Lo de Bernedo era tan malo como parecía o más

La unidad de Investigación Criminal de la Ertzaintza entregó a la Justicia a comienzos de verano, según acaba de publicarse, un informe resumiendo todas las denuncias de presuntos casos de violencia sexual sobre el campamento de Euskal Udalekuak en Bernedo. La Policía estima que se produjo una “elevada sexualización” en la “práctica totalidad” de las actividades de esa colonia y que resultaron “del todo inapropiadas para la corta edad” de los asistentes, en algunos casos niños de nueve o diez años. Se atribuyen delitos como “exhibicionismo”, “coacciones” o “provocación sexual” a catorce monitores o personas relacionadas con Euskal Udalekuak, pero también están bajo investigación hechos tipificados directamente como “agresión sexual”.

La Ertzaintza empezó a investigar unas primeras quejas sobre los campamentos de Euskal Udalekuak ya como tarde en enero de 2025. En aquel momento fue una trabajadora social de Gipúzcoa la que alertó de que menores referían episodios preocupantes en las colonias de verano a las que habían sido enviados. La Ertzaintza entregó al Tribunal de Instancia de Vitoria un primer atestado en abril de 2025, donde al parecer durmió el sueño de los justos, a consecuencia de lo cual y pese a las denuncias ese verano también se repitieron los campamentos. Como consecuencia de este nuevo verano de campamentos, las denuncias se multiplicaron, más de una veintena en la propia Ertzaintza, pero también ante Emakunde o en Kontsumobide. Fue no obstante cuando el asunto saltó a la opinión pública, y parece que sólo cuando saltó a la opinión pública, que las instituciones empezaron a reaccionar en serio, o a hacer al menos que reaccionaban un poco. Gracias a la actuación de la Diputación de Alava este verano de 2026 no ha habido campamento en Bernedo, pero sí una siniestra fiesta multitudinaria de apoyo a Euskal Udalekuak, y sí se han celebrado los campamentos organizados por esta misma red en Goñi y Abaigar, en Navarra y con la pasividad absoluta del gobierno socialista de Chivite dependiente de Bildu, pese a ser ya bien conocido todo el escándalo.

Eldiario.es refleja lo contenido en el informe de 32 páginas elaborado por la Ertzaintza, en el que se señala que “la conducta ilícita no se limitó a un acto único, instantáneo o que pudiera ser valorado de forma individual”, sino que “Nos encontramos ante una pluralidad de actividades y acciones (físicas, psicológicas, omisivas o comisivas) que tuvieron lugar de manera continua durante los días de celebración de los udalekus”. Se considera que las actividades denunciadas por los menores habrían sido aceptadas y llevadas a la práctica por la totalidad de los monitores y monitoras, destacando “la elevada sexualización de la práctica totalidad de las diversas dinámicas y actividades impuestas que se llevaban en las instalaciones del campamento”.

En el informe se alude a que hubo en el campamento constantes prácticas de “exhibicionismo” y “provocación sexual”, como que hubiera personal del campamento “prácticamente todo el día en topless”, o que “realizó prácticas de índole sexual” delante de menores.

Sobre la agresión sexual, se refiere que una de las imputadas solicitaba masajes en su espalda desnuda a cambio de comida. También hay una acusación de “coacciones” porque se obligaba a los menores “a ducharse desnudos a pesar de su oposición” en unas instalaciones mixtas y también con adultos. “Incluso se obligaba a los menores a desplazarse desde las habitaciones a la zona de duchas totalmente desprovistos de ropa, prohibiéndoles cubrirse con toallas, a pesar de las reiteradas muestras de incomodidad de éstos”, añade el informe. “Esta absoluta falta de intimidad y la eliminación de barreras físicas y de protección facilitó que, durante los quince días que duraban los ‘udalekus’, se produjeran situaciones de verdadera angustia, vergüenza y desasosiego entre los menores, llegándose a producir incluso una situación grave en la que uno de los menores asistentes iniciara y mantuviera una situación de acoso sexual continuado sobre otra de las menores asistentes”. Este suceso provocó que varios de los menores comunicaran la situación a los monitores, los cuales lejos de activar los protocolos de protección de menores mantuvieron una actitud pasiva y restaron importancia al relato. Esta inacción, consintió y permitió que la situación de acoso sobre la menor se prolongara en el tiempo.

El informe apunta también, para rematar el pastel, que en el campamento hubo “adoctrinamiento contra España” porque “se procedió a la quema de una bandera” en un juego y también adoctrinamiento contra la policía. Por si fuera poco se han identificado problemas con la alimentación, la limpieza, y los materiales: “No había platos ni vasos, ni cucharillas ni servilletas para todos los niños, tenían que compartir los vasos y al acabar de comer les decían que chupasen el plato para usarlo la próxima vez. Al desayunar bebían leche y al darles la leche muy caliente salía nata; al día siguiente, cuando volvían a desayunar leche en el vaso había restos de nata, los vasos estaban sucios”, indicó una denunciante.

Los monitores ignoraron además los ruegos repetidos de algunos de los menores para abandonar el ‘udaleku’ y regresar a sus casas. Fue “impuesta” una prohibición de comunicaciones telefónicas salvo para casos de “gravedad”, siendo los trabajadores los que la determinaban. Sí pudieron escribir cartas y algunas de ellas sirven ahora como elemento probatorio. Correos entregó muchas de estas misivas una vez finalizada la actividad y quizá pensando en que no llegarían a destino hasta finalizado el campamento fue que se permitió a los menores su envío.

En 2024, según lo publicado, una niña sí consiguió telefonear a sus padres. “A raíz de la llamada, sus padres fueron a recogerla y abandonó el campamento días antes de su finalización”. Cuando la menor fue a por su maleta, varias monitoras le recriminaron el haber pedido irse. La madre pidió a la Ertzaintza que quedara constancia de que Euskal Udalekuak le “insistió reiteradamente” en que les contara la forma en que había conseguido hacer la llamada.

Como cualquier historia acontecida en el entorno de la izquierda abertzale, todo es susceptible de empeorar más aún: la Ertzaintza encontró en el registro del campamento de Bernedo propaganda de Jarki, uno de los brazos junto con Aske del grupo aberzale radical y violento Jardun. Al registrar las instalaciones del campamento en Bernedo, la Ertzaintza encontró una estancia dedicada a almacenar «material audiovisual» que incluía propaganda de Jarki. Recientemente, Aske se manifestaba en Bilbao en apoyo de Aratz Bilbao y Malen Grünig, detenidos el 17 de octubre en Irún, acusados de terrorismo y a los que se encontraron en un control planos de “zulos” de ETA, planes para “actos violentos”, “listados” de agentes y de matrículas y hasta el contenido “íntegro” del móvil de un policía. ¿Dónde empieza el recorrido de una persona que acaba quemando contenedores, boicoteando actos públicos o apalizando simpatizantes de la Selección Española? ¿Cómo se llega a ese punto? ¿Se puede producir una cantidad suficiente de violentos para controlar las calles sin haber generado antes una secta con tentáculos en la cultura, el deporte, la educación o los campamentos? ¿Cuántas monstruosidades conviven en el horror de Bernedo y son unidades divisibles o forman parte de un mismo pack ideológico?

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