En los últimos días asistimos a un baile de movimientos extraños y llamativos entre los partidos políticos. Todas las formaciones hacen sus números, estudian los mapas y cirscunscripciones y afilan sus estrategias. La estrategia ganadora, como estamos viendo, en muchos casos pasa por abrazar una gran coalición o un gran frente, sea para el Congreso o para el Senado, formar listas conjuntas o incluso dejar de presentarse una formación en tal lugar u otro. Puede que esto tenga sentido desde el punto de vista aritmético, ¿pero lo tiene desde el punto de vista representativo y político?

Evidentemente hay un problema, y es que el sistema electoral deja fuera muchos votos si no se acude en coalición o se fragmenta el voto. Sin embargo, la solución por la que se está apostando frente a este problema es construir coaliciones forzadas o antinatura. Obviamente es una posibilidad pero, ¿pero por qué no explorar otra posible solución del problema como sería cambiar el sistema para que fuera más representativo y la gente pudiera elegir lo que vota?

En el caso de Navarra, por ejemplo, tenemos sólo 5 diputados para enviar al Congreso. Esto significa, si votan unos 300.000 electores, que cada diputado cuesta unos 60.000 votos. Esto significa también que en 2023 casi el 22% de los electores navarros votaron partidos que no obtuvieron representación. También significa que muchos electores votaron a un partido que en realidad a lo mejor no era el que querían votar, pero era al que acabaron votando pensando en el “voto útil”. ¿Por qué no mejorar la representatividad y permitir que la gente pueda votar lo que prefiere en vez de obligarla a votar una gran coalición (y un programa que no le convence) o desembocar en el voto útil en vez de en el voto que quiere? Desde luego a los grandes partidos precisamente por esto les puede favorecer el sistema y es normal que no quieran cambiarlo, pero a lo mejor los electores sí deberíamos al menos reflexionar sin conclusiones predeterminadas sobre este debate que no se quiere que exista.


En las Elecciones Europeas, por ejemplo, toda España es una circunscripción única. Esto significa que todos los votos de todos los españoles valen lo mismo y que todos los partidos pueden presentarse por separado y obtener representación, porque se reparten 61 diputados a escala nacional. Esto significa que un partido que consiga reunir 285.000 votos en toda España ya puede tener representación. No hace falta que diluya sus siglas o sus ideas en una gran coalición.

En Soria, por poner otro ejemplo significativo, en las generales se disputan sólo 2 diputados, de los que en 2023 el PSOE se llevó uno y el PP otro. ¿Significa eso que sólo hay socialistas y populares en Soria? No sólo es que un 32% de sorianos se quedaron sin representación en el Congreso, sino que muchos de los que votaron PP o PSOE a lo mejor sólo lo hicieron pensando en el voto útil y no en sus deseos. Paradójicamente, el sistema actual de circunscripciones y asignación de escaños se supone que se justifica para beneficiar a españoles como los de Soria.

Desde luego no hay seguramente un sistema perfecto y todos tienen sus pros y sus contras, pero a lo mejor tenemos que preguntarnos por las virtudes de este sistema actual, un sistema en el que a VOX se le pide que no se presente al Senado en 24 circunscripciones, en el que se cambia el voto deseado por un voto útil que además al final tampoco lo es, o en el que una calculadora escacharrada aconseja meter en el mismo paquete a Rufián, Colau, Txapote, Irene Montero y el pato Donald. Un poco de respeto para los simpatizantes del pato Donald y el elector español.