lo que no. Ahora vemos el peligro de dejar tal poder en manos del gobierno. Ahora la izquierda debería pedir perdón.

La organización de una cloaca para buscar trapos sucios, reales o construidos, de todos los jueces, policías, guardias civiles, fiscales y periodistas molestos es la culminación de la forma de actuar del PSOE. No se trataba de acabar con la corrupción, sino de acabar con quienes la denunciaban. No se trataba de acabar con los bulos, la desinformación y la máquina del fango, sino de poner ellos en marcha una máquina del fango para destruir a quienes investigaban a sus corruptos. Hay mucho de qué avergonzarse. Hay mucho por lo que asumir responsabilidades políticas. Hay mucho que cambiar. Hay mucho por lo que deben pedir perdón. Y es de temer que en el futuro habrá más aún.