La izquierda y la defensa a la portuguesa

Mientras en Aragón la derecha sometía a la izquierda a una victoria aplastante, en la vecina Portugal ganaba las elecciones a la presidencia de la República un socialista. Que gane unas elecciones en Europa un socialista en estos momentos es algo verdaderamente extraordinario y por tanto noticia, pero no es menos cierto que las cosas extraordinarias demandan explicaciones extraordinarias.

Las elecciones presidenciales en Portugal llegan después de las elecciones al congreso de las que sale el primer ministro. Estas elecciones se celebraron el año pasado y en ellas se produjo una abrumadora victoria de la derecha. A lo que nos enfrentamos por tanto ahora es a unas elecciones a la presidencia de la República, que es un cargo más formal que ejecutivo, como en Alemania o Italia. Es decir, que gobiernan Meloni, Merz o el popular Montenegro en Portugal. Interesa tener esto en cuenta porque a partir de algunos titulares hoy podría deducirse que en Portugal arrasa la izquierda. Al contrario, en Portugal hay una mayoría de gobierno de la derecha. ¿Qué ha sucedido entonces en las elecciones presidenciales?

Como decíamos la presidencia de Portugal es una institución más formal y representativa que ejecutiva. El verdadero poder lo tiene el primer ministro del equivalente portugués al Partido Popular en España. Lo que sucede es que en Portugal se elige al presidente de la República por elección directa o segunda vuelta. En este caso, al no haber mayoría suficiente para una elección directa, en la segunda vuelta los dos candidatos han sido los representantes de los dos partidos más votados en la primera elección: el candidato socialista, Antonio José Seguro, y el candidato de Chega, André Ventura. Chega es el equivalante de VOX.

Esta disyuntiva entre un candidato socialista y un candidato de Chega es la que explica el resultado y también lo matiza. ¿Es un buen resultado para la izquierda aunque así lo presuman los medios en España? No para tanto. No sólo es que el presidente de la república no tiene el poder real y el parlamento es de derechas, sino que analizando el detalle el hecho es que Seguro consigue el 66% de los votos sólo gracias al apoyo de una parte de la derecha, ni de lejos sólo con el apoyo de la izquierda, y que Chega, el partido equivalente a VOX, alcanza en solitario el 33% de los votos, después de ser segunda fuerza el año pasado en las elecciones al parlamento, superando a los socialistas en número de diputados. ¿Es un mal resultado para la «extrema derecha» tener en solitario un 33% los votos? ¿Cuántos votos hubiera tenido el socialista Seguro sin el apoyo del PP portugués?

La parte oscura del resultado en Portugal es que los socialistas han conseguido hacer entrar a los populares dentro de la trampa del cordón sanitario a Chega. ¿Podría reproducirse algo por estilo en España? Es quizá la única esperanza que le queda a la izquierda. El cordón sanitario consiste en que por la izquierda todos los votos valen, pero por la derecha no. El cordón sanitario es la forma de la izquierda de restarle a la derecha un 20% o un 30% de los votos para que ya sólo pueda haber o gobiernos de izquierdas o gobiernos dependientes de la izquierda. Gracias al cordón sanitario el PP podría tener el 40% de los votos, VOX el 30%, el conjunto de la derecha el 70%, y así y todo la izquierda se aseguraría que el gobierno dependiera de ella y que no se pudiera hacer nada sin ella o en contra de ella. Con el cordón sanitario puede haber un cambio de nombres pero no un cambio de políticas. El cordón sanitario es la imposibilidad de la alternancia, una dictadura de izquierdas.

La extrema izquierda en España, como en Portugal, Francia o cualquier lugar, no llama extrema derecha o fascistas a partidos como VOX porque realmente VOX sea un partido extremista o fascista, sino porque construir un cordón sanitario a su alrededor es la única forma que tiene la izquierda de seguir gobernando, o que sólo haya gobiernos dependientes de ella, aunque pierda la mayoría. La cuestión es si la derecha es tan obtusa como para aceptar este escenario en que manda siempre la izquierda al margen del resultado y nunca se puede aplicar una política alternativa. Por supuesto la izquierda no admite en su lado del cordón límites para pactar con la extrema izquierda, el separatismo golpista o quien haga falta. Al menos la izquierda portuguesa ha tenido la clarividencia de poner como candidato a un socialista moderado para aplicar esta estrategia. En España en cambio el socialista moderado es ya un unicornio. El resultado sin embargo es el mismo, aunque con más disimulo. Conviene tenerlo en cuenta para estar vacunados.

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