La luz que descarrila y el AVE que se apaga

Son tantas las cosas y casos con los que nos satura el gobierno, seguramente de forma deliberada, que los grandes temas que dejamos atrás quedan en el olvido, incluidos sucesos tan graves como el descarrilamiento mortal del AVE en Adamuz o el gran apagón del año pasado. El gobierno tapa su incompetencia y su responsabilidad dando patadas hacia adelante a todos los escándalos que le afectan, esperando que el escándalo de mañana tape al de ayer. La cuestión es que la estrategia funciona y que el suministro de escándalos para mantener la estrategia parece infinito. Por irónico que parezca, a más escándalos mejor para el gobierno. El que mucho abarca poco aprieta, y con tanto escándalo la opinión pública no aprieta por incapacidad para abarcar todos los escándalos y todos los temas de actualidad.

Observados con perspectiva dos grandes sucesos como el apagón y el trágico accidente de Adamuz, lo que observamos en ambos casos es un modus operandi común. El gobierno trató desde el principio de ocultar las causas de ambos eventos remitiéndonos a estudios y complejidades que quedarían diluidos y olvidados en el futuro, sepultados y relativizados por la multitud de escándalos y nuevos sucesos acaecidos en el prolongado entremedio.

Por otro lado, el gobierno no se ha limitado a empujar hacia delante y hacia el olvido situaciones como el apagón y el descarrilamiento. Todo indica que la actuación del ejecutivo no se ha limitado a ser pasiva, sino que ha intentado activamente esconder, destruir y manipular pruebas que ponían de manifiesto su responsabilidad técnica y política en estos graves asuntos.

Seguramente no es casual que el gobierno, responsable de Adamuz a través de ADIF, o responsable del apagón a través de Red Eléctrica, se caracterice al mismo tiempo por usar sin escrúpulos como munición política contra sus adversarios a las víctimas de las epidemias, las catástrofes naturales o los accidentes. Desde los tiempos de Zapatero la derecha no es sólo que estuviera equivocada, es que tenía las manos permanentemente manchadas de sangre o por lo menos de chapapote. Zapatero inició un proceso de voladura de la convivencia en virtud del cual o se era aliado de los socialistas o se era un criminal. Exponente de esta estrategia fueron el Prestige, el Yak 42, la memoria histórica, el no a la guerra y después el 11M, pero más tarde ya con Sánchez la estrategia continuó con los 7.291 de la pandemia, la DANA o la permanente identificación con el nazismo de toda la derecha española.

Este permanente intento de convertir en criminales a quienes se oponen al socialismo (paradójicamente los delincuentes que apoyan al socialismo son indultados y blanqueados), tiene un reverso. Por culpa de esta estrategia del PSOE de usar los muertos o las catástrofes sin escrúpulos, todos los accidentes y todas las catástrofes han dejado de ser inocentes. O son culpa de la oposición, o son culpa del gobierno. Todos los muertos que no se le pueden echar al de enfrente son para uno. Así que en Adamuz o en el apagón, si no se le ha echado la culpa a la oposición, es que la responsabilidad es del gobierno. No hace falta ningún estudio para confirmarlo. Si el gobierno no supiera que la culpa era suya desde el primer momento, hubiera usado los muertos como arma arrojadiza contra los enemigos del gobierno. Como los muertos o las responsabilidades no eran utilizables contra la oposición, la estrategia está siendo dilatar, manosear y relativizar las conclusiones sobre lo sucedido cuando no tratar, según parece, de ocultar y manipular directamente las pruebas.

Cabe señalar que esto mismo que se puede observar respecto al apagón o Adamuz, opera también cuando hablamos de corrupción. Gracias al PSOE, en España ya no hay simplemente accidentes, apagones, atentados o casos de corrupción. Para el PSOE todo queda reducido a cosas que el gobierno puede usar contra la oposición y a cosas que la oposición puede usar contra el gobierno. Lo de menos en este marco es la verdad o resolver los problemas de fondo. Como en el caso de Adamuz o el apagón, en el ámbito de la corrupción la reacción del gobierno no ha sido luchar contra ella o asumir las responsabilidades políticas. Por el contrario, lo que se ha hecho es iniciar una campaña contra los jueces que investigaban la corrupción del PSOE, acompañada por un intento de asaltar la justicia. O iniciar una campaña contra los medios y redes que informaban de la corrupción del entorno de Sánchez, acompañada de un intento legislativo de amordazar y perseguir a los medios independientes.

Todo lo que no favorece el relato que le interesa al gobierno, y el relato es una cosa diferente de la verdad, incluso opuesta a la verdad, es hodio y debe ser combatido y eliminado. El problema con el sanchismo no es sólo esta actitud sino su falta de escrúpulos para usar en favor de su relato todas las facultades legales del gobierno, incluso excediendo a veces las facultades legales del gobierno, o cambiando las leyes para ampliar las facultades legales del gobierno. Si llegados a cierto punto hiciera falta atribuirse un poder absoluto para poder imponer el relato del gobierno, no parece que el sanchismo tenga prejuicios morales ni frenos internos para impedirlo. Por eso Sánchez no puede ya concebir su vida fuera del gobierno, porque fuera del poder del gobierno no resultaría sostenible su relato. Por eso precisamente el sanchismo debe ser sustituido cuanto antes al frente del gobierno. Por eso también el sanchismo debe ser sustituido por algo mejor que el sanchismo, que devuelva a España a la senda de normalidad, estado de derecho y convivencia abandonada desde tiempos de Zapatero.

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