No hace falta el permiso del PSOE para venir a Pamplona a hablar en libertad

Como era de prever, la llegada de Vito Quiles a Pamplona se saldó con la presencia de la correspondiente manada de salvajes abertzales que se dicen antifascistas, mientras practican el fascismo con precisión ensayada. Existe la violencia abertzale, pero existe además una simpatía política y mediática por esa violencia, que explica a su vez esa violencia. Por supuesto Vito Quiles ha conseguido gratis un día entero de publicidad gratuita en todos los medios, sin que por lo visto lo entiendan tampoco los inteligentísimos odiadores de Vito Quiles, que se piensan que ayer el personaje sufrió una derrota.

Obviamente esto no va de que te caiga bien o mal Vito Quiles. La libertad de circulación y expresión es un derecho de todo el mundo. Libertad de expresión o ser demócrata no es dejar hablar sólo a los que piensan como tú o se encuentran a tu lado del muro, sino precisamente defender el derecho a hablar de los que piensan distinto. En este sentido, si no para otra cosa, Vito Quiles sirve para retratar a mucho falso demócrata. Lo que hace el falso demócrata es etiquetar de fascista a todo aquel que piensa distinto para disfrazar de lucha antifascista lo que en realidad es su odio a la libertad y la democracia.

Naturalmente Vito Quiles no lanzó ayer ninguna botella ni quemó ningún contenedor en Pamplona. Toda esa violencia, la misma que ya vimos el año pasado, es responsabilidad exclusiva de quienes la practicaron. No cabe por tanto trasladar la responsabilidad de esa violencia a Vito Quiles sino que pertenece a sus autores. En este sentido, se puede estar de acuerdo o no con las cosas que hace o dice Vito Quiles, pero mientras las haga dentro de la ley está en su derecho de hacerlas. Si hace algo fuera de la ley, entonces la forma civilizada de oponerse a Vito Quiles es asimismo siguiendo los procedimientos legales. Justificar por tanto la violencia contra Quiles es aplaudir la jungla y las fieras. Quiles no tiene menos derecho que Otegui o Irene Montero a venir a Pamplona a pronunciar un discurso. De hecho, que se sepa, Quiles no ha secuestrado a nadie, no llama presos políticos a asesinos, no justifica la violencia contra las personas que critica y no exalta ni defiende dictaduras como los antes citados.

Llama la atención en este sentido el papelón del partido socialista, diciendo antes del acto de Quiles que no quiere agitadores en Pamplona y diciendo después que condena todas las formas de violencia y los discursos de odio. Menos mal que en cambio no condena los discursos hipócritas. Es decir, el PSN no puede decir a quién quiere y a quién no quiere en Pamplona. No hay que pedir permiso al PSN para venir a Pamplona. No se entiende que el PSN tenga una lista de la gente que puede o no puede venir a Pamplona. Si existe una lista semejante, no se comprende tampoco que en ella está Vito Quiles y no estén muchos otros. No se puede hablar tampoco de que el PSN condena todas las formas de violencia, como si ayer hubiéramos visto otra forma de violencia que la violencia ultraizquierdista abertzale. El nivel democrático de la izquierda y el nacionalismo actual es que ayer o apoyó abiertamente la violencia abertzale o practicó con fervor la teoría de la minifalda aplicada a la violencia política, condenando tanto al violador como a la violada por ir provocando.

Por supuesto podemos encontrar lo esperable en estos casos en los medios de progreso bien conocidos. El Noticias, que habla de ultraderechistas para referirse a Quiles o sus seguidores, en todo momento evita llamar ultraizquierdistas o ultranacionalistas a los violentos, llegando a atribuir a Quiles en vez de a esos ultras la responsabilidad de los disturbios.

Una consideración necesaria ante este tipo de violencias es que su utilización no puede convertir en provocador al que las sufre ni servir para alcanzar el fin de acallar a todo el que molesta al violento. Es decir, usar la violencia contra el acto legal de alguien no puede convertir ese acto legal en provocador, ni se puede caer en la tentación de evitar esos actos para que no se produzca el estallido violento, porque entonces se valida al violento, se premia la estrategia violenta y se incentiva el uso de la violencia para evitar otros futuros actos que no les gusten a los violentos. En este sentido no se trata de defender el derecho particular de Vito Quiles a expresarse o venir a Pamplona guste más o menos el personaje, sino de defender el derecho de todos a que nuestra libertad no la puedan limitar los violentos.

Caben finalmente otro par de reflexiones al respecto. No puedes emplear la violencia ni desatar el caos y después deplorar sus consecuencias, lamentando que alguien recibiera un porrazo o un pelotazo. Tampoco puedes lamentar que la policía siempre cargue contra ti cuando eso sucede porque eres siempre tú el que va a boicotear los actos de los demás mientras que los demás nunca van a boicotear los tuyos, lo que te convierte a ti en el intolerante, odiador, antidemócrata y fascistilla de esta película. Podría resultar sorprendente que esta gente no sea capaz de peribir su propia violencia e intolerancia, o la campaña gratuita que le hace a Quiles, pero hay que tener en cuenta que este tipo de gente no se caracteriza habitualmente por ser la más despierta y afilada del estuche de lapiceros.

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