Julio Iglesias, presunción de inocencia y campañas sanchistas

¿Por qué aparecen de repente unas denuncias por agresión sexual contra Julio Iglesias en medio de una catarata de denuncias de acoso sexual en el seno del PSOE? ¿Por qué las publica un panfleto como eldiario.es de Ignacio Escolar? ¿Por qué se hace cargo de ellas la Fiscalía de la Audiencia Nacional (¿de quién depende la Fiscalía?) aunque los hechos tuvieran lugar fuera de España? ¿Estamos ante una cortina de humo, ante el fracaso con la maniobra de Adolfo Suárez, para desviar la atención? ¿Por qué nos gusta hacer tanta pregunta en vez de obedecer y callar?

Partamos de la base de que sería absurdo poner la mano en el fuego por Julio Iglesias. No parece que Julio Iglesias sea un personaje de moralidad ejemplar. De lo que se trata sin embargo no es de defender a Julio Iglesias, sino de defender principios como el de la presunción de inocencia. No todo comportamiento no ejemplar, por otro lado, es delito, ¿con qué nos encontramos en el caso de Julio Iglesias?

Lo cierto es que el caso presentado por la izquierda como un gran escándalo se cae a pedazos con cada día que pasa. Los testimonios de mujeres presentados por la izquierda no eran los testimonios de las mujeres, sino dramatizaciones llevadas a cabo por actrices. La identidad de las denunciantes se ha ido revelando poco a poco y cada detalle conocido resultaba más ilustrativo que el anterior. Las denunciantes, meses o años después de sucedidas las presuntas agresiones sexuales y de haber concluido su relación laboral, seguían mandando mensajes de amor a Julio Iglesias, o le pedían más trabajo, o le decían que lo echaban de menos. Después se ha ido conociendo que las denunciantes tenían páginas de onlyfans o directamente se dedicaban a la prostitución.

Por supuesto una prostituta, si es el caso, puede ser violada, pero no si ha cobrado. Esto podría aplicarse a muchas otras mujeres que, sin ser prostitutas, llegan a un acuerdo económico con el acusado (normalmente famoso y millonario) de cesar en sus denuncias a cambio de dinero. Si el problema con un acto sexual es no haber cobrado la contrapartida económica correspondiente podría decirse que estamos ante un impago y no tanto ante una agresión sexual. Si se puede arreglar con dinero no es agresión. Si hay dinero de por medio también cabe sospechar el móvil de la acusación. Esto no es aplicable a Julio Iglesias sino a cualquier famoso con dinero en general. Lo cual no quiere decir que los famosos sean santos o que no puedan efectivamente cometer una agresión sexual. Volvemos a la base de que no se trata de defender a una persona concreta sino la presunción de inocencia como principio general.

Partiendo de todos los datos que se han ido conociendo de las denunciantes en cuestión de días, cabe preguntarse por otro lado el nivel de la investigación emprendida por el panfleto gubernamental del señor Escolar. ¿Estuvo investigando dos años, como dice, este caso y no encontró esos datos sobre las denunciantes que eran tan evidentes y han aparecido de inmediato tras publicarse la acusación? ¿Conocía los datos pero no le suscitaron dudas y no los consideró dignos de ser aportados a sus lectores para que conocieran todos los hechos al publicar la información?

Por supuesto el reportaje del medio de Escolar encontró inmediata complicidad en todos los medios del llamado equipo olímpico de opinión sincronizada del gobierno sanchista, encabezado por RTVE y conocido por la difusión de otros bulos como el del mando de la UCO que le quería poner a Pedro Sánchez una bomba lapa bajo el coche. El mismo equipo que, siguiendo el mensaje del PSOE, llamaba bulos y campaña fascista a todas las informaciones que se publicaban sobre Abalos o Cerdán. Esto dice también mucho del sanchismo y de los medios a su servicio. Estos medios son los mismos que se llenan la boca todo el día para hablar de bulos, de pseudomedios y de máquinas del fango. Estos medios sirven al mismo gobierno que por todos los medios intenta limitar la libertad de expresión, cancelar periodistas y limitar la influencia de las redes sociales frente al aparato mediático gubernamental.

Como conclusión de todo lo anterior podríamos decir que, como poco, las denuncias contra Julio Iglesias al menos suscitan dudas, que no se trata de defender la santidad de Julio Iglesias sino la presunción de inocencia, y que a este gobierno, que siempre juega sucio, no se le da mucho mejor impulsar campañas de prensa que vigilar el mantenimiento de las vías ferroviarias. Es cuestión de tiempo que se le acaben exigiendo responsabilidades por todo ello.

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