¿Cómo definir al sanchismo con tres palabras?: corrupción, mentira y traición

A estas alturas es difícil definir el sanchismo con una sola palabra. Necesitamos por lo menos tres y entre las tres sería imposible escoger. Esas tres palabras serían corrupción, mentira y traición. Por lo que respecta a la mentira, en las últimas horas ha quedado totalmente al descubierto la impostura de Sánchez el cual lo sabía todo: que iba a producirse el asalto y que el asalto lo organizaba Marruecos. Por supuesto todo ello era evidente por sí mismo, no tenía otra lógica y además había vídeos circulando que lo mostraban de forma palpable, pero por si faltaba algo hoy ha quedado demostrado que el gobierno tenía también los correspondientes análisis oficiales de las fuerzas de seguridad del estado.

La mentira y la traición son por tanto incontestables. ¿Pero por qué miente y traiciona Sánchez para proteger a Marruecos? A lo mejor es por el otro elemento definidor del sanchismo, la corrupción. ¿Qué sabe de Sánchez Marruecos? ¿Qué pudo encontrar a través de Pegasus? ¿Hay otra explicación lógica para entender la sumisión de Sánchez ante Marruecos? No podemos eliminar del tridente ni la corrupción, ni la mentira ni la traición, porque todos los elementos se encuentran relacionados y los unos explican a los otros. Lo terrible es que en estas manos estamos y que esas manos acumulan más poder para hacer el mal que nunca antes otro gobierno que todavía se pudiera llamar democrático.

Por supuesto todo lo revelado, ahora que no se puede negar la relación entre Marruecos y el ataque, no cambia la indigna postura del PSOE respecto a por ejemplo las concentraciones de esta tarde en apoyo a Ceuta. ¿Es posible que tengamos un gobierno que cuando España es atacada no sólo no apoye sino que insulte a los españoles que se manifiestan en apoyo de nuestra ciudad atacada? Porque ya no cabe duda de que es un ataque de Marruecos, los propios papeles ocultados por el gobierno lo están confirmando, por si de todos modos quedaban dudas más allá de lo que podían ver los ojos de todo el mundo.

Si estamos ante un ataque organizado por Marruecos, no estamos ante una crisis humanitaria. Esto también era evidente desde el primer momento. Los asaltantes no huían de una crisis humanitaria sino que se lanzaban sobre Ceuta para provocarla. Y querían provocar la crisis para hacer imposible la vida normal en Ceuta. La maniobra de Marruecos es evidente. O Ceuta pasa a formar parte de Marruecos o convertimos Ceuta en una ciudad donde no se pueda vivir. En este sentido tenemos al PSOE negando la evidencia, acaso chantajeado por lo que sepa Marruecos, y a Podemos enredado en su propia contradicción.

Hasta Ione Belarra entiende que lo sucedido en Ceuta es un acto de agresión de Marruecos, aunque después no sea coherente con su propio diagnóstico: “Marruecos puede hacer esto, lo que ha pasado en Ceuta, porque le hemos dado la capacidad de hacerlo. Le hemos entregado la gestión de nuestras fronteras, le hemos dado ese poder cuando es una dictadura sanguinaria que usa a su gente como arma arrojadiza”. El problema es que a Ione Belarra la podemos encontrar lo mismo diciendo la verdad, que el asalto de Ceuta es una maniobra criminal del gobierno de Marruecos usando como “arma” a su población, que reduciendo el hecho a una crisis humanitaria y llamando racistas a los españoles que se manifiestan contra ella. ¿Cómo es eso posible? O es una acción de guerra híbrida o es una crisis humanitaria, o la masa de gente lanzada contra Ceuta es un arma o estamos ante una incidencia normal con la inmigración.

Si es un ataque, como reconoce hasta Podemos, no es una crisis humanitaria

Si como afirma la propia Belarra la masa de gente usada por Marruecos para atacarnos es un arma no podemos tratarla como si no lo fuera e ignorar su naturaleza de arma. Por supuesto en todos los actos de guerra hay sufrimiento y víctimas, pero eso no desvirtúa su naturaleza de actos de guerra. Todo lo contrario, la confirma: los actos de guerra son actos cruentos. La crisis humanitaria sería en todo caso una consecuencia del ataque e incomprensible sin el ataque y sin su naturaleza de ataque, porque el fin esencial del ataque era precisamente provocar esa crisis. ¿Y cómo hace uno entonces, según Ione Belarra, para manifestarse contra la agresión de Marruecos (que ella misma reconoce), o para frenar el arma utilizada (como ella misma la califica), sin ser un racista? Al parecer, según Podemos no es posible oponerse a la agresión sin ser un racista y dejar a Ceuta vendida, un argumento que firmaría encantado el agresor, el rey de Marruecos. Lo que pasa es que el agresor no es tonto. Diciendo todo el día que los inmigrantes son una bendición que hay que acoger masiva y descontroladamente con los brazos abiertos, y que el que diga lo contrario es Hitler, Marruecos ha visto que eso es un punto débil de este gobierno y ha lanzado 100.000 contra una de las dos ciudades españolas que quiere invadir, sabiendo que el discurso sanchista (más todo lo que pueda saber Marruecos) paraliza cualquier posible reacción.

En toda esta crisis no puede ignorarse por tanto la debilidad de Sánchez como detonante del ataque. Todos los enemigos de España, desde Otegui hasta Puigdemont, pasando por Mohamed VI, saben que el momento es ahora o nunca. El momento de excarcelar a todos los etarras o de conseguir todo aquello que se pueda sacar del estado a un presidente sin principios es mientras Sánchez siga en Moncloa. Esto se puede acabar en unos meses y los enemigos de España tienen que dar los golpes de audacia ahora o acaso no poder darlos nunca.

Tenemos por otro lado la anormalidad de que la gente de toda España tenga que manifestarse para pedir una reacción del gobierno frente al ataque marroquí contra Ceuta. ¿Qué clase de gobierno de un país no reacciona cuando es atacado el país y es el pueblo el que se tiene que movilizar para defenderlo mientras el gobierno lo insulta? Volviendo al principio, la respuesta sólo puede ser un gobierno conjuntamente mentiroso, traidor y corrupto.

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