Los extremeños no quieren al PSOE ni una mayoría absoluta del PP

El sanchismo ha muerto en Extremadura. Esta afirmación podemos abrazarla además en su doble sentido. Es decir, que el sanchismo ha muerto y que ha muerto en Extremadura, ambas cosas. Realmente no es que el sanchismo haya muerto en Extremadura, sino que en Extremadura se ha podido comprobar que está muerto. Cuidado no obstante con los muertos, porque a los cadáveres políticos hay que terminar de enterrarlos. ¿Qué análisis no obstante podemos llevar a cabo de todo lo sucedido en Extremadura?

Es un fracaso de Sánchez. Un fracaso personal. Pedro Sánchez se ha implicado personalmente a todo trapo en la campaña de Extremadura. Sánchez además ha convertido en títeres a todos los antaño barones de las federaciones socialistas, ergo todo es Sánchez y éxito o fracaso de Sánchez. En el caso concreto extremeño, la propia designación del candidato del PSOE no sólo es que ha venido determinada por Moncloa, sino que ha sido tan rocambolesca como definitoria del sanchismo. Gallardo, el candidato sanchista, ni siquiera era diputado cuando fue nombrado secretario general del PSOE extremeño en 2024, sino que era presidente de la Diputación de Badajoz. Entonces fue cuando saltó el caso del hermano músico de Sánchez y el puesto creado para él ex profeso en la administración, con el consiguiente sueldo a costa del presupuesto. Cuando la Justicia comienza a investigar el caso, Gallardo renuncia a la Diputación y Pedro Sánchez lo convierte a trompicones en diputado para poder aforarlo. Para poder aforarlo, tiene que dimitir una diputada socialista y después renunciar a sustituirla los otros cuatro candidatos de la lista que iban antes que Gallardo. Total, que el PSOE se ha presentado a las elecciones con un candidato imputado totalmente trucho, pero sumiso a Moncloa.

La candidatura del socialista Gallardo se ha tenido que construir escapando de la acción de la Justicia por un caso de corrupción que implica al hermano de Sánchez, y para evadir a la Justicia Sánchez ha utilizado sin escrúpulos el poder de Ferraz y Moncloa a discreción. Gallardo era por tanto el candidato sanchista perfecto. Un sanchista de manual tanto por su persona y situación como por la forma en que el sanchismo lo puso en la lista. El resultado sin embargo es un fracaso monumental. Atrás han quedado los tiempos en que Sánchez ganaba la carrera circulando en dirección contraria y saltándose los semáforos pero ganaba. Ahora en Extremadura le ha pasado por encima el camión de la realidad. El candidato procesado fracasa absolutamente pero no puede dimitir ni lo pueden echar porque se cepillaron a cinco candidatos para aforarlo, y lo aforaron para proteger a Sánchez y a su hermano, no fuera que Gallardo ante la Justicia cantara la chirimoya.

Respecto a la magnitud de la debacle sanchista cabe subrayar que la derecha ha obtenido el 60,08% de los votos. Pensemos que en 2019 el PSOE obtuvo la mayoría absoluta, que el presidente fue Guillermo Fernández Vara con 34 diputados (la mayoría absoluta es 33) con sólo los votos del PSOE, y que la izquierda como bloque recabó el 53,91% de los votos. Ayer el bloque izquierdista se quedó en el 36% de los votos. Da igual que Podemos consiguiera un cierto aumento de votos. Esta vez Podemos no fue el amortiguador del sanchismo. De los 10 diputados que pierden los socialistas, Podemos sólo recoge 3. El muro sanchista saltó ayer hecho añicos. 7 escaños saltaron por encima del muro o lo atravesaron hacia el lado maldito. En ninguna de las 20 principales localidades de Extremadura ha sido el PSOE primera fuerza. De los 20 principales municipios de Extremadura, en 19 la primera fuerza es el PP y en 1 VOX. La barricada sanchista es historia.

No sólo sin embargo asistimos a una derrota sanchista. En realidad también se produjo ayer una visible derrota de María Guardiola. No perdamos de vista que la candidata del PP ya era presidenta del PP, aunque ayer los adeptos le gritaran presidenta, presidenta. Lo de ayer han sido unas elecciones anticipadas, un órdago que lanzó Guardiola para obtener la mayoría absoluta en vez de tener que negociar con VOX. Para seguir en minoría, Guardiola se podía haber ahorrado el viaje y el coste y la paralización de unas elecciones. El resultado es que Guardiola no ha conseguido el resultado perseguido, no ha obtenido la mayoría absoluta, sólo ha subido un escaño y, aunque ha crecido en porcentaje, en realidad ha tenido menos votos que en 2023, concretamente 228.300 frente a 236.235. Por el contrario, VOX no sólo ha conseguido que Guardiola lo siga necesitando, sino que ha pasado de 5 diputados a 11, del 8% de los votos al 16,9%, y de 49.400 votos a 89.360, pese a la bajada de la participación. Estas elecciones tenían un objetivo concreto para el PP, que era conseguir mayoría absoluta, y ese objetivo no se ha conseguido. Los extremeños no han avalado el órdago de Guardiola para poder gobernar sin VOX, de hecho no le han dado la mayoría absoluta y en cambio han doblado la representación de VOX. Es evidente que el sanchismo ha sido empalado pero para Guardiola, que vuelve a la casilla de salida, la jugada ha sido un fracaso.

Solemos interpretar los resultados electorales diciendo que el electorado o Extremadura ha hablado y ha dicho esto o lo otro, asumiendo erróneamente algo así como que el electorado es un sujeto con consciencia y voluntad propia que habla con una voz. Por el contrario, lo que existe realmente es un conjunto de individuos con consciencias y voluntades diversas, que no votan concertadamente sino cada uno por su cuenta y que simplemente generan un resultado. El problema ahora de Guardiola es gestionar ese resultado en el que no suma para gobernar sola. Ayer en su tardía comparecencia Guardiola no parecía haber asimilado todavía el resultado y que no había conseguido su objetivo de gobernar en solitario.

Si su posición es que los demás le regalen los votos a cambio de nada, que explique el PP en qué universo sucede eso. Si alguien le regala los votos a Guardiola a cambio de nada es un fraude a sus electores, es reconocerse como irrelevante, es decirles a sus votantes que la próxima vez voten directamente a Guardiola. Los votos del PSOE, por otro lado, no debería quererlos Guardiola ni regalados. Porque no sólo es ser investida, es después poder aprobar leyes o sacar adelante Presupuestos dependiendo de un sanchismo en plena debacle. Arrimarse ahora al PSOE es un suicidio, para Guardiola y para Feijóo. Parece que algunos gurús del PP, quizá los mismos que le dijeron que iba a sacar mayoría absoluta, le dicen ahora que se presente a la investidura sin ofrecer nada a VOX, y que sea VOX quien tenga que explicar si prefiere que gobierne la izquierda. Si Guardiola no quiere negociar nada con VOX, entonces la que bloquea es Guardiola y no VOX. Seguramente no se da cuenta de que, teniendo un 60% de votos la derecha, sería Guardiola la que tendría que explicar cómo chirimoyas prefiere tripetir elecciones o gobernar con el imputado de Sánchez o con Podemos antes que negociar nada con VOX.

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