La vida de los artistas de cine se encuentra llena de desvelos como, más allá de la propia creación, calcular los costes del rodaje, la acogida del público y la posible recaudación. Por el contrario, la vida de los activistas políticos de la izquierda dedicados al cine, no confundir con artistas, tiene otros desvelos muy diferentes, como cuidar no decir nada que pueda molestar al gobierno subvencionador. Todo el mundo sabía por tanto lo que se podía esperar un año más de la Gala de los Goya y lo que no. Ahora que ETA no mata les empiezan a preocupar los inocentes muertos a los activistas de la actuación. Ni una palabra sobre problemas como el empobrecimiento de la población, la escasez de vivienda, los okupas, la inseguridad o la corrupción. ¿El apagón? ¿Los muertos de Adamuz? ¿Ha pasado algo con las vías del AVE en Adamuz? Aquí hemos venido para aplaudir a Pedro Sánchez y hablar de Gaza y de Trump.
💶 El cine español recibe 250 millones anuales en ayudas, el triple de lo que recauda en taquilla
— ABC.es (@abc_es) February 27, 2026
✍️ Informa Susana Alcelay https://t.co/vMCyYszSmk
Hay que reconocer que la Gala funcionó bien a nivel de audiencia. La paradoja sin embargo se cuenta sola. Esta gente debería dedicarse a hacer galas en vez de películas. Suscita más interés su gala que sus películas y sería mucho menos desastroso para nuestros bolsillos. Por otro lado tampoco caigamos en la trampa de los digitales de progreso que forman parte del mismo aparato gubernamental que el mundo del cine subvencionado. Que 2,5 millones de españoles vieran la gala es un dato de audiencia positivo pero significa que hay 47 millones que no la vieron.

La mujer de Buenafuente aprovechó la gala para decir lo que le molesta que haya un rebrote del cristianismo, a ella lo que le gustan son por lo visto otro tipo de creencias religiosas como el socialismo. El problema del socialismo es que es una ideología a la que no se puede llegar ni por la fe ni por la razón. No se puede llegar por la fe porque es una ideología mundana, aunque sus seguidores se comporten como devotos, y no se puede llegar por la razón porque es una ideología fracasada en todos los lugares y en todos los tiempos en que se ha practicado. Por lo demás interesa señalar respecto a Buenafuente que vendió su participación en El Terrat a Mediapro, la cual fue comprada por un fondo chino, pero sigue trabajando para El Terrat y para el fondo chino que controla esta productora a través de Mediapró. A quien no puede decir que le preocupan Irán, Venezuela u otros aliados de China, ni que le gustan rivales de China como los EEUU, y por otro lado tampoco puede criticar al gobierno que le subvenciona, ni al separatismo que lo sostiene, le queda por criticar el cristianismo. Está bien retribuido y además es mucho más seguro que criticar por ejemplo al Islam.

Susan Sarandon decidió acaparar un protagonismo reseñable como artista invitada, deshaciéndose en alabanzas a Pedro Sánchez. ¿Cabe imaginar que los Goya invitaran a una vieja gloria de Hollywood, tampoco muy gloriosa, que pudiera mostrarse crítica con algún punto de los que sostiene la izquierda? Susan Sarandon, la admiradora de Chávez antes de Sánchez, se mostró muy solidaria con los presos de ETA y muy positivamente impresionada con que España sea un país en el que todo el mundo es ultraizquierdista. Como sólo conoció a gente del cine español la pobre se creyó que representan lo que piensa el pueblo español.
Para ti Hugo Chávez también estaba en el lado correcto de la historia, Susana. https://t.co/yrvAfPqNk1 pic.twitter.com/KCwJecpX0s
— August Landmesser (@canete707) February 27, 2026
La triste realidad es que, con el dinero que no les quita el gobierno para dárselo a los cineastas comprados, las películas que van a ver los españoles a los cines son las de Santiago Segura. Por eso odian a Santiago Segura: no porque sea facha, porque de hecho Segura también es progre, sino porque Segura va por libre. Desde luego la izquierda te puede odiar mucho por ser facha, pero aún más por ser libre y todavía un poco más por tener éxito y gozar del favor del público en vez del favor del gobierno.