Sánchez es nuestro hombre para destruir el PSOE

Pedro Sánchez es, supuestamente, el enemigo público número uno de la derecha, el coco, el muro, el dique colosal, el campeón de la izquierda, el hombre que no sólo va a frenar a la derecha y la ultraderecha en España, sino a Trump, a Milei y a toda la derecha internacional. La izquierda debe por tanto adorarlo y la derecha temerlo. ¿O estamos cayendo todos presa de una ficción?

Frente al consenso general, una voz como la del profesor Anxo Bastos dice por el contrario estar encantado con Sánchez. Relativamente encantado, obviamente. A lo que se refiere Bastos no es a que Sánchez no sea un sujeto bastante execrable, sino al hecho de que es de hecho un presidente interino, un gobernante en funciones sin mayoría suficiente para hacer nada relevante, para aprobar ninguna ley de calado ni para sacar adelante ningún Presupuesto. Puede hacer ruido, puede sacar a Franco de la tumba y volver a enterrarlo, puede sacar a España de Eurovisión, puede hacer ricos a todos sus teleñecos en RTVE, pero en realidad no puede hacer más. No tiene mayoría para nada, es casi el sueño de un libertario. La situación de Sánchez es tan precaria que está gobernando con unos Presupuestos aprobados en 2022. Es decir, no sólo esta gobernando con unos Presupuestos prorrogados y prorrogados una y otra vez, sino unos Presupuestos que aprobó el parlamento anterior, una cámara que ya no existe, fruto de unas elecciones anteriores a las de 2023 y de una mayoría y una representación que ya no está ahí. Desde este punto de vista es comprensible la excitación libertaria de un intelectual como Bastos, aunque este optimismo sólo se justifica desde un ángulo muy limitado de la contemplación de la realidad. La satisfacción de Bastos sería la imagen reversa de un izquierdista esperando que el gobierno de Sánchez hiciera grandes reformas en la economía, la fiscalidad o la educación. Si el sentimiento de Bastos es de satisfacción, el de este izquierdista sería de frustración.

Todo lo anterior no quiere decir sin embargo que Sánchez no representa un grave peligro para España, en términos particularmente inquietantes también para un libertario, o precisamente para un libertario, porque con o sin mayoría en el Congreso Sánchez representa sobre todo una grave amenaza para la libertad. Justamente el no poder legislar conduce a Sánchez a intentar gobernar por decreto y llevar al límite el carácter autoritario y extraparlamentario de su gobierno. No pudiendo legislar, Sánchez intenta colonizar todo el resto de instituciones y resortes de poder, bien es cierto que esto lo buscaría de todos modos y que al menos podemos consolarnos de que ya no controle por completo el Congreso. Tampoco es cierto es que haya un descontrol absoluto porque sus socios son siempre recuperables al precio adecuado. El problema para Sánchez es que a veces tampoco está totalmente en su mano pagar ese precio. Aparte de esto usa el poder para contaminar todas las instituciones buscando la impunidad en los casos de corrupción que enfangan todo su entorno. El deterioro institucional que España está sufriendo con el sanchismo es salvaje. Por si fuera poco, aunque no pueda legislar a voluntad, el sanchismo está instalando desde su teleraña mediática, empezando por RTVE y las propias tribunas del gobierno, un constante discurso de polarización, de división y de odio. Es cierto que Sánchez no controla el Congreso y que la mayoría sanchista es difusa, pero estamos viendo que en España una buena parte del poder no depende del parlamento, es usable a discreción por el gobierno y el gobierno usa ese poder de forma autocrática y venenosa.

Matizado todo lo anterior, podríamos seguir pensando que Sánchez es quizá una bendición para la derecha. Hay dos formas en que la derecha puede acabar arrasando electoralmente en España. Una es que surgiera en la derecha un líder, o varios ya puestos, dotado de oratoria, carisma y capacidad de persuasión privilegiados, y que este líder, o estos líderes, arrastraran a una gran mayoría de los españoles por el poder de la convicción. Alternativamente, la derecha puede arrasar electoralmente porque en la izquierda surja un líder tan detestable, tóxico y nocivo que acabe llevando a la izquierda al colapso y la autodestrucción. ¿Qué acabamos de ver en Extremadura sino algo parecido? ¿Qué podríamos esperar en una elección nacional? Lo segundo mejor que puede pedir la derecha para triunfar, después de un líder carismático propio, es un líder catastrófico al otro lado del muro. Como líder catastrófico de la izquierda Sánchez es el hombre soñado por la derecha. Puede que Sánchez sea un mal necesario por el que hemos de pasar un tiempo para conseguir la aniquilación política del PSOE. Peor sería quizá, al menos desde un punto de vistqa meramente electoral, un socialista inteligente, cualificado, competente, honrado, rodeado de gente brillante e intachable, que generara grandes consensos y simpatías. Eso sí sería un problema. Sánchez en cambio es una bendición para la derecha.

En realidad, llegados a este extremo, podríamos preguntarnos cómo sería una persona que quisiera destruir a la izquierda desde dentro. ¿Cómo actuaría hipotéticamente un socialista resentido con su partido, herido por ejemplo en su orgullo al haber sido expulsado de la secretaría general, que quisiera en venganza destruir el partido? ¿Qué haría? ¿De quién se rodearía? ¿Cómo lo haría? ¿Cuánto aguantaría una situación de deterioro hasta achicharrar por completo al partido? ¿Qué candidatos pondría al frente de cada comunidad para aniquilar al partido? Quizá no se trata de argumentar que Sánchez es una persona que voluntariamente se ha marcado como fin destruir al PSOE y que en realidad es algo así como un topo de la derecha, pero el hecho es que sin quererlo puede ser indistinguible de una persona que lo fuera y que persiguiese ese fin. ¿Quiere Sánchez aguantar hasta 2027? ¿Quiere hacer un Bettino Craxi a la española? ¿Quiere que el Supremo pida un suplicatorio y salir de Moncloa esposado? Quizá haya que sufrir un poco aún mientras tanto, pero puede que en un año y medio nadie pueda hacer tanto como Pedro Sánchez por la derecha y la erradicación electoral del PSOE.

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