Estrategia: el no a la guerra de Sánchez y el no a VOX de Feijóo

Entre la avalancha de cosas que pasan todos los días, el viernes pasado tuvo lugar la segunda votación para el primer intento de investidura de la popular María Guardiola en Extremadura. La derecha obtuvo una mayoría abrumadora en las pasadas elecciones extremeñas, pero se necesita el acuerdo entre PP y VOX para hacer valer esa mayoría. Las relaciones entre Guardiola y VOX siempre han sido tirantes, pero ahora como veremos podemos estar ante un nuevo escenario. Ya puede no ser sólo Guardiola sino Génova el problema para encontrar una alternativa al sanchismo.

Feijóo siempre ha mostrado señales contradictorias respecto a qué socio de gobierno elegir llegado el momento. La guardia de corps del líder popular y sus simpatías siempre se han dirigido hacia las personas del perfil más izquierdo del Partido Popular: Gamarra, Moreno Bonilla, Pons. El propio Feijóo gobernó Galicia con la estrategia de estirar todo lo posible el partido a la izquierda, para abarcar el máximo espacio electoral y gobernar con mayoría absoluta. Esto mismo lo han intentado con mayor o menor fortuna todos los líderes del PP en los últimos tiempos. El problema es que esta estrategia de estirar la goma quebró en tiempos de Rajoy y se rompió la derecha de tanto intentar estirarla. El bloque se rompió por la derecha de tanto despreciarlo tantísimo tiempo. Irónicamente antes se había roto el PP por el centro con Ciudadanos, aunque más por culpa de la corrupción coyuntural que por una cuestión ideológica, de ahí que seguramente -contra las esperanzas del PP- sea más solida la persistencia de VOX que la de Ciudadanos. Sea como sea, Feijóo y muchos líderes y estrategas del PP siguen viviendo en un universo que ya no existe, en que el PP es el único partido con representación a la derecha del PSOE. Por consiguiente el PP ya no va a poder gobernar solo en un horizonte previsible y la cuestión es qué fórmula de gobierno prefiere: con VOX o con el PSOE. Como decidir es duro, Feijóo parece optar por el ni con VOX ni con el PSOE, o al menos con este PSOE. Aparece así un PSOE mítico de corte moderado con el que se puede pactar una política adecuadamente socialdemócrata, adecuadamente feminista, adecuadamente antifronteras, adecuadamente abortista y adecuadamente Agende 2030, que es seguramente lo que le gustaría a Feijóo.

¿Cómo ha pasado María Guardiola de ostentar la presidencia extremeña a fracasar en una segunda votación de investidura? En realidad, Guardiola convovó elecciones pensando que la mayoría absoluta era posible y tratando de evitar el pacto con VOX. Por eso los resultados del PP en Extremadura en realidad fueron un fracaso, como en Aragón. Obviamente Guardiola no puede decidir unilateralmente algo así sin el visto bueno de Génova. No sólo eso. Génova, o sea Feijóo y sus asesores, diseñaron una convocatoria de elecciones en cascada en todas las comunidades del PP para desgastar a Sánchez regalándole una derrota electoral autonómica cada pocos meses. Es efectivamente lo que hemos visto en Extremadura, en Aragón y en breve en Castilla y León. El problema es que los resultados efectivamente están significando un varapalo para la izquierda pero no una victoria para el PP, que se estanca o incluso empeora sus resultados mientras cada vez depende más de VOX, que es el partido de la derecha que crece. De este modo está triunfando con todas estas convocatorias electorales el desgaste contra Sánchez, pero está fracasando estrepitosamente el intento de conseguir un resultado que le permita al PP librarse de VOX.

La necesidad de pactar con VOX en todas y cada una de las comunidades en las que se están convocando elecciones obliga a retratarse a Feijóo, cosa que no le gusta nada al líder popular. En primer lugar porque Feijóo no parece un sujeto al que le guste demasiado decantarse y ser claro en sus planteamientos, seguramente porque no tenga muy claros sus planteamientos, en segundo lugar porque piensa que pactar con VOX activa la “alerta antifascista” que fue la carta que le funcionó a Sánchez en 2023. ¿En qué punto podemos encontrar ahora a Feijóo?

Lo que observamos en Extremadura es que el PP no quiere pactar con VOX, no quiere concesiones programáticas y no quiere ceder consejerías significativas al partido de Abascal. El PP pretende conseguir gratis el voto de VOX enfrentándole al siguiente dilema: o apoyas al PP gratis, o bloqueas el cambio y estás con Sánchez. Esta es la estrategia de las mentes pensantes de Génova y lo que repiten sin ocultarlo los tertulianos habitualmente afines al Partido Popular. Piensan que VOX no podrá resistir la presión de no apoyar al candidato que sea del PP, en las autonomías o en último término a Feijóo para la presidencia, aunque el PP no ceda ni negocie nada con VOX. Es por esto que Guardiola, siguiendo el dictado de Génova, después de un titubeo inicial ha apostado por bloquear la negociación con VOX. El discurso ahora de los líderes nacionales del PP es acusar a VOX de bloquear al cambio, de ser un voto inútil y de ser una herramienta del PSOE.

El problema de la estrategia del PP es que el electorado ve otra realidad. El argumento de que o apoyas al PP gratis, o bloqueas el cambio y estás con Sánchez, resulta perfectamente reversible. Es decir, lo mismo se puede decir de ti que prefieres bloquear el cambio y seguir con el PSOE que pactar con VOX. Por otro lado, para entregar el voto gratis al PP y que sólo se haga lo que haría o no haría el PP los votantes votarían al PP y no a VOX. La gente vota a VOX precisamente para que se hagan cosas que no se pueden esperar, a la vista de la experiencia, cuando gobierna solo el PP. Si VOX recibiera los votos de esa gente para después dárselos gratis al PP dejaría de tener sentido la razón de existir de VOX, sería su autodestrucción. Ningún partido político, por lo demás, le regala los votos a otro incluyendo al PSOE, que paga un altísimo precio por todos los apoyos de Sánchez. Es por tanto el PP el que debe explicar si prefiere que gobierne la izquierda o entrar en un ciclo electoral perpetuo en vez de llegar a un acuerdo con VOX. Por lo demás, el PP tiene un problema añadido para convertir un mensaje en hegemónico ya sea un mensaje contra VOX o cualquier mensaje. En primer lugar que la potencia mediática del PP en realidad es muy limitada, y en segundo lugar que estamos en la era de las redes sociales las cuales determinan mucho más la opinión que un par de periódicos u otro par de emisoras de radio. En las redes sociales el PP no tiene más peso que VOX igual que tampoco la izquierda tiene más peso que la derecha. No por los algoritmos ni los tecnoligarcas, sino porque las redes sociales, al no estar de momento bajo control gubernamental, reflejan la realidad social. Hablando de esa realidad social, al menos en la medida en que la puedan reflejar las elecciones autonómicas o las encuestas que no son del CIS, el problema al que se enfrenta Feijóo, o al que se enfrenta la izquierda con la alerta antifascista o el no a la guerra, es que de unos años a esta parte hay en España otra realidad social.

Hasta hace poco había en España una mayoría social izquierdista y triunfar electoralmente, para la izquierda, era conseguir o no conseguir movilizarla. Ahora en cambio hay una mayoría social de derechas que supera el 50% del voto en todas las encuestas y elecciones realizadas. La izquierda no ha perdido en Extremadura o Aragón porque la gente se haya abstenido significativamente, sino porque ha votado derecha. La realidad social ha cambiado. Por eso es dudoso que la izquierda pueda ganar aunque crispe y polarice o aunque aglutine el voto en torno a Sánchez y Rufián, o en torno a Sánchez y Spiderman. Hay ahora en España otra mayoría social. Puede que no lo entienda Sánchez, pero puede sobre todo que no lo entienda Feijóo. El resultado de todas las elecciones autonómicas, aparte de un intento de desgastar a Sánchez, es la respuesta del electorado a la petición del PP en cada autonomía de una mayoría para poder gobernar sin VOX. La respuesta abrumadora del electorado es que pacte con VOX o en cada autonomía habría votado al PP para que efectivamente gobernara sin VOX. Si el PP se niega a captar el mensaje más subirá VOX. El error final del PP sería entrar en la estrategia del cordón sanitario y pactar con el PSOE, con PNV y con Junts. ¿Qué es lo que ha pasado en toda Europa cuando los partidos populares han entrado en esa estrategia? En primer lugar que les han dado varias legislaturas de oxígeno a las políticas y partidos de izquierda, haciendo imposible un cambio real de políticas. En segundo lugar que, a causa de eso, los partidos a la derecha de los partidos populares europeos les han acabado dando el sorpasso.

En medio de esta tesitura no falta quien se pregunta si Sánchez no podría convocar elecciones ahora. La guerra en Irán acapara el foco informativo tapando los escándalos de Sánchez. Es la primera tregua informativa que Sánchez tiene en meses y si se acaba el conflicto con los ayatolás el foco informativo volverá del no a la guerra a los problemas nacionales y a la corrupción. Si la guerra de Irán se dilata demasiado, además, el gobierno puede tener que hacer frente a una crisis económica y llegar a las próximas elecciones en un momento de subidas de precios y recesión. Puede que Sánchez juegue la carta de unas elecciones ahora o no, pero que sus estrategas le han planteado esa posibilidad como hipótesis es seguro que sí. No quizá porque tenga asegurado un buen resultado, sino porque quizá no pueda tener esperanzas en otra coyuntura mejor. Por supuesto convocar elecciones ahora tiene sus riesgos, incluyendo que el conflicto acabe antes de las elecciones o la posibilidad de tener que salir de Moncloa ya.

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